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por Verónicka
Ruíz y Carmelo Ricot

Dicen que llegó temprano
en la mañana. Había manejado por mas de 14 días,
cruzando paisajes que parecían de una fiesta acabada
hacía años, resaca de perversiones y borracheras
tristes (una fiesta melancólica a la que llegas sabiendo
que te arrepentirás). Le habían dicho que detrás
de las montañas, y sí que las veía, pero
por más que se acercaba nunca parecía alcanzarlas.
Pero el viajero supo que
ya no podía regresar, que las palabras murmuradas por
una vieja que vendía pepitas en un callejón
del deéfe, detrás del mercado de La Merced,
llévelas mi bien, llévelas, una vez fueron
perlas, pero todo se desvanece, sabe usted? Todo, la calle
esa que llaman de los placeres, ya no esta aquí, ya
no, solo queda por allá, detrás de las montañas
, ese que llaman territorio. Fue la primera vez que escucho
sobre ese lugar, para algunos fantasía y para otros
realidad muerta.
Y entonces estos días
parecían meses sin posibilidad de retorno. Sin siquiera
pensarlo, supo que no le importaba morir en el intento por
rasguñar una realidad escurridiza, efímera (en
fin, inexistente).
Una mañana, un sol
morado se elevó por detrás de un relieve ondulado,
imperfecto, infinito. Fue entonces cuando el viajero se vio
ante lo que llamaban Territorio.
Los horizontes revelaban
inauditas geografías
corpóreas, no tanto en la homologación de la
anatomía humana con los accidentes geográficos
(que también la había), sino en el efecto erótico
y sensual de paisajes y recorridos. Descartó esas metáforas
simples de tetas y colinas, de sexos, penínsulas y
golfos, pensó en los mitos paralelos de la Pachamama
o la madre Juno, en la arquitectura parlante de la Revolución
Francesa, en extrañas cosmogonías previas a
la Historia, en aquellos lugares de la ciudad donde según
Bataille se concentra la disipación de la energía
excedente, en el Van Gogh de Kurosawa perdiéndose entre
trigales. Con asombro, con inquietud, sintió que tal
experiencia superaba cualquiera de esos conceptos.
Muchos, antes que el, fueron
atrapados por el Territorio, y muchos lo fueron después,
pero (y esta es uno de los atributos del Territorio) el sintió
hasta el final que solo eran suyas esa inocencia aparente
de la percepción, esa visión permanente de primera
vez.
Cada cuerpo era un nuevo
espacio por explorar. Los mapas se multiplicaban con cada
descubrimiento de una nueva zona de placer. Cuerpos de todos
colores: húmedos, que creaban relieves multicolores,
otros secos por el viento que venía del norte, cuando
crecían las aguas, una materia laxa y fluida como esperma
cayendo entre el vello y la piel, piernas cerrándose
crispadas sobre espaldas en movimiento, manos que acomodaban
nalgas en coitos furtivos.
Todo convertía a
la cartografía en una de las ciencias más importantes:
el orden riguroso de los mapas era imprescindible (si había
quienes se perdían por semanas en un cuerpo, en un
rostro, en un grito...). Muchedumbres recurrían a las
mapotecas, donde quedaban embelesados con nuevos mapas, y
volvían a perderse en otros territorios. Era una verdad
no escrita, pero no había salida.
No había diferencias entre
relieves de cuerpos y cerros, tal era asi que en las grandes
tolvaneras volaba grava, y cuerpos que continuaban sus revolcones
sobre la tierra en el aire, y se confundían con las
nubes que también se confundían en abrazos.
Decían que más
de un viajero había muerto entonces en Extasis.
Las leyes de migración
eran benignas, aceptaban extranjeros de todas las regiones,
y así las migraciones eran cosa de todos los días,
había quienes decidían quedarse a vivir en los
territorios a los que llegaban, y formaban burgos, y luego
ciudades.
