Nota original de la Revista El Amante

Pateando el tablero

El año de la sequía (¿definitiva?)

El título de esta nota, sin el paréntesis, había sido usado por Jorge García para un balance de hace unos años. Sin embargo, hoy estamos mucho peor, casi en el borde de la extinción de nuestra práctica de ir al cine. Los motivos son varios y no tienen que ver con nuestros caprichos sino con cuestiones mucho más graves y concretas. La discusión por la cuota de pantalla para el cine argentino es solamente una pequeña parte del problema. Quien quiera oír que oiga, y quien no que siga optando entre El hombre araña 2 y Erreway, porque ese panorama es el que se profundizará si todo sigue así.

1. Habrá que acostumbrarse nomás. Incluso en la ciudad de Buenos Aires, no hay y aparentemente no habrá más cine, por lo menos en la conocida forma de ir a una sala de cine de estreno a ver alguna película elegida entre una variedad respetable. Solamente quedan algunas películas. Mientras esto ocurre y se agudiza, hay gente que tiene el trabajo de hacernos creer que tenemos la libertad de ir al cine y también de elegir. Pero cualquiera que no sea un tonto y/o no tenga intereses en defender este status quo sabe dos cosas. La primera es que cada vez se estrenan menos películas (la cantidad es ridículamente baja, ver punto 3). La segunda es que lo que estamos viendo no tiene la menor relación con la riqueza y variedad del cine en el mundo, y ni siquiera con lo que tienen disponible las distribuidoras, tanto las independientes como las multinacionales. Y si uno se informa un poco, sabe una tercera cosa: esta situación no hará más que empeorar si no se toman las medidas adecuadas.

2. La semana pasada alquilé en DVD zona 1 Dark Blue, la anteúltima película dirigida por Ron Shelton, con Kurt Russell. Una de policías corruptos, con el telón de fondo del veredicto del juicio sobre el caso Rodney King. Mucha gente más joven no se acuerda –o ni se enteró– de la golpiza a King ni de las revueltas cuando se conoció el veredicto que dejó en libertad a los policías blancos. El caso fue famoso en 1991: un videoaficionado había filmado la paliza. En ese momento era toda una novedad que alguien estuviera filmando hacia la autopista. Hoy la realidad es mucho más fácil de registrar visualmente por cualquiera con un teléfono celular con cámara (y hay cada vez más cámaras). Las cosas han cambiado en el ámbito de la captura de las imágenes como también en cuanto al cine al que podemos acceder (y al que no podemos acceder, que sería un cine capturado). Una película como Dark Blue ni se estrena por aquí y tampoco se edita en video (y cuando digo video también incluyo DVD). No se trata de una gran película, pero es mejor que muchos estrenos de este año. Es un policial con cierto nervio y la épica que le puede imprimir la presencia de alguien como el señor Kurt Russell. Ciertamente no nos hemos perdido de ver en cine una obra imprescindible, pero es una película que ilumina dos cuestiones. La primera es recordar que todavía existe un tipo de cine al que ya no accedemos. Como se ve, ni siquiera se trata de decir “no nos llega cine de extremo oriente” o “no vemos cine europeo de calidad”; se trata de que ya no vemos ni siquiera películas de género americanas, un tipo cine de entretenimiento hecho con pericia y con ambiciones populares. Y de Dark Blue se habían visto incluso afiches callejeros a fines de 2003. Pero luego quedó perdida, como tantas otras (ver punto 3). La segunda cuestión es que Dark Blue señala, con la presencia de las calles de Los Angeles y la resonancia del caso Rodney King en el relato, que todavía se puede hablar del mundo aunque sea tangencialmente. Los tanques multitarget se refieren cada vez menos a la realidad. No estamos pidiendo un cine documental o semi documental, sino simplemente un cine que tenga un lugar de pertenencia, que nos indique que proviene de una cultura determinada. Como dice Jonathan Rosenbaum en Las guerras del cine: cómo Hollywood y los medios conspiran para limitar las películas que podemos ver, las películas grandotas americanas ya no son más americanas culturalmente; se trata de otra cosa, otra cosa que tal vez podría denominarse como “objetos audiovisuales de máxima esterilización”. ¿De qué hablan Troya, o Harry Potter, o Shrek? Son entretenimientos hechos, con mejor o peor profesionalismo, pero con el común denominador de estar planeados para que con el nivel mínimo de conocimiento sobre el mundo puedan ser “disfrutados” (“que disfruten la película”, dicen los empleados de las cadenas de exhibición, y lo dirían aunque los multicines exhibieran Saló o una de Haneke).

