> Año 9   /   Número 95   /   Septiembre 2010     

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Economía y Arquitectura de las ciudades

¿“Existenzminimum”?

Una perspectiva desde la experiencia catalana I Por Adrián Mallol i Moretti

 

N. de la R.: El texto de esta nota fue escrito originalmente para su inclusión en el libro “Le frontiere infra-architettoniche: Barcellona·L'Avana·Hong Kong”, Ed. No Mad - Yuzu Lab, compilación de artículos de diversos autores, curada por Anna Nufrio, del Politécnico de Milán.



En abril del 2005 estalló en España con toda virulencia la polémica de los llamados “minipisos”, a partir del apoyo del Ministerio de Vivienda de España a una serie de propuestas de investigación de apartamentos de 30 m2 para colectivos específicos, presentadas en Barcelona en el marco del Salón de la ConstrucciónConstrumat”. En dicho Salón se presentó el proyecto APTM (acrónimo de “apartamento”), con el objetivo de investigar y reflexionar sobre el proyecto de viviendas asequibles y adaptables a nuevas necesidades sociales, así como sobre el espacio mínimo habitable de la vivienda social. En dicho evento, seis equipos de arquitectos presentaban sus investigaciones en forma de prototipos, con una superficie media que no superaba los 30 m2. El proyecto APTM contaba con la colaboración del Ministerio de Vivienda, el Departament d'Habitatge i Medi Ambient de la Generalitat de Catalunya y el Ayuntamiento de Barcelona. Tras su visita al Salón, la entonces Ministra de Vivienda sugirió que se podía tener en cuenta la idea de una vivienda mínima de 30 m2 para el nuevo Plan Nacional que se estaba delineando, lo cual levantó una agria polémica en la sociedad y los medios de comunicación.

Sin entrar en dicha polémica –que no es objeto de este trabajo–, desde este artículo queremos remarcar que ello no era un tema nuevo en Cataluña, donde desde años antes se venía apostando por apartamentos de reducidas dimensiones para determinados colectivos, con resultados satisfactorios para la Administración promotora y los usuarios finales. En el presente artículo se analizará en concreto la política de vivienda protegida para jóvenes y adultos mayores impulsada desde los distintos niveles del gobierno catalán a partir del año 2003, con especial énfasis en el análisis tipológico de las soluciones ensayadas hasta el momento. Previamente se explica de forma breve el marco de actuación gubernamental, y se analiza con datos estadísticos la situación social que ha dado lugar a la búsqueda de estas soluciones.

 

Políticas de construcción de vivienda asequible

Desde el inicio de la burbuja inmobiliaria en el año 2000, y como consecuencia del continuado incremento de precios de la vivienda, nuevos grupos sociales se fueron viendo excluidos del acceso a la vivienda en propiedad, conjuntamente con unos alquileres cada vez más caros en función de la variación al alza del precio del suelo y la vivienda nueva. Ante este panorama, el Estado, que se había desentendido del problema de la vivienda de protección pública durante los años de bonanza económica, se vio en la necesidad de volver a actuar para dar respuesta a estos colectivos desplazados. En el caso que nos ocupa -Barcelona y Cataluña-, las políticas de vivienda pública se despliegan desde tres organismos diferenciados, correspondientes a los distintos niveles de la Administración:

1. El INCASOL (Institut Català del Sòl), principal organismo de desarrollo de la política pública de suelo, dependiente de la Generalitat de Cataluña, a nivel de gobierno de la Comunidad autónoma;

2. El IMPSOL (Institut Metropolità de Promoció del Sòl), órgano de gestión de la Mancomunidad de Municipios del Área Metropolitana, a nivel supramunicipal de la conurbación de Barcelona;

