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Por Ana María
Alvarez R.
Santiago, invierno,
abre la reja, sale de su casa. Ese día: la muerte. El color
del cielo suscita en su mente multiplicidad de pensamientos e imágenes,
telón de fondo de una idea negra. Sube a la micro, paga el
pasaje, recibe el boleto, avanza. La temperatura ambiente le brinda
la sensación de un estado donde la tibieza se pierde sin
retorno: ¿A dónde va el alma mientras el pelo sigue
creciendo?. El que enterramos ¿se habrá transformado
ya en un esqueleto? ¿Todas las personas demorarán lo
mismo en volverse huesos? Y a mí ¿Cuánto me queda?
Dicen que no es sólo el pelo, también las uñas,
las de las manos, de los pies
Por especial encargo de la
empresa arrrrgentina Quiyalles, vengo a ofrecerleeees este maravilloso
producto... Un quitamanchas. El vendedor prueba su eficacia
echándose sobre la camisa restos de grasa que coge de la
puerta del bus, la de atrás. Esa, que se abre y se cierra
con brusquedad. Derrama un helado, revienta un lápiz de tinta
roja, lo esparce sobre la tela. Quiere, como sea, reforzar la calidad
de lo que oferta. Recuerda los manteles de algodón repletos
de manchas de vino a punto de enmohecer en el fondo del baúl
de su cuarto. Lo compra. ¿Y la muerte? La noche del viernes
se le rompió el preservativo. La muchacha: una desconocida.
Comienzo de la letanía auto flagelante ¿Y si me lo contagió?
Una brusca frenada, lo rescata. Por la avenida, desciende una ambulancia.
Recuerda los dolores de vientre que su ulular le provocan desde
niño. Rancagua esquina Bustamante, un nombre: Gustitorico@.com,
así se llama la botillería. Abierta toda la noche.
No puede recordar que compró, ni tampoco como llegó
hasta allí. Estaba borracho... Sí, borracho... fue
esa misma noche... la del preservativo. ¿Cuántas cuadras
ha avanzado? Se figura que la Torre de la Telefónica es un
enorme pene con punta roma, no un teléfono celular como sostuviera
el profesor del Diploma en la clase de ayer. Es un pene, qué
duda cabe. Significante fálico evidente. Bueno, como cualquier
simbolismo de la omnipotencia. Da igual ¿no le hablé
acaso a mis alumnos del enooooorme poder de las comunicaciones?
Recuerda de pronto que el preservativo no se rompió, su contenido
se derramó entre las piernas de la chica. Su pene estuvo
algo flojo, blandengue. Tiene que reconocerlo...
Portugal, esquina Alameda.
LICORES MITJANS
Lisboa, un vaso de oporto ... un polvo
al aire libre en una noche tibia...
FARMACIA DANIELA
(BAJÓ
EL VIAGRA)
¿Tiene Frontline? ¿Con vaporizador?
Sí.. ¿Y Viagra? ¿Viagra? Viagra... Claro, de inmediato,
bajó de precio... ¡Muéstrenle el Viagra al caballero!.
Está el Viagra/Viagra, el primero que salió, $ 9890,
el más caro
¡Tanto!!! Por eeeeeso le estoy mostrando
estos otros. ¿Y son lo mismo? Que siiiiii, cuestión
de marca no más. Tenemos este otro a $ 4850 y, el más
económico, a $ 1980. ¿Hacen lo mismo? ¡No le estoy
diciendo!. Deme entonces el de $ 1980. ¿Es una sola cápsula?
Claaaaaro, el producto es caro pero bueno. La dama también
lo puede usar si desea
La dama, la dama, la desconocida, a
la que vistió de blanco entre las piernas. No tengo manera
de ubicarla y si pudiera, no lo haría. No quiero saber ¿Para
qué? ¿Si total la cuestión no tiene cura? Para
no contaminar a otros pues, hueón. ¿Qué mierda
hago con la verdad? El test es para los que no tienen miedo. Y los
que no tienen miedo, saben que están sanos. Así, cualquiera.
Mi último gesto, entrar a la farmacia, atreverme. Hace tiempo
que no me funciona bien con la capucha, se me agacha
Cuando
era un Tigre de Bengala, otros tiempos...
La Habana, Paseo del Prado. Mes
de Septiembre, dos de la madrugada. Sobre el pasto, un hombre y
una mujer semidesnudos. Se revuelcan, beben cerveza. Cucarachas
dan vueltas a su alrededor, no las ven, demasiada excitación.
Una de ellas sube hasta el borde de la lata, cae dentro. No escuchan
su zambullida. De pronto, el foco de una potente luz los encandila,
les piden papeles de identificación, los reprenden. Que acaso
no sabe ella - tan experimentada - que eso está prohibido,
que si al joven éste, extranjero, le sucede algo, la única
responsable
que no se puede andar arriesgando la vida así
por una cogida, menos, intentarlo en la vía pública.