3. En todo junio hubo solamente nueve estrenos en 35mm, a los que pueden sumarse, con buena voluntad, los lanzamientos limitados de dos proyecciones en video (La vaca verde y Rebelión) y uno en 16mm en un horario por semana (Cabeza de palo). Nueve estrenos en 35mm: el peor mes en mucho, mucho tiempo. Aun contando los documentales estrenados en video y de manera muy limitada, la suma de estrenos de los primeros seis meses del año da 102, con un fuerte desacelere en mayo (16 estrenos, entre los cuales hay tres videos) y aun más marcado en junio. Y la situación parece ir para peor. Si en 1999, el mejor año desde fines de los 80 también por variedad, la cifra de estrenos sobrepasó los 250, tendemos a volver a menos de 200, como en los peores años de los primeros noventa. ¿Qué está pasando? Hay una lista enorme de películas que vienen sufriendo postergaciones en su fecha de estreno, y esto no hace que sean remplazadas por otras sino que simplemente se reduce la cantidad de lanzamientos, ya que al atrasarse o van directo a video o cuando se estrenan finalmente se atrasan otras, y para la temporada que viene las distribuidores independientes comprarán cada vez menos material, etc. Algunos ejemplos: Nathalie X (francesa, con Emmanuelle Béart), Lejos del mundo (de André Téchiné y también con Emmanuelle Béart), En la ciudad (española, del director de Krámpack), La seguridad de los objetos (de Rose Troche, ya tuvo como cinco fechas de estreno fracasadas), Las horas del día (española, premiada, con campaña publicitaria ya hecha), The Company (de Robert Altman), B-Happy (chilena, fue levantada muy poco antes de su estreno anunciado, hubo privadas y todo), El lápiz del carpintero (en competencia en Mar del plata y con fecha de estreno tentativa desde marzo), Verano bizarro (la privada fue el año pasado), Las triplettes de Belle Ville (amenaza con estrenarse desde hace dos meses, ya teníamos hecha la cobertura para este número porque se estrenaba supuestamente en agosto, pero ahora la patearon para octubre), Tocando el cielo (ídem Las triplettes, supuestamente se estrena en julio), Primavera, verano, otoño, invierno y... primavera (ídem anteriores, probablemente en agosto), El regreso (ídem pero desde hace un mes, esta es la película rusa multipremiada en 2003), Osama (dando vueltas desde hace dos meses), Dos viejos cascarrabias (con Michael Caine, Robert Duvall y el chico de Sexto sentido, en el limbo desde hace dos meses), Mi vecino el asesino 2 (ídem), El día más bello de nuestras vidas (ídem, italiana y ya perdimos la cuenta, incluso ya publicamos la crítica), Todo es por amor (figura para septiembre y ya publicamos la crítica y el “Llego tarde”). Y estas son solamente unas pocas, hay muchas otras que siguen atrasadas (pueden consultar la interesante página www.cinesargentinos.com.ar). Incluso una película de distribuidora major (Columbia) como En carne viva (In the Cut) viene atrasándose hace meses y saldrá directo a video, y en el mismo caso hay y habrá otras más. Y eso que En carne viva tiene el “gancho” de Meg Ryan desnuda.

4. ¿Qué está pasando? Y… lo mismo que el año pasado cuando Nadar solo estaba por estrenarse. Matrix recargado (coproducida por Village Roadshow Pictures, de los cines Village) salía con muchas pero muchas copias (pregunta al paso: ¿alguien está interesado en verla de nuevo?, fíjense lo rápido que envejecen estas películas) y Nadar solo no podía ubicar bien sus cinco copias: le ofrecían unos cines imposibles de aceptar ya que nada tenían que ver con el público al que apuntaba la película. La ópera prima de Ezequiel Acuña tenía hecha ya la campaña publicitaria y los medios habían realizado la cobertura previa; todo se perdió. Los casos similares al de Nadar solo tal vez se solucionen con la flamante reglamentación de la cuota de pantalla, porque los cines van a necesitar películas argentinas. Además, la nueva reglamentación resguarda a los films nacionales que cumplan con determinada media para que no sean quitados arbitrariamente, cosa que estaba sucediendo: no se consideraba el porcentaje de entradas vendidas sobre el total de entradas disponibles sino el total de entradas vendidas (por lo tanto, cualquier tanque con muchas funciones diarias ganaba seguro y si había que sacar algo, se sacaba una película chica, como las argentinas con pocas copias por lanzamiento). Además, los diferentes porcentajes de llenado de salas están hechos escalonados (un acierto) según el lanzamiento de cada película y según la capacidad de las salas (a las películas de menor lanzamiento se les exigirá menos y si son ubicadas en salas grandes se les pedirá menos rendimiento porcentual).