3. El PMH (Patronat Municipal de l’Habitatge), a nivel municipal.

A partir del año 2003, desde estos diversos organismos y tras detectar determinados parámetros de necesidad en los colectivos demandantes de vivienda, se plantea incluir en los distintos planes oficiales nuevas tipologías de vivienda, flexibilizando para ello las estrictas normativas en cuanto a densidad, dimensiones mínimas, etc., creando nuevas claves urbanísticas específicas de aplicación en la ciudad. Estas nuevas tipologías irían dirigidas a dos colectivos concretos, ambos con problemas de acceso a la vivienda tradicional por sus bajos niveles de ingresos: los jóvenes de 18 a 35 años, y los adultos mayores de más de 65 años. Para estos últimos, en general, se promoverían conjuntos de vivienda asociados a servicios sociales específicos, como Centros de día o viviendas tuteladas, dependientes de otros organismos de la Administración, como la Conselleria de Benestar Social.

El impulso normativo que propicia cambios tipológicos va acompañado también de cambios en la gestión, abriendo el abanico de la oferta oficial de Vivienda Protegida –habitualmente de venta, o de alquiler con opción a compra– a diversos tipos de alquiler con precios por debajo de los precios de mercado: el “alquiler protegido” (con precios máximos en función del nivel de renta familiar), el “alquiler asequible” (dirigido a jóvenes hasta 35 años, a adultos mayores de 65 años, y a colectivos con problemas de inclusión social, como las mujeres maltratadas o las familias monoparentales), y el “alquiler social” (para colectivos de más bajos ingresos, que no les permite acceder al denominado “alquiler protegido”). Se intenta así cambiar el perfil habitual de la política de vivienda protegida en España, en un intento por potenciar el alquiler y la sustitución de vivienda cada cierto tiempo en función de la situación vital de cada usuario, en concordancia con otros modelos centroeuropeos y nórdicos.

 

Diagnóstico de la situación social

Lo que ya se intuía como nuevas necesidades de la sociedad a partir del año 2003, toma forma con datos y estadísticas concretas volcados en diversos estudios, como “El problema de l’habitatge en la vellesa a Catalunya” (Tesis doctoral de Jordi Bosch Meda, publicada por la Fundación Jaume Bofill en el 2007, realizada a partir de los datos aportados por el Censo de Población y Vivienda de 2001) y el “Llibre Blanc de l’habitatge a Barcelona” (Antón Costas; Ajuntament de Barcelona, Insitut Municipal d’Urbanisme, 2007; datos estadísticos reelaborados a partir de una muestra del Departamento de Estudios Fiscales del Ayuntamiento de Barcelona entre los años 2001 a 2004; y datos de la Agencia Tributaria volcados en el estudio “Mercado del trabajo y pensiones en las fuentes tributarias”. 2004.). Este último fue un encargo específico del Ayuntamiento de Barcelona con el objetivo de analizar los problemas de accesibilidad a la vivienda producto del fuerte incremento de precios, e identificar los colectivos con mayores dificultades en este sentido, orientado a la elaboración de recomendaciones que ayudaran a diseñar la política de vivienda de años futuros.

De estos estudios e informes destacamos algunos de los datos obtenidos por los autores citados para el caso concreto de la ciudad de Barcelona:

• Entre los años 2001 y 2004 han subido más intensamente los precios y alquileres de las viviendas más económicas, con lo que los colectivos más perjudicados son precisamente los de rentas más bajas; los que vivían hasta entonces en las zonas de la ciudad con precios inferiores, los que buscan un nuevo alquiler, o los jóvenes.

El aumento del esfuerzo económico por acceder a la vivienda ha sido mayor para los hogares con menos ingresos, que han visto aumentar dicho esfuerzo a un ritmo del 13% anual, con una media de 21,2 años de ingresos para pagarse una vivienda de segunda mano en el año frente a los 5,5 años que necesitaban los hogares con mayores ingresos. Pero curiosamente dicho esfuerzo, medido en “esfuerzo financiero” (porcentaje anual de los ingresos destinado al pago de la hipoteca) fue disminuyendo, a raíz de la disminución del interés de la financiación hipotecaria, factor que explica la fuerte demanda inmobiliaria de estos años.

