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Por Josep Alías y Mariona Tomás
(a Totò,
a Raffa, y "lo" que viene)
catalán
Totò dice que "Il caffè
si prende bestemmiando per la fretta, perchè la tazzina è
troppo calda, perchè è amaro, perchè è
forte, perchè è sempre troppo poco e per questo ha
il gusto delle cose fugaci!!!!".
Palermo, al igual que la Atlántida,
en algún momento de su historia decidió sumergirse.
Pero en lugar del océano, Palermo eligió la decadencia
y ocultó su belleza sólo para aquel que es capaz
de ver a través de los andamios que cubren los palacios,
y para aquel que es capaz de descifrar las filigranas decorativas
góticas, neoclásicas,..., de todos los estilos incrustadas
en las torturadas fachadas. La historia de la ciudad acecha en cada
edificio y el turista, demasiado ocupado en ahuyentar los cientos
de historias sobre la ciudad y la isla que le explicaron antes de
viajar, no la consigue desvelar. O ¿serán los mercados,
verdaderos zocos que llenan el ambiente de olores y palabras que
pretenden atraer toda nuestra atención, los que saturan los
sentidos para que no puedas ver más allá? Debe tratarse
de una conspiración. Todos los tenderos del mercado de la
Vucciria (que ha dado lugar a la expresión "fare vucciria"
como sinónimo de "alboroto"), se han aliado para que deambules
con la boca abierta.
Palermo se extiende a lo largo del
mar, arropada por grandes montes y construida por fenicios, bizantinos,
romanos, judíos, árabes, catalanes, franceses, mahgrebíes,...
Todos ellos han sido palermitanos alguna vez. Todos ellos han dejado
su huella en el centro de la ciudad, en el que se encuentran sugerentes
contrastes. La Kalsa, uno de los barrios de origen árabe,
es quizás el más idóneo para observar las divergencias
entre los intentos de potenciar la rehabilitación de un centro
histórico destrozado por las bombas de una guerra que pasó
por la isla hace cincuenta años, los terremotos y el abandono,
y las nuevas políticas populistas que potencian la especulación.
El ritmo de la ciudad está marcado
por dos elementos: el tráfico, que se rige por un
lenguaje pseudoreligioso sólo comprensible y expresado para
el que conoce y acepta entrar en el duelo y rendir culto a la "macchina";
y por la manera de entender la vida de sus habitantes. Sí,
Palermo es una ciudad de Italia, ya lo sabemos, pero hay algo más.
Los palermitanos son italianos con algo más. Con un plus
de picardía, de sabios de la buena vida y de calidez,
que ha quedado mitificado a través del gatopardismo,
del cual rehuyen muchos de los palermitanos.
En ésta ciudad, sólo
el espacio público protegido tras las rejas se salva de la
invasión del coche. Hermosas villas y plazas guardan entre
verjas espectaculares jardines: Villa Garibaldi en Piazza Marina,
el Jardín Botánico... Si bien toda la ciudad, y en
especial el centro, está salpicado de espacios que podríamos
identificar como plazas, la falta de símbolos propios de
estas (bancos y árboles) nos podría indicar que estamos
en medio de un aparcamiento. Pero no. Estamos en una plaza llena
de coches, entre los cuales la gente se relaciona. Y ¿qué
es el espacio público sino un lugar que genera relaciones
entre personas?
Vale la pena perderse por las calles
del mercado del Capo y ver salir de la decrépita villa al
viejo aristócrata que se hace camino entre los niños
de origen albanés que juegan por la calle. Hacia el oeste,
la ciudad se encuentra con el ensanche del novecento que
traslada la ciudad hacia el corazón de Europa, salpicado
de imponentes moles promovidas por ese gran "arquitecto" de los
20 y los 30, conocido como el Duce, y que ha iluminado a tantos
arquitectos actuales de todo el mundo.
Palermo u otra manera de tomar el café:
se degusta de pie, se cruzan unas palabras y uno se queda con la
sensación de que el ritmo de nuestras vidas no nos deja
suficiente tiempo para saborearlo.
JA y MT

Palermo, capital de Sicilia,
recibió su nombre de los navegantes fenicios: "panormos"
(puerto). Fue muy prospera durante la época romana, y especialmente
durante las dominaciones árabe (algunos la comparan con Córdoba
y El Cairo) y normanda, de cuyo reino este llegó a ser capital.
El sector norte de la ciudad alberga monumentos religiosos y civiles
de aquellas dos culturas. La Plaza de la Victoria es el centro civil
y religioso de Palermo. De la Porta Nuova (construida en 1583 para
la visita del monarca Carlos V) nace la avenida Victor Manuel, construida
sobre una antigua ruta fenicia que cruza el centro de Palermo, atraviesa
varios palacios e iglesias hasta llegar a los Quattro Canti (una
pequeña plaza que divide los cuatro barrios, o mandamenti,
de Palermo) y desemboca en el mar. Sobre las ruinas de una fortaleza
romana, los árabes construyeron en el siglo XI el Palazzo
dei Normanni, y detrás está la Capella Palatina. El
barrio de Kalsa fue construido por los musulmanes como sede de los
poderes civiles y militares. Durante la época normanda, estos
barrios fueron habitados por marinos y pescadores, y ese ambiente
sobrevive aun en sitios descritos en esta nota, como el mercado
de la Vucciria. Palermo tiene uno de los Museos de la Marioneta
más completos del mundo, ya que Sicilia tiene una añeja
tradición de títeres desde la época de Carlo
Magno. Se ubica en la Plaza Marina, el centro donde se concentran
los principales edificios civiles y religiosos. El centro de esta
plaza lo ocupa la Fontana Pretoria, realizada entre 1552 y 1555..
Debido a que las estatuas se encuentran completamente desnudas,
se le conoce también como la "fuente de la vergüenza".
"Por primera vez desde
la unificación italiana", según las autoridades comunales,
Palermo ha elaborado un Plan Regulador que bloquea la expansión
de la construcción especulativa (origen de un asentamiento
urbano congestionado y contaminado) y promueve en cambio servicios
y lugares para la comunidad. El Plan propone un programa de descentralización
con siete municipios metropolitanos: Libertà-Montepellegrino,
Monte Gallo, Colli, Monte Cuccio, Oreto, Mare Dolce, Messina Marine,
y el Centro Histórico, con una población total de
700.000 habitantes.
El plan establece cinco tipologías
en el sistema del verde urbano: arbolado callejero, canteros y jardines
de barrio; jardines históricos; parques urbanos; áreas
agrícolas, ámbitos paisajísticos colinares
y reservas naturales orientadas. Se considera posible reutilizar
ciertas áreas que han cesado en sus funciones de servicio:
industrias químicas y otras, cuarteles, estaciones ferroviarias,
cárceles, manicomios. El Plan procura un escenario de movilidad
con disminución del tránsito automotor y potenciamiento
del transporte ferroviario, además de una política
de descentralización comunal que disminuya la necesidad de
realizar viajes. Se identifican áreas productivas y la Administración
se impone la tarea de ofrecer oportunidades de inserción
para nuevas actividades turísticas.
El Plan considera que
la periferia también puede ser transformada en ciudad, aprovechando
la abundancia de elementos calificadores, no solo en el centro histórico
sino también en la campaña. Se promueve una "nueva
ciudad metrópolis, formada de centros y ambientes, antídoto
a la homogeneidad periférica: una ciudad de ciudades".
El Plan Regulador y otras
informaciones sobre Palermo, en la página de la Comuna.
Ver un amigable mapa
digital de Palermo
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