Es cierto que ahora hay posibilidades de que el cine argentino sea un poco menos maltratado, pero seguimos en problemas: el cine que no es argentino ni tanque americano no tiene protección ni fomento alguno. Mientras los tanques americanos sigan saliendo con una cantidad de copias que va de setenta a ciento treinta y no haya un lugar previsto para otro cine que podríamos denominar un “tercer cine” (el primero sería el americano y el segundo el cine nacional), no hay salida.

5. Hoy la distribución y la exhibición se manejan en tiempos muy cortos, en una explotación intensiva. Sobre esto ya habíamos llamado la atención en El Amante y también lo había hecho Fernando López en La Nación en una columna titulada “Desdichas de un espectador” del martes 20 de enero de este año, donde alertaba sobre el poco tiempo de permanencia de los estrenos en cartelera. Es que los estrenos grandes se lanzan a copar el mercado para explotarlo en poco tiempo y luego dejarle lugar al próximo tanque que copará el mercado por pocas semanas para que luego venga otro, este fue el procedimiento que se observa en la seguidilla de Van Helsing (estrenada el 6 de mayo), Troya (13 de mayo), El día después de mañana (27 de mayo), Harry Potter 3 (3 de junio), Shrek 2 (17 de junio), El hombre araña 2 (1 de julio), Vacas vaqueras (8 de julio); lo será con los tanques que resten de este año y lo fue con todos los tanques del año pasado. Como es evidente, cada una de estas películas tiene por lo menos una semana para estar “sola”. La libertad del mercado libre del liberalismo económico de la libertad de elección del espectador parece estar mágicamente relacionada con el hecho de que las majors americanas se pongan de acuerdo para no estrenar dos tanques el mismo día. Casi casi tan liberal y de libre competencia como la manera de privatizar la telefonía en Argentina, (y seguimos prisioneros de las empresas, que siguen sin competir entre sí para las llamadas locales).

En la distribución y la exhibición de cine, las cosas no funcionaban de esta manera hace algunas décadas. Pero fueron cambiando paulatinamente. Ecos de los primeros momentos del cambio podían encontrarse en la revista Primera Plana, en su número 193 del 6 de septiembre de 1966, cuando en el artículo “El cascabel y el gato” se comentaba novedad de los estrenos en varias salas al mismo tiempo: “Un film difícil, que exige al público, pero que puede contar con el apoyo de la crítica independiente, mejorará sus perspectivas si llega a los cines de barrio después de varias semanas de exhibición en los cines céntricos: en el interín, el prestigio de la obra, transmitido oralmente por quienes presenciaron su estreno, y acrecentado por los halagos de la prensa, mejora las posibilidades de taquilla. Un film mediocre, en cambio, pero capaz de deslumbrar por su elenco, título o colorido, se quema rápidamente, sucumbirá a su desprestigio en pocos días, y sólo henchirá las arcas de los empresarios si éstos lo lanzan en varios cines simultáneamente”. A casi cuarenta años de ese momento en el cual el cine europeo conseguía porcentajes importantes en muchos mercados, ya sabemos quién ganó la batalla: semana tras semana, un “tanque” copa los cines y es prácticamente lo único que hay para ver. Esto ya lo vieron venir los productores españoles, que a principios de 2003 alertaban sobre la cantidad de copias con la que salían los tanques americanos, y la creciente cantidad de tanques por año. Decía Eduardo Campoy, presidente de la FAPAE (Federación de Asociaciones de Productores Audiovisuales de España) en el diario El País en su edición del 28 de enero de 2003: “En 2001, sólo nueve películas de las estrenadas lo hicieron con más de 300 copias; en 2002 han sido 23, en 2003 la previsión es de 30, y en 2004 de 44”. Las películas que se constituyen como acontecimiento son cada vez más año a año (y si uno observa lo ya estrenado este año y lo que se viene, verá con asombro cómo amenazan muchas más de estas superproducciones con ánimos de copar mercados). Así, unos cuantos estrenos al año se convierten en prácticamente “todo el cine”.