• Así y todo, dicho esfuerzo financiero representaba en el año 2004 para el 25% de hogares con menores ingresos un 98.4% de su renta anual para poder pagar una hipoteca, lo que demuestra claramente la imposibilidad de su acceso al mercado de vivienda. Y para el tramo de rentas medias-bajas, dicho esfuerzo se situaba en el 52%. Cabe destacar aquí que para las instituciones financieras el nivel de endeudamiento máximo para otorgar un crédito hipotecario ronda el 35% de la renta anual del solicitante, con lo cual queda claro que prácticamente la totalidad de hogares de rentas bajas y medias-bajas ven imposibilitado el acceso a la vivienda de propiedad en el mercado.

• En términos de alquiler, se detecta que mientras la media de esfuerzo financiero en régimen de alquiler rondaba el 25%, los colectivos con rentas bajas dedicaban un 77.5% de su renta al pago del mismo, y las rentas medias-bajas un 40%, ambos colectivos con niveles de esfuerzo superiores a los mencionados anteriormente del 35%, y que habitualmente se considera que determina el límite máximo de solvencia.

• En el análisis por franjas de edad, se observa un esfuerzo más intenso en los dos extremos del ciclo vital, jóvenes y adultos mayores, que se corresponde con la distribución de renta a lo largo del ciclo de vida de las personas. Se detecta que los menores de 25 años deberían dedicar la práctica totalidad de sus ingresos al pago de una hipoteca, y que para los jóvenes entre 26 y 35 años dicho esfuerzo llegaría al 40%, siempre por debajo del límite de solvencia. Esto mismo sucede con los mayores de 65 años.


1. Diagrama del esfuerzo financiero de compra por edades, representado como % entre la cuota hipotecaria sobre la renta disponible. En naranja, según datos del 2000; en negro, según datos del 2004. Fuente: “Llibre Blanc de l’Habitatge a Barcelona”.

2. Diagrama del esfuerzo financiero de alquiler por edades, representado como % entre el valor del alquiler sobre la renta disponible. En naranja, según datos del 2000; en negro, según datos del 2004. Fuente: “Llibre Blanc de l’Habitatge a Barcelona”.


• En el análisis del caso concreto de los jóvenes, se detecta un retardo en la edad de emancipación. Asimismo, el motivo principal de emancipación deja de ser la formación de pareja, para ser simplemente el independizarse, constituyendo hogares unipersonales o compartidos sin parentesco entre los miembros, lo cual determina la necesidad de nuevas tipologías, disminuyendo claramente el peso de las tipologías tradicionales para la pareja con hijos. Se demuestra la necesidad de un mayor parque de viviendas pero de dimensiones más reducidas para este colectivo.


Fuente: “Llibre Blanc de l’Habitatge a Barcelona”

 
Fuente: “Llibre Blanc de l’Habitatge a Barcelona”


• En el análisis del colectivo de adultos mayores se vislumbra rápidamente como la pirámide poblacional y la mayor esperanza de vida determinarán en un futuro no muy lejano una fuerte presión sobre las políticas oficiales. En este colectivo, la gran mayoría vive de forma independiente, sustentándose en su jubilación, pensión, o ayudas sociales, aunque en el año 2000 más del 73% tenía unos ingresos inferiores a 360 €/mes. Esta situación de bajos ingresos que impiden hacer frente a un adecuado mantenimiento de la vivienda propia, sumada a una antigüedad media de sus viviendas de 58,4 años, lleva a que una gran parte de ellas estén en condiciones de habitabilidad insalubres o directamente de infravivienda. Se demuestra necesaria una política de sustitución y/o rehabilitación de este parque habitacional específico, en condiciones económicas abordables para este colectivo.

Pirámide de población de Cataluña en el 2005. En la zona central, más claro, se grafíca la población que vive en edificios con problemas de conservación. Fuente: “El problema de l’habitatge en la vellesa a Catalunya”.