¿No pensaron que bandidos pueden golpearlos hasta matarlos?
Haber sido descubierto en flagrante
delito no le da temor ni vergüenza. Menos, angustia. Esa
vía pública no ofrece resistencia. Es suya, pero
también le es completamente ajena.
Primavera, abre la reja, sale de su
casa. Ese día, la seducción. ¿Seducción?
Mentiroso, no es esa la palabra en la que pensaste. Confiesa
derechamente que era amor. ¿Qué puede ser el amor sino
la capacidad de soportar a otro en toda su impotencia? Equilibrio
entre dos precariedades ¿O precario equilibrio? Por eso no
me he casado. Las que han estado conmigo, conocen mi intensidad.
Les doy lo mejor. ¿De qué se quejan? ¿O prefieren
un marido con la baba chorreando sobre la almohada? Le tienes
miedo al amor, reclaman
Al contrario, le tengo tanto respeto
que por eso no lo mato
Detesto caminar por la calle cogido
de la mano con una mujer. Es introducir una barrera entre yo y los
demás, usando a otro como escudo. No quiero separarme tanto.
Suficiente con permitirme volcar la mirada sobre mí mismo
cuando la ciudad se descuida. Quizás la ciudad sea la mujer
que necesito, o la que busco. Cambia tanto, cambia siempre
Disculpe,
¿la calle Príncipe de Gales? no la que está en
"La Reina", una que queda por aquí, por el centro me dijeron
Salvado.
Plaza de la Constitución, se sienta en un banco, observa
el Edificio de la Moneda, ¿lo pintaron hace poco o yo no me
había dado cuenta? Los guardias de palacio parecen cirios
pascuales, tiesos. Noveno cigarro, demasiado para alguien que dice
que no fuma. ¿Me estaré enamorando? La maldita, no me
telefoneó. ¿Y qué te importa si no la necesitas?
¿O si? Psst.. cosita rica
le pasaría la lengüita
por todas partes mijita. La media mina, con ese culo ¿que
otra cosa puede decir el pobre hombre?.
Salvado, nuevamente. Calle Lastarria,
en la barra de un bar. ¿Otra Margarita? Por supuesto.
Mi interés por ella, se
desdibuja lentamente. El tequila es un trago que abate de golpe.
Una sola y única margarita equivale a todo el alcohol del
mundo, provocando sobre mi espíritu un efecto devastador.
Reconsidero cada cinco segundos los juicios que emití hace
tres. Ando con el diario, lo abro. La Tercera, página central:
LA
TERCERA
Sábado 20 de febrero de 1998
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- ¿Aló?
- Sí, diga.
- Llamo por el aviso....
- ¿Cuál de todos?
- El del joven a domicilio...
- Ah!! Diego Men. ¿Lo quiere
con el programa de Cibersexo on line incluído?
- No, no. Sólo el servicio
del muchacho..
- Si utiliza las dependencias
de la agencia, la tarifa es de $ 15.000 por cuatro horas. A domicilio
se encarece el costo...
- ¿A cuánto?
- $ 25.000
- ¿Tanto?
- Se consideran los costes de
desplazamiento...
- Bueno, eeeh...voy a pensarlo
un poco y la vuelvo a llamar. Perdón, ¿por quién
debo preguntar?
- Deborah, señora Deborah.
- Gracias.
- De nada, caballero.
Santiago, verano, esta vez la reja
ofrece resistencia. Cambiarla o echarle aceite, aconsejó
el gásfiter que no arregló la filtración de
agua. Más bien lo intentó o hizo como. Quedó
igual, peor parece. ¿Qué martirizará este día
mi alma? ¿Martirizarla? ¿Y si algo la libera?A ver,
a ver, algo como qué? Como un buen polvo, por ejemplo. ¿Un
polvo? ¿Y con quién si le diste filo a la última
posibilidad que te iba quedando? Obsesivo de mierda, en lo único
que piensas, cachondo. ¿Y qué culpa tengo que el amor
me sea esquivo? A calle Esmeralda por favor. ¿Le molesta la
radio? Siempre le pregunto al pasajero, me gusta que viaje grato
¿Bonvallet? Sí, lo estamos escuchando ¿No le agrada?
Yo, si el pasajero quiere hablar, hablo. Si no, no. Uno tiene que
saber complacer al pasajero. Por ser, la dama, es más reservada.
No hay que molestarla. Al varón, en cambio, le gusta hablar
de política
total esté el que esté, uno
tiene que trabajar igual
Perdone la pregunta ¿Por quién
va a votar usted?
¿Me detengo aquí? Le dejo mi
tarjeta, hago encargos de farmacia, aeropuerto, vendo celulares.