Las diez películas más vistas del año pasado se llevaron aproximadamente un 40 por ciento de las entradas vendidas: estamos hablando de un proceso de ultra concentración. Si uno observa las cifras de 1984, las diez extranjeras más vistas (que incluían una mexicana con Luis Miguel y una francesa con Belmondo) sumaron el 15 por ciento del total de entradas vendidas; en 1985 (con otra de Luis Miguel, una película italiana y Pasaje a la India de David Lean incluidas) ocuparon otra vez el 15 por ciento, y en 1986 casi el 14 por ciento. Además, en esos años la cantidad de espectadores para las diez más vistas argentinas fue casi igual o no tan desparejo frente a la cifra de las diez más vistas extranjeras (8.691.467 frente a 9.000.348 en 1984; 5.440.691 frente a 7.855.667 en 1985 y 7.180.056 frente a 7.278.236 en 1986). En los primeros años de la democracia, había un cine argentino con más posibilidades de competir frente al cine extranjero (algunos de los títulos más exitosos: Camila, Pasajeros de una pesadilla, la serie de Mingo y Aníbal, la serie de Los colimbas, Esperando la carroza, La historia oficial, los policiales de Desanzo, El exilio de Gardel).

6. Si uno observa la cantidad de estrenos y su procedencia, notará algunas cifras que hoy son muy llamativas y antes eran la normalidad. De 415 estrenos que hubo en 1984, 138 fueron de Estados Unidos, 82 de Argentina (había muchos films postergados debido a la dictadura), 53 de Italia, 25 de Francia, 21 de Brasil, 20 de España, 19 de Alemania Federal, y unas cuarenta de otras procedencias. En 1985, de 464 estrenos, hubo175 americanas, 31 argentinas, 55 italianas, 49 brasileñas, 37 francesas, 22 de España, 20 de Alemania, 18 de la URSS y 16 de Inglaterra. En 1986 los estrenos volvieron a ser 464, de los cuales hubo 205 americanas, 52 argentinas, 44 italianas, 41 francesas, 20 de Brasil, 17 de Alemania y 14 de España. Aparte estaban las coproducciones, que no modifican mucho las cifras expuestas anteriormente y los porcentajes que se obtienen a continuación (hubo un total de 48 coproducciones sobre un total de 1.343 estrenos, y la mayor parte de ellas eran europeas). El cine americano tuvo un porcentaje sobre el total de los estrenos de esos años del 40 por ciento (518 sobre 1.295, la cantidad total del trienio sin contar las coproducciones), el cine argentino un 13 por ciento y el resto del cine un 47 por ciento1. Desde fines de los ochenta estos porcentajes se han modificado sensiblemente. Y las cifras para el cine americano han oscilado desde números cercanos al 60 hasta más del 70 por ciento. Los estrenos argentinos han subido su participación desde mediados de los 90 (gracias a la ley de cine) y se han situado entre el 15 y el 20 por ciento de los estrenos (este año tal vez sea más debido al descenso general de la cantidad de estrenos y la cuota de pantalla).

¿Qué es lo que se ha reducido en las últimas dos décadas? Ese tercer cine del que hablábamos más arriba, un cine no americano y no nacional. Parece ser que para que el cine nacional funcione más allá del 20 por ciento del mercado en cuanto a entradas vendidas y sea verdaderamente un “cine” y no unas pocas películas que la peguen un año y al siguiente no (es decir, para que haya un cine nacional estable), se necesita un tercer cine variado y presente. Dentro de las cinematografías occidentales no americanas, el único país que ha logrado mantener este tipo de oferta es Francia (con un tercio de sus aproximadamente 600 estrenos al año provenientes de Estados Unidos, un tercio de cine nacional y un tercio del resto del mundo). Francia tiene un cine nacional vigoroso y mucho más estable que cualquier otro país de occidente a excepción de Estados Unidos.  También parecía ser ese el caso de otros países como España en los setenta: entre 1967 y 1977, la cantidad de espectadores para el cine español en España se movió entre el 30,7  y el 33,33 por ciento. Y entre 1970 y 1975 las entradas vendidas para el cine español superaron a las entradas vendidas para el americano. Como se verá, el mayor porcentaje de entradas vendidas era para el “tercer cine” (no americano, no nacional)2.