• A la problemática de estos colectivos determinados se suma el fuerte impacto producido por los movimientos poblacionales, tanto internos como externos, que aumentan la presión sobre el mercado y las propias políticas oficiales de vivienda, con diversos modelos de asentamiento, tanto de concentración/segregación del tejido existente, como de dispersión, dependiendo en general de las diferencias culturales de cada colectivo. En el estudio se detecta que una vez pasado el período de asentamiento, los requerimientos residenciales de estos colectivos no difieren mayormente del resto de colectivos autóctonos con similares niveles de renta, pero con una estructura de edades diferente –más jóvenes- que aportan un alto potencial de creación de nuevos hogares, presionando sobre el mercado con una fuerte demanda de nuevas viviendas.

 

Haciendo ciudad…

Las políticas oficiales comienzan a detectar estos cambios en el paradigma de Vivienda de Protección Oficial (VPO) a partir del año 2003, decidiendo realizar algunos emprendimientos piloto en los cuales probar la introducción de cambios normativos que permitan nuevas tipologías de hasta 40 m2 de superficie útil, para lo cual se convocan diversos concursos públicos bajo la órbita del INCASÒL para la promoción de vivienda para jóvenes (Concurs per a joves arquitectes; Generalitat de Catalunya, Direcció General d’Arquitectura i Habitatge; Institut Català del Sòl; 2003), bajo la nueva clave urbanística “hj” (“habitatge jove”, vivienda joven). A partir de estas primeras experiencias, desde el año 2004 se da un fuerte impulso a la nueva política de vivienda impulsada por la Generalitat, con la convocatoria de numerosos Concursos de Asistencia Técnica, para asignar a las mejores propuestas arquitectónicas los nuevos proyectos. Estos emprendimientos han representado hasta la fecha un total de 175 actuaciones para la construcción de 7.610 viviendas (CAT:Concurs d’Assitència Tècnica: concurs d’Arquitectura per habitatge protegit a Catalunya”, volumenes 0 a 9; Generalitat de Catalunya, Departament de Medi Ambient i Habitatge, Direcció d’Habitatge; Institut Català del Sòl; 2006, 2007, 2009; “CIT: Concurs d’Innovació Tècnica: concurs per a la redacció de projectes i la construcció d’edificis d’habitatge protegit amb incorporació de nous sistemes i tecnologies innovadores”; Generalitat de Catalunya, Departament de Medi Ambient i Habitatge, Secretaria d’Habitatge; Institut Català del Sòl; 2008).

4. Plantas en negativo de las distintas propuestas ganadoras de los concursos de vivienda del Incasòl, colocadas todas a la misma escala, agrupadas por tipologías de implantación: se pueden detectar propuestas irregulares, en esquina, entre medianeras, en torre, en tiras, en manzana cerrada, etc. Fuente: reelaboración propia a partir de un dibujo original de X. Monteys, Eduard Callís i Anna Puigjaner.
 

En estas actuaciones, convocadas por el sistema de concursos para garantizar la libre concurrencia y transparencia del proceso licitatorio, se apuesta por el “hacer ciudad” desde la esfera pública, centrando las actuaciones en parcelas de fuerte presencia urbana en la mayoría de los casos, e interviniendo en diferentes escalas y metodologías. Así encontramos desde propuestas de vivienda de compra-venta protegida tradicional, a remodelaciones de barrios históricos o antiguas colonias, pasando por la vivienda dotacional para jóvenes y adultos mayores -en la cual nos centraremos-; con parcelas irregulares en cascos antiguos, entre medianeras, en esquina, a cuatro vientos en nuevos ensanches de extensión urbana; con tipologías irregulares de micro completamiento urbano, en torre, en bloques lineales, etc. Toda esta variedad tipológica, parcelaria, urbana, y de autoría de los proyectos, permite que la política de vivienda oficial, si bien más laboriosa, no produzca bloques indefinidos repetidos hasta la saciedad, sino conjuntos urbanos adaptados a su entorno, de adecuada escala, y que se permiten pasar desapercibidos al contextualizarse, quizá una de las mayores virtudes que podría (y tal vez debería) tener una intervención gubernamental.

