conocimiento, reflexiones y miradas sobre la ciudad
revista digital - aparece el primer lunes de cada mes

año 2- número 6 - abril de 2003


En la presentación de este café, y para olvidar por un momento las desventuras contemporáneas, un relato de siglos lejanos, en una ciudad de fábula:
En aquellos tiempos, el rey de Babilonia dominaba todo el mundo conocido. Reyes y príncipes de otras tierras le temían y lo envidiaban. Sus naves comerciaban en todos los puertos, sus ejércitos acampaban en mil territorios. Pero un siniestro produjo la ira del monarca, angustió a su pueblo y provocó los conciliábulos de sus sacerdotes, magos y consejeros: la majestuosa Torre (de la que se dijo que pretendía llegar al mismo cielo), la que debía asomar por sobre los ziguraths de la ciudad y celebrar la gloria del monarca, había caído fulminada por un rayo, según la primera versión, aunque en los corrillos de palacio se hablaba de una oscura conspiración. En el más alto y resguardado de sus jardines colgantes (el pentahazi, palabra que el correr de los siglos derivaría en pent-house), Nabush II de Babilonia discute con la corte los pasos a seguir para restablecer su aura omnipotente:
- Preciso es operar rápidamente, antes que la noticia llegue a los viles oídos del Faraón, que se atreve a discutirnos el dominio de las costas africanas (dijo Condonisa, la fiel sacerdotisa nubia, o afro-mesopotámica, como Nabush prefería decirle por corrección política). Nada mejor que una buena guerra contra un enemigo enclenque y vulnerable, que restablezca prontamente la confianza del pueblo y el temor de nuestros enemigos, pero ¿contra quien pelear en esas condiciones?
Nabush permaneció en silencio, masticando su odio, esperando que alguno de los consejeros le aportara la solución requerida. Todos callaron, menos Rumsifel el guerrero, que así habló:
- Hay en los confines del mundo unas tribus rústicas e ignorantes, que con seguridad podremos utilizar para nuestras intrigas. Desconocen la escritura jeroglífica, les