7. Algo cambió desde entonces: el “tercer cine” cayó en casi todos los mercados. Mientras tanto, los estudios americanos durante la presidencia de Jack Valenti en la MPAA (ver punto 9) pasaron de tener ingresos por 1.260 millones de dólares en 1967 a 41.200 millones en 2003 (La Nación, 3 de julio de 2004). Otras cifras sobre el particular: la facturación de los grandes estudios americanos por derechos pasó de 2.895 millones de dólares en 1981 a 15.742 en 19943. Acá tenemos dos etapas de traumáticos cambios del negocio cinematográfico en occidente. En primer lugar, los ochenta y principios de los noventa, en donde el cine americano va eliminando de otros mercados al “tercer cine” y también a los cines nacionales y ocupando sus lugares frente a una disminución de la taquilla general. Y en segundo lugar, desde mediados de los noventa hasta hoy, en donde se termina de matar la distribución y la exhibición del “tercer cine” y sube la cantidad de entradas vendidas en total (la torta de la taquilla se hace más grande4, aunque todavía estamos lejos del máximo esplendor de entradas vendidas en casi todos los países de occidente de la década del cincuenta) mientras se han recuperado parcialmente algunos cines nacionales. En octubre de 2000 (ver EA 105), le pregunté personalmente a  Steve Solot (vicepresidente de operaciones latinoamericanas de la MPAA) lo siguiente: “¿Hubo una toma de conciencia por parte de Hollywood acerca de que si no funcionan los cines nacionales, es decir, si el cine argentino no funciona en Argentina, el cine italiano en Italia, etc., funciona menos el cine norteamericano?”. El respondió: “Claro, totalmente, eso pasó. Si el cine local no funciona, no funciona nada. Es parte del escenario, cine internacional y cine local, y el cine norteamericano es parte también del cine internacional”. Casualidad o no, la gran escalada que se produce en las ganancias para las majors americanas tiene que ver con el aumento de la torta general de ganancias (más entradas vendidas a precios más altos) en paralelo a la recuperación del cine nacional en países como España, Brasil (la retomada), Argentina, Italia, y otros desde mediados de los noventa. Un efecto de sorprendente coordinación, o de sospechoso afloje en las presiones sobre los cines nacionales de la MPAA. Cuando Solot dijo: “El cine norteamericano es parte también del cine internacional”, le dije: “Es la mayor parte”, y él contestó: “Yo diría que es una parte muy importante. Ahora, quién decide lo que va a ver es el espectador. Aquí, como en cualquier parte... una buena película funciona.”

8. Desmintamos al señor Solot y sus ideas libremercadistas, etc. No estamos lejos de que cada una de las 52 semanas del año tenga uno de estos estrenos grandes (en España son grandes con más de 300 copias, aquí con más de 70 y en Uruguay con menos; de lo que se trata es que sea la película más fácil de ver en la semana, demasiado fácil de topársela, de la misma manera que los estrenos de tanques en video son más fáciles de conseguir porque salen con una cantidad enorme de copias). La cuestión –probada– es que la mayor parte de estos tanques se desinflan en dos o tres semanas, que de dos docenas o más de funciones diarias en un solo complejo pasan en dos o tres semanas a cinco o seis funciones (observen si no el ejemplo de Harry Potter 3). Está bastante claro que lo que se intenta es copar el mercado y explotar de manera intensiva la primera o las primeras dos semanas (“Menor ciclo de vida del producto a escala planetaria”, dice José María Álvarez Monzoncillo4). Ahora bien, ¿no podría ser que las películas estas grandotas se mantuvieran más tiempo en cartel y con menos funciones sobre todo en las primeras semanas? Aquí está la discusión: ¿se trata de que la gente quiere ver ya esas películas o que durante una o dos semanas se conviertan en la opción excluyente, omnipresente, en vías de monopolizar el mercado? Si uno va a al Village Recoleta esta semana (estoy escribiendo con el estreno fresco de El hombre araña 2) tiene disponibles 28 funciones diarias de la película; prácticamente empieza una función cada media hora desde las 11.30 de la mañana a las 2.00 de la trasnoche. ¿Se trata de que todo el mundo se convirtió en ansioso o se trata simplemente de algo muy parecido a la monopolización de la oferta para crear la demanda? Se podrá contestar como se quiera, pero hay algo cierto: para que haya más variedad en la cartelera hay que reducir la cantidad de copias con las que salen los tanques, esto es perogrullada, y el ambiente del cine lo sabe, por más que muchos se hagan los distraídos. ¿Qué como se puede limitar el número de tanques? Uno: no permitiendo que se programen más de tanta cantidad de funciones de una sola película sobre el total de funciones de cada complejo. Dos: cargando impositivamente cada copia de una película que vaya más allá del número 50 (para el caso local; cada país tiene por otra parte un número distinto a partir del cual un estreno se considera mega estreno). Tres: apoyando mediante distintos procedimientos la distribución independiente, las películas que diversifiquen la oferta o los cines que se especialicen en un cine de riesgo. Esto se hace en Francia, en donde, por ejemplo, las salas que pasan un cierto tipo de cine y lo mantienen con medias por debajo de las de los cines comunes reciben un subsidio. Argentina se perdió la oportunidad de apuntalar la distribución y la exhibición independiente en el dorado momento pos El sabor de la cereza (cuando se estrenaba no sólo cine iraní con buena respuesta de público, sino también el cine del griego Theo Angelopoulos, cine francés más interesante que las comedietas que se vienen, e incluso un film de Kirguizistán, El hijo adoptivo). Pero todo se puede recomenzar si hay voluntad política y claridad en los conceptos.