Si viviera con alguien y culiara regularmente andaría tal
vez menos caliente. ¿Y la baba en la almohada? ¿Qué
te hablen cuando no quieres escuchar, como ahora con este huevón
latero? No. Me niego a convertirme en una ameba. Ese horrible monstruo
de dos cabezas llamado ellayél. Hay uno todavía
más feo: Nosotros. Me estoy volviendo amargo, no es
eso, sucede que ando alzado. Y en estos períodos me pongo
idiota sino la deposito en alguna parte. Los animales tienen
períodos de estro o calor sexual, no así los seres
humanos
Mentira, se equivocó la vieja de biología.
Yo si tengo períodos de leva. Estro ¿vendrá
de estrógeno? ¿Gozarán las mujeres chupando picos
o lo hacen porque uno se los pide?. La última, dijo no entender
la fascinación de los hombres por las tetas porque cuando
las tienen entre las manos o en la boca, no las aprovechan. "Pasan
de largo", decía. Como si les tuvieran miedo. Les gusta mirarlas,
acariciarlas en su mente, frotarse la foto de la mina con silicona
por encima del pantalón, pero cuando las tienen ahí,
frente a ellos
Las amasan mal, no las huelen. Ella dijo que
tienen olores, a teta supongo. Un buen chupador puede hacer entonces
que una mujer sensible, se corra sin necesidad de ayudarla con el
dedo, dijo. Quizás sea así, nunca me ha ocurrido.
Me gusta meterla, qué diablos y sólo ahí m'hijita
puede volar hacia donde quiera, ojalá entre sollozos, como
con la que estuve el año pasado. Ella misma lamía
sus pezones. La vi hacerlo, con algo de esfuerzo, no era de goma.
Les daba mordiscos y los bañaba en saliva. Convulsionaba
cuando le pasaba la lengua por la parte posterior de las rodillas.
Tengo que confesar que a veces lamo sin mucho deseo, me doblo como
una vara y quedo con el cuello torcido, aunque me gustan las que
se vuelven locas y dan saltos. ¡Ya basta! no doy más,
la casa está tan lejos
MICROCOSMOS
(Entradas Rebajadas)
Entro. Súbitamente
pierdo el interés por mi zona genital, el aleteo de las abejas
me recuerda las vacaciones que ciertamente nunca más debo
tomar, en el campo. Casi muero de angustia. Miel, ahí está,
carne de cerdo con miel. Para mis invitados del sábado. ¿Cómo
será llenarla de miel entre las piernas? Ya, de nuevo, el
obsesivo.
Santiago, otoño, abre la reja,
sale de su casa. Ese día, nada. Toma la calle. Providencia:
República de Pájaros, así debería llamarse.
Saluda a los choferes de los taxis que se instalan en la esquina.
Uno de ellos le ofrece aceitunas de Azapa, "a $1500 el kilito no
más". Respira hondo, jazmines, buganvillas...Las hojas de
los plátanos orientales se mecen con suavidad, corre viento.
No hay polución, pocos autos, poco ruido. Hoy, simplemente,
mira. Le ha prohibido el acceso a la ciudad, con restricción
también, la incesante máquina simbólica. Perfecta
combinación para aprovechar de ser, por ese único
día, espectador. En la radio del almacén de la esquina
Charly García va De la Cama al Living. La calle Román
Díaz está llena de liquidadoras de ropa interior femenina.
Se detiene en una vitrina,
LLEGARON
COLA-LÉ
Sonríe. Una micro, pasa. Escrito
con pintura blanca en el vidrio trasero: Adiós Colega
y Amigo Sixto Tapia, el "Guataeleche" . Q.P.D.
Vuelve a sonreír.
Ahora, un cortejo. Funeraria
Amor de Cristo, un solo auto acompaña la carroza.
En su interior, tres mujeres macizas conversan distraídas.
Piensa en el dicho, A nadie le falta Dios.
No se aplica, en este caso.
Sonrie.
Está cansado, la noche
anterior se durmió tarde. En la oficina dijo que estaría
en su casa redactando el informe que tiene pendiente. No tiene que
ir, ya está avisado. Se devuelve, parece contento. Abre la
reja, entra a la casa. Se desnuda, hace calor, se recuesta en la
cama con placer. En la radio del taxi estacionado frente a su puerta,
Doménico Modugno patea la ciudad.
Se duerme.
(...)
Esta ciudad no existe para mí
y yo no existo para ella
allí, en ese punto en
que los tiempos convergen
bajo la especie de la Duración.
Existe para mí, en cambio,
en la medida en que logro
destemporalizarla
desalojarla, por unos contrasegundos,
de la convención que
marca el reloj
con sus pasitos de gato en la
rutina del living.
(...)
(Enrique Lihn)
La Ciudad:
¿Un texto?