5. Una de las primeras experiencias, convocada en forma de concurso para arquitectos menores de 40 años, para reflexionar acerca de la vivienda asequible para jóvenes, bajo la nueva clave urbanística “hj”. En este ejemplo, en un solar de 318 m2 en el Poblenou de Barcelona, donde con la normativa habitual se hubieran podido proyectar un máximo de 19 viviendas, se plantea la construcción de 30 viviendas de hasta 40 m2 de superficie útil, para 1 o 2 personas. Esta es la planta tipo del proyecto ganador, de los arqs. José María de Miguel, Jonathan Tugores, y Sergi Serrat.

 

… a partir de 40 m2

De este amplio conjunto de propuestas queremos centrar la atención en esas nuevas tipologías de un solo dormitorio, para jóvenes y adultos mayores, las cuales representan aproximadamente un 43% del total de viviendas de las actuaciones (datos tomados del artículo “4.169 viviendas, 91 actuaciones del Incasol a examen”, de Xavier Monteys amb Eduard Callís i Anna Puigjaner; revista Quaderns, nro. 252; 2006).

Según el “Libro de estilo” del Incasòl (“Llibre d’estil dels habitatges de l’Institut Català del Sòl) se establece para estas tipologías un mínimo de superficie útil computable de 30 m2, y un máximo de 40 m2, con un programa funcional de 1 dormitorio doble, 1 sala con cocina integrada, 1 baño, y 1 zona de lavado independiente, para 1 o 2 personas. No existen mayores lineamientos, más allá de la necesidad evidente de cumplir con otras normativas de aplicación como los estándares mínimos de habitabilidad, o las directivas de accesibilidad. A partir de estos parámetros básicos se configuran diversas soluciones, las cuales buscan -en la mayoría de los casos- conseguir una mayor sensación de amplitud del espacio a través de recursos como las vistas diagonales en la vivienda, la creación de patios o terrazas, la integración del dormitorio a la sala utilizando tabiques móviles o grandes puertas correderas, la integración de los espacios de circulación comunes a la sala o el comedor de manera controlada, etc.

La visión en detalle de tantas propuestas diferentes permite realizar una aproximación a un “catálogo” de soluciones, como variaciones sobre un tema, extrayendo conclusiones generales sobre esta tipología de vivienda mínima. Así podemos ver que se impone casi como una necesidad la integración de espacios y funciones habitualmente separados en viviendas de mayor superficie, abundando las soluciones que unen cocina-comedor-sala, y la práctica desaparición del vestíbulo y pasillos. En las pocas soluciones en que se mantiene la cocina segregada en un ambiente diferenciado, o se configura un vestíbulo, se puede ver como los tabiques que materializan estos espacios, junto con los barridos de puertas correspondientes, limitan las posibilidades de aprovechamiento, y se ven como soluciones “encorsetadas”, reproducciones mínimas de tipologías de mayor tamaño.

6. Apartamentos con vestíbulo de acceso, que generan un exceso de espacios reducidos y barridos de puertas. En el primer caso se propone evitar esto con el uso de correderas, no muy adecuadas para la obra pública ya que suelen presentar problemas de mantenimiento y uso, sobre todo por gente mayor. Células correspondientes a los proyectos (de izq. a derecha): 81 viviendas en Barberà del Vallès / 35 viviendas en El Papiol.

