“Hay
un urbanismo de izquierdas y otro de derechas?” me preguntó
un periodista. Respuesta: el urbanismo es de izquierdas,
la especulación es de derechas. Si queremos que se nos
entienda y se trata de cuestiones importantes las respuestas
deben ser contundentes, simplificadoras, provocadoras.
Es decir lo contrario del lenguaje académico, erudito,
propio del argot profesional o de la retórica de los
políticos. El urbanismo nació y se desarrolló como disciplina
práctica, de intervención sobre el territorio, para
“ordenarlo” con el fin de organizar el funcionamiento
de la ciudad y el acceso a los bienes y servicios colectivos
de sus habitantes y usuarios. Pero también expresó desde
sus inicios una vocación de transformación social, de
mejorar la calidad de vida de las poblaciones más necesitadas,
de reducir las desigualdades.
Esta
vocación política ha ido desapareciendo de gran parte
del urbanismo actual. Y además el pensamiento, por decir
algo, de este urbanismo ha “naturalizado” como evidencias
objetivas o mecanismos intocables los efectos perversos
del capitalismo especulativo dominante. Hay que combatir
las palabras, los pseudoconceptos que obscurecen la
realidad y justifican los desmanes urbanísticos. ¿Tiene
sentido hablar de ciudades “competitivas” cuando gran
parte de la producción de bienes y servicios se destinan
al mercado local y solo algunas actividades deben serlo?
¿O exaltar la “participación” cuando en la mayoría de
los casos se utiliza por parte de los poderes públicos
para generar consenso pasivo y para deslegitimar al
conflicto social? ¿No es confusionario proponer la sostenibilidad
sin denunciar los efectos insostenibles de muchas obras
públicas, del desarrollo periférico extensivo, de la
economía y cultura del auto privado, de las legislaciones
urbanísticas y financieras permisivas, etc? ¿Son creibles
los programas políticos que propugnan el derecho a la
vivienda, a la movilidad o al acceso a las centralidades,
y sin embargo no proponen medidas para atajar la especulación
del suelo y la exclusión de los sectores populares de
las áreas centrales renovadas y la regulación del transporte
público para que sea accesible, por la extensión de
la red y por el precio de la tarifa, a toda la población?
¿Los discursos abstrusos sobre “gobernabilidad o gobernanza”
tienen alguna utilidad que no sea contribuir a desrresponsabilzar
los gobiernos y a legitimar la inflación institucional?
Hoy
el mundo desarrollado europeo y norteamericano vive
una crisis económica resultante de la alianza impía
entre el capitalismo financiero y los gobiernos cómplices
por una parte y los “bloques cementeros” y gobiernos
locales colaboracionistas por otra parte. Es curioso
que en los foros políticos y académicos que debaten
las problemáticas urbanas casi no se citen de forma
concreta y denunciadora la relación entre la crisis
económica, el endeudamiento público y privado, el protagonismo
del capital especulativo en las pautas de urbanización
y el boom inmobiliario. Por ejemplo en el Foro Urbano
Mundial (Río, marzo 2010) y o en la Cumbre Mundial de
Líderes Locales y Regionales (Ciudad de México, noviembre
2010). ¿Una omisión culpable de los actores políticos?
En parte sí, obvio. Pero también una incapacidad o cobardía
de los medios académicos, intelectuales y profesionales,
que han continuado en su mayoría o bien haciendo estudios
“no comprometidos” o bien colaborando activamente en
los procesos perversos que nos han llevada hasta aquí.
Hay
que saludar sin embargo que se ha producido, en especial
en América latina una reacción intelectual, social y
política ante la “traición
de la intelectualidad urbana”, o gran parte de
ella. Los precedentes fueron los movimientos populares
urbanos de las últimas décadas , el movimiento de reforma
urbano iniciado en Brasil, los centros de estudios (académicos
o independientes) que han desarrollado un pensamiento
crítico vinculado a las movilizaciones sociales y políticas,
publicaciones como el Café de las Ciudades de Buenos
Aires que se ha convertido en una referencia internacional.
Y más recientemente la emergencia del “derecho a la
ciudad” como concepto integrador de un proyecto democrático
de ciudad promovido por Habitat International Coalition
que ha
producido ya interesantes documentos resultantes del
trabajo de numerosos colectivos como la “Carta de la
Ciudad de Mexico por el derecho a la ciudad” y la obra
“Ciudades para todos”
En
España lo que no han hecho los profesionales y académicos
(o solamente algunos) que hubieran debido denunciar
con sus medios intelectuales y mediáticos la deriva
del urbanismo lo han hecho los jóvenes acampados que
han puesto en un primer plano la denuncia de las políticas
de suelo y vivienda, el rol especulativo y usurero de
los bancos y la marginación impuesta por las pautas
urbanizadores dominantes.
JB