La ciudad, lugar de salvación
del habitante (con) sumido. Actividad reflexiva que lo enaltece
y lo atormenta. Lo enaltece en la medida que le ayuda a escapar
de la alienación que una necesidad de homogenización,
impone a la conducta de quienes habitan la ciudad moderna. El aspecto
torturante del inagotable flujo de su conciencia, se vincula con
la imposibilidad de su pensamiento de detenerse. Es ahí donde
emerge con fuerza aquello que la ciudad ofrece como experiencia,
imagen y discurso, vistos, ahora, como elementos que lo sustraen
de otra forma de sometimiento aún más compleja de
la que no puede huir: la sujeción a unas interrogantes permanentes
acerca de la existencia humana, en particular, la suya. El campo
u otro entorno natural menos habitado o animado que la urbe, parecen
los escenarios ideales para que el hombre de la ciudad se reencuentre
consigo mismo. Sin embargo, este paisaje idealizado resultaría,
en este caso, contrario a la aspiración de encontrar alivio,
siempre pasajero, a la agitación. Nuestro filósofo
urbano accedería a una paz provisoria precisamente en la
operación contraria: desprenderse de sí mismo. Oscilar
entre la apertura a la muchedumbre, dejándose sacudir y estructurar
por ella y el corte con el exterior mediante el arte de sobre
poblar su mente de ideas, sin ser absorbido completamente por ninguno
de estos polos. Ello le permite sostener un cierto equilibrio, escapar
de la locura, rechazar la invitación al suicidio. El pensamiento
se hace trayecto, el trayecto se hace pensamiento. La ciudad introduce
múltiples rupturas en su monólogo interno. Los hechos,
a mitad previsibles a mitad imprevistos, se vuelven insoslayables.
Sólo un loco puede permanecer inmutable frente a ellos. Sólo
el suicida es incapaz de perfilar sus contornos. El suicida es un
muerto. El, en cambio, está vivo. Y cuerdo. Lo urbano, con
sus posibilidades expresivas se impone sobre quienes pueblan este
espacio, abriendo (o cerrando) límites a la subjetividad
de cada individuo. Podríamos sostener que la interioridad
de nuestro protagonista, funciona a la manera de un texto. Particular
y móvil versión de lo que, como en una banda de Moebius,
transita de un lugar a otro sin abandonar la cinta, recorrigiéndose
a sí mismo, interrumpiéndose, cortándose, desvaneciéndose...
Desde dentro hacia afuera y desde afuera hacia adentro. La ciudad
es el afuera, siempre. Los personajes de la ciudad, no sólo
los seres animados, sino también: edificios, avenidas, monumentos,
paneles publicitarios, se apoderan de la pluma (¿o de la mano
que la guía?) para intervenir lo ya confusamente hilvanado.
¿A quién pertenece el texto finalmente? ¿Al hombre
o a la ciudad? ¿O es una obra de ambos? Siendo la ciudad una
obra del hombre, ¿podríamos pensar que ella, sin ser
una matriz creadora en sentido estricto, hace posible la generación
y la circulación de las palabras? Si el individuo es un ser
de palabra, el único, además, ¿no será
acaso la ciudad responsable de su creación?. Asumiendo
entonces que la interioridad de este habitante funciona como un
texto, en cuya elaboración la ciudad tiene una participación
fundamental, la única promesa de verdadero "descanso" sería,
en consecuencia, otra ciudad. Una ciudad distinta introduciría
la expectativa de una escritura desconocida y la frescura de las
imágenes proporcionarían al filósofo urbano
la sensación de ser otro. Un nuevo escrito comienza,
de este modo, a ser formulado y la mirada primigenia de los paseantes
lo provee, de súbito, de otro cuerpo, de otro rostro.
Voy por las calles de un Madrid secreto
que en mi ignorancia sólo
yo conozco:
nadie que lo conoce lo ve así
ni en su ignorancia ignora lo
esencial.
Ariadna - mi memoria laberíntica
-
me tiende el hilo de su pobre
ovillo
hecho de telarañas hilachientas.
Creo ver lo que vi: es una creencia
y de improviso, es cierto, lo
estoy viendo
pero en otro lugar. Y ¿por
qué en otro?
más bien todo en un sitio
sin lugares
ni estables perspectivas ni,
en fin, nada.
La ciudad es hermosa ciertamente
pero debo inventarla al recordarla
No sé que mierda estoy
haciendo aquí
viejo, cansado, enfermo,
pensativo.
El español
con el que me parieron
padre de tantos vicios literarios
y del que no he podido liberarme
puede haberme traído a
esta ciudad
para hacerme sufrir lo merecido:
un soliloquio en una lengua muerta.
(Enrique Lihn)
...
AMAR
Ana María Alvarez
R. escribe y vive en Santiago de Chile
Sobre Santiago,
ver café de las ciudades número 3.
presentación
comienzo de la nota
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