 

Asimismo, queda claro que las variaciones tipológicas son mínimas, y sin una diferenciación aparente entre las dirigidas a jóvenes y las dirigidas a adultos mayores. Estas células de 1 dormitorio se tratan de manera indistinta para uno u otro colectivo, y entre ellas se distinguen básicamente tres soluciones posibles:

a. dormitorio y sala -con diversos niveles de integración- dando a fachada; y núcleos húmedos retrasados, en general recostados sobre el fondo, en la zona de acceso desde las circulaciones comunes, lo cual permite la creación de plenos de instalaciones fácilmente accesibles desde el pasillo para las tareas de mantenimiento. Es el tipo más utilizado, con ligeras variantes en la conformación del núcleo baño-cocina-lavadero, y con la colocación o no de patios de ventilación asociados a los mismos. La principal ventaja del tipo es el máximo aprovechamiento de la luz y ventilación natural sobre las habitaciones más importantes de la vivienda, permitiendo el diseño de fachadas interesantes y ambientes más luminosos, pero cuando se conforma una única crujía da lugar a bloques de poco espesor y largos pasillos que suponen un ratio de espacios comunes / espacio habitable en el límite de lo aconsejable.

Cuando el planeamiento permite bloques de mayor profundidad se generan crujías dobles con pasillo central, con lo cual el mencionado ratio mejora sensiblemente, pero genera dudas el correcto asoleamiento del 50% de las viviendas, ya que depende de la orientación general del bloque.

7. Distintas soluciones del tipo “a”, sin patios de ventilación. Cocina y baño se recuestan sobre la pared que separa de las circulaciones, permitiendo conductos de instalaciones fácilmente registrables. Las crujías son de muy poca profundidad, entre 6 y 8 metros más el ancho de la circulación. Proyectos: 117 viviendas en Cerdanyola; arq. Jaime Pastor / 48 viviendas en Vidreres; arqs. Carles Bosch y Joan Lluís Frigola / 39 viviendas en Molins de Rei; arqs. Carme Ribes y Pere Joan Ravetllat.


8. Distintas soluciones del tipo “a”, con patinejos de ventilación, que permiten asegurar una mejor ventilación y ocultar los tendederos de ropa, que en el segundo y tercer caso anteriores no quedaba claro dónde se colocan. Proyectos: 60 viviendas en Sta. Perpetua de la Mogoda, arqs. Manuel Mangas e Imma Ortega / 69 viviendas en El Masnou, arqs. Josep Goday y Javier Ramos / 64 viviendas en Vilanova i la Geltrú, Fabregat & Fabregat arquitectes.


9. Agrupación de células en una crujía: excelente orientación para la totalidad de viviendas, a costa de largos recorridos de pasillo. Proyecto: 140 viviendas en Sant Adrià de Besós, arqs. Moisés Gallego y Antoni Font.

10. Agrupación de células con doble crujía y pasillo central: mejor ratio entre uperficies comunes y superficies interiores. Proyecto: 50 viviendas en Palafrugell, arq. Xavier Montsalvatge.


b. dormitorio en el ingreso, junto al pasillo de acceso; núcleos húmedos en posición central; y sala-comedor sobre la fachada. Esta solución se adecua a crujías más profundas, pero adolece de algunos inconvenientes, como la imposibilidad de integración de dormitorio y sala, o los problemas de intimidad y ruido que siempre se generan en la difícil relación dormitorio-pasillo. No obstante, permite un tipo de vivienda más estrecho y profundo, de una única crujía, con lo cual se puede orientar prácticamente el 100% de las salas-comedor a fachada y el correcto asoleamiento, resignando el asoleamiento del dormitorio.

11. Distintas soluciones del tipo “b”, con una crujía más profunda que las anteriores. Es particularmente interesante el tercer caso, por las visuales diagonales que propicia el maclaje de las distintas áreas. Proyectos: 48 viviendas en Les Franqueses del Vallès, arq. Ramón Valls / 28 viviendas en Santa Margarida i els Monjos, Roselló i Sangenís arquitectes / 100 viviendas en Mataró, Espinet·Ubach arquitectes.


c. organización de la vivienda en torno a un núcleo abierto, una terraza semicubierta, con dormitorio y sala retrasados, ventilados e iluminados a través de esta “loggia”; y cocina y baño sobre fachada. O como variante del tipo “a”, estrechando un comedor central y dormitorio y sala en los lados de una terraza abierta. Esta tipología es la menos explorada de todas, pero creemos que plantea interesantes posibilidades, al hacer pivotar la vivienda en torno a un “tema” que da sentido al espacio, y dando un ambiente más a los ocupantes, un espacio abierto especialmente interesante en el clima mediterráneo en el que vivimos. Este tipo también genera crujías estrechas y una gran utilización de superficie de fachadas, por lo que queda muy limitada su posible aplicación a los márgenes marcados por el planeamiento.