9. La MPAA o MPA (Motion Picture Association of America) es un organismo fundado en 1922 que representa a las principales productoras americanas (las majors) y se la pasa presionando al resto del mundo y velando por los intereses del cine americano. Recordemos que Jack Valenti, su presidente por casi cuatro décadas y recientemente retirado, fue estúpidamente tratado como un personaje ilustre en un Festival de Mar del Plata hace unos años. A principios de los cincuenta y como consecuencia de la aplicación de legislaciones antitrust en los propios Estados Unidos, que obligó a las majors a vender muchas de sus salas de cine, “la MPAA decide crear la MPEAA (Motion Picture Export Association of America) entidad que agrupa a las empresas distribuidoras para iniciar su política de expansión a los mercados exteriores, sobre todo, europeos: ‘La MPEAA actúa como un cartel. Sus miembros, previo acuerdos internos, se reparten el mercado mundial, fijan unos precios no competitivos y pretenden crear en cada país un oligopolio, esto es, un mercado donde un número restringido de vendedores, los miembros de la MPEAA, satisfagan las necesidades de una multitud de compradores, los exhibidores, que además deben acatar sus condiciones de venta, como son el tanto por ciento sobre la taquilla y la política de lotes”5. Hoy las majors ya tienen el mercado mundial virtualmente copado y cada vez más relación (cada vez más integración vertical, económicamente hablando) con el mundo de la exhibición.

10. La cuota de pantalla para el cine argentino es necesaria pero insuficiente, y de hecho no perjudica a las majors. No se trata de querer perjudicar a nadie por el hecho mismo de perjudicar, pero claramente las majors y sus estrenos elefantiásicos están eliminando la variedad del cine, y por consiguiente están contribuyendo al empobrecimiento de la mirada de los espectadores argentinos (y de muchos otros países). Hilando más fino, también están perjudicando al cine nacional, ya que para que el cine argentino se convierta en exitoso no basta con asegurar el estreno a las películas y hacer más prolijo y controlado el asunto de las medias de continuidad. Para que el cine nacional deje de oscilar en una participación del mercado de entre el 10 y el 20 por ciento, como también pasa en España y en el resto de los países de la Unión Europea a excepción de Francia (las cifras van del 5 al 20 por ciento), se necesita que el público pueda acceder a otro cine, al que hemos dado en llamar tercer cine. Para que el cine nacional funcione bien, debe funcionar bien también el tercer cine, esto es lo que ocurre en Francia, y lo que ocurría en España en los setenta. Es que los cines nacionales no se sienten cómodos cuando se ponen a charlar con la única compañía del cine americano, que tiene una fuerte tendencia al monólogo. Nos tendremos que despedir del cine si no damos pelea en serio. La pelea debe ser por el acceso a la diversidad de la riqueza del cine del mundo. Porque el cine es importante, porque hace conocer, porque desembrutece. Pero ese cine que logra esos prodigios no está en la mayor parte de la oferta que semana a semana nos cae con inversiones publicitarias gigantescas. El concepto de interés público nació para definir todas aquellas cosas de una importancia tal que no se podían abandonar simplemente al mercado. La variedad del cine y la posibilidad de un pueblo de acceder a ella deberían ser consideradas de interés público.