12. Distintas soluciones del tipo “c”, con amplias terrazas como centro de atracción. Proyectos: 60 viviendas en Santa Perpètua de la Mogoda, Codina·Prat·Valls i arquitectes associats / 28 viviendas en Calaf, arq. German Català / 47 viviendas en Les Preses, arq. Josep Pla i de Solà-Morales.
 

Respecto a este último tema, los espacios abiertos como parte de la vivienda, muy pocas soluciones apuestan de manera decidida por su incorporación, quedando la mayor parte de las veces como simples balcones. Desde la propia experiencia proyectual, y viviendo y construyendo en el clima mediterráneo, estoy convencido de las bondades de una terraza con una superficie de5 a 9 m2, con una proporción ligeramente cuadrada y que permita la colocación de una mesa y sillas. Así se constituye en un espacio abierto polivalente, que se podría considerar una habitación más de la vivienda, aprovechable durante 9 a 10 meses al año, y con un precio por metro cuadrado construido inferior al de la superficie interior. En este sentido, las normas de los organismos oficiales no tienden precisamente a propiciar este tipo de soluciones, ya que no permiten computar de superficie exterior más de un 10% de la superficie útil interior, con el máximo de 40m2 para el total, con lo cual, en el caso más optimizado y agotando ese máximo obtendríamos un apartamento de 36.36 m2 interiores i 7.2 m2 de terraza, muy ajustados para resolver la organización interna de la vivienda. Entiendo que una ligera variación de dichos parámetros –por ejemplo, no considerando las superficies exteriores dentro del límite de 40 m2 útiles-, permitiría una mayor investigación de tipologías como las de tipo “c” enumerada más arriba, especialmente interesante en nuestro clima. Y el aumento de costo por unidad que conllevaría queda más que justificado al obtener apartamentos pequeños con una “habitación” más.

13. Proyecto de viviendas para adultos mayores que genera una terraza con una proporción tal que permite colocar una mesa y sillas, además de los tiestos y el canario de la “señora Rosa”, y valoriza la terraza abriendo las carpinterías de sala y dormitorio hacia ella. Una amplia puerta corredera termina de dar un espacio diáfano que transmite sensación de amplitud en pocos metros cuadrados de superficie. Proyecto: 24 viviendas para adultos mayores en Altafulla, Tarragona; arqs. Adrian Mallol + Joauim Padró.


14. Proyecto de viviendas para jóvenes que amplia las circulaciones comunes permitiendo expandir la vivienda y hacer uso de los espacios de relación. También se crean pequeñas terrazas individuales con una carpintería de cierre que en invierno permite que funcionen como acumuladores de calor por efecto invernadero. Este fue uno de los primeros proyectos con que se experimentó en las nuevas tipologías, a partir de un concurso para jóvenes arquitectos. Luego se ha sido más estricto con los ratios, y este “derroche” de espacios comunes no se ha podido repetir, pero este ejemplo es una clara muestra de las bondades de este tipo de despilfarros… Proyecto: 24 viviendas para jóvenes en Sant Andreu, Barcelona; arqs. Emiliano López, Mónica Rivera, Guillermo Zuaznabar.

 

Conclusión

Analizadas las distintas propuestas, sin pretensiones de exhaustividad, queda un amplio abanico de temas que pueden ser objeto de análisis futuros. El panorama que nos muestra el catálogo de soluciones que estos concursos han materializado, es suficiente para demostrar que el apartamento “existenzminimum” (textualmente, del alemán: mínimo de subsistencia; es un concepto que fue invocado por los arquitectos de la “Nueva Objetividad” alemana en los años ’20 del siglo pasado, abocados a proponer nuevas viviendas sociales de bajo costo pero más dignas, buscando su optimización desde el estudio de los mínimos aceptables y necesarios para el ser humano en términos de espacio, densidad, luminosidad, ventilación, servicios básicos, acceso a parques al aire libre, conectividad, e infraestructuras, entre otros) de hasta 40 m2, objeto de debate, es una solución factible y que cuando está bien diseñada genera espacios dignos, que transmiten sensación de amplitud, funcionales, flexibles, y perfectamente adecuados para colectivos sociales específicos. Y este punto es claro: no se considera que sea una solución universal, como no son universales los problemas a los cuales dar respuesta. Es una solución adecuada para personas que viven solas, o en pareja sin hijos, coincidiendo muy bien dicho perfil con los extremos de las franjas de edad estudiadas previamente: jóvenes que buscan su emancipación, parejas noveles, o adultos mayores que ya no tienen a los hijos en casa, viudos, etc.

Asimismo, es una solución adecuada para su gestión en régimen de alquiler, que permite una mayor rotación de usuarios, un adecuado mantenimiento, y una ocupación intensa; siendo también las franjas de edad antedichas las que mejor pueden acogerse a esta opción, ya que los jóvenes en cuanto cambie su situación vital pueden buscar una vivienda más grande; y los adultos mayores pueden vivir en un espacio más acotado y controlado –sobre todo si las promociones van unidas a servicios sociales o asistenciales–, disponiendo de una “renta inversa” (instrumento financiero que funciona como un préstamo con garantía hipotecaria, dirigido a personas mayores de 65 años; la entidad financiera paga al propietario de la vivienda una cantidad mensual de forma temporal o vitalicia, sin que el propietario ni sus herederos pierdan la propiedad de la vivienda, los cuales pueden rescatar la hipoteca al heredar) si son dueños de su propia vivienda, o pagando una cantidad adecuada a sus jubilaciones o pensiones.

Al ser viviendas sensiblemente menores a las tipologías habituales de compraventa de Protección Oficial, permite la construcción de mayor cantidad de unidades con un mismo presupuesto y en un mismo solar, lo cual hace viable su explotación con menores precios. Pero en ningún caso se la ve como una solución generalizable. Estas viviendas mínimas plantean su propia lógica, la cual no es extrapolable para dar solución al problema de vivienda de otros colectivos, con sus propias especificidades. Por todo lo expuesto, desde estas páginas se considera a esta vivienda mínima como una tipología adecuada para el régimen de alquiler asequible, dirigido a dar solución a los problemas habitacionales de los colectivos citados.

Un punto muy interesante que queda por investigar es el concepto de “volumen habitable” por sobre el de superficie útil, el cual ya se planteaba en la exposición APTM que dio lugar al debate de los “minipisos” con que se daba inicio a este artículo. Algunas de las propuestas allí presentadas consideraban espacios con una altura de hasta 4 m., muy por encima de los 2.50 m. legalmente establecidos para la vivienda. La idea de volumen habitable (conjuntamente con la de costo/m3 en lugar de costo/m2) puede dar lugar a viviendas de poca superficie pero con mayor volumen que las actuales, que podrían incorporar el concepto de flexibilidad / crecimiento en función de una futura subdivisión del espacio interior con altillos, dando lugar a una vivienda espacialmente interesante, que puede evolucionar en el tiempo junto con sus usuarios. Creemos que este es un camino válido de investigación futura, que puede dar lugar a interesantes prototipos en los próximos años. Pero sabiendo que habrá que hacer un trabajo pedagógico muy intenso para convencer a administraciones, medios de comunicación, y potenciales usuarios…

AMiM

 

El autor es Arquitecto, egresado de la Universidad Nacional de La Plata, Master “Historia, Arte, Arquitectura y Ciudad” de la Universitat Politècnica de Catalunya.

 

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Número 39 | Economía de las ciudades
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