Los movimientos del cuerpo
eran suaves, nada parecidos a terremotos de otros mundos,
aunque algunas veces se movían con desesperación
y placer y los nuevos habitantes eran expulsados a otros cuerpos,
los más fieles regresaban y se acomodaban en los valles,
cerca de ríos y de humedales.
Las carreteras unían
un territorio con el otro, una ciudad con otra, un éxtasis
con otro, un narrador con otro. Las carreteras eran los lugares
mas poblados, lugares de intercambio, de diseño de
nuevos itinerarios. De encuentros, de cambio de compañeros
de viaje. Impulsaban vectores, que creaban nuevas carreteras.
Había otros vectores,
en cambio, que unían cuerpos y partes de cuerpos en
configuraciones variables de acuerdo a la distancia entre
los sujetos y a las partes conectadas (vectores cruzados entre
la cabeza de un hombre y el sexo de una muchacha a 5.000 kilómetros
de distancia, dos pares de ojos a 50 metros, unos pies y una
cabeza a 3 metros, y así en todas las formas y combinaciones
imaginables, sin olvidar el color variable de los vectores,
que indicaba deseo, nostalgia, ternura, malicia, etc., e incluso
con variaciones en el tiempo entre distancias, colores y sujetos).
El tránsito era
el estado normal de esta vida. La circulación en carreteras,
cuerpos, ríos.
Las reglas de edificación
eran otro tema: estaban prohibidos los edificios de altura
en ciertos sectores de la ciudad. Un sociólogo había
hecho una investigación a pedido del Ayuntamiento libre
de una de las ciudades, y había llegado a esta conclusión:
que mientras las residencias de una planta invitaban a la
observación, creaban una comunicación fácil
entre el afuera y el adentro (yendo incluso más allá
de los conceptos de Barragán), los edificios de altura
invitaban, incitaban, a la intervención, a la invasión,
a introducirse en los espacios que mezclaban las oscuridades,
las tinieblas, los diferentes planos de encubrimiento, las
siluetas en movimiento. Eran además los mas caros.
Las escaleras mecánicas
eran las propulsoras del deseo, un auténtico sistema
de poleas desparramado por todo el territorio. El problema
era cuando algunas de las escaleras se descomponía
y más de uno quedaba atorado en un evento orgásmico.
Las ambulancias no daban abasto y eran mas los que perdían
el sentido del oído por la cantidad de sirenas que
rayaban los cielos, los vacíos, una ocupación
desmesurada de los espacios sonoros.
El transporte público
era uno de los pocos servicios rigurosamente reglamentados,
no tanto para ordenarlo como, por el contrario, para permitir
la más anárquica variedad imaginable de movimientos
y retornos.
El diseño de las
casas, no importa fueran de trabajadores como de literatos
e intelectuales, seguía en todos los casos las mismas
pautas, lo cual convertía al placer en un bien democráticamente
distribuido entre los habitantes, tanto nativos, como nuevos
migrantes al lugar.
En el Forum de Barcelona del
2004, la Conferencia sobre Migraciones contó con una
videoconferencia del Dr. Lucretius (Secretario de Cultura,
Urbanismo y Salud del Territorio), que expuso los principios
y mecanismos que garantizan la distribución igualitaria
del placer:
"Se que parecerá
grosero - dijo - hablar de igualdad y de enorgullecernos
de vivir en un territorio donde garantizamos a cada minuto
su porción de placer a cada uno de nuestros habitantes.
Nuestro territorio es de puertas abiertas, todos son aceptados
y todos reciben el mismo tipo de tratamiento como ciudadano.
Claro, es difícil encontrar el Territorio en los mapas
que circulan en bibliotecas, mapotecas y librerías.
Pero ustedes no saben lo que significa para nosotros, habitantes
del Territorio, caminar por las calles entre experiencias
banales, sublimes, peligrosas, excitantes, calientes. El Erotismo
asoma y gobierna en cada gesto de la vida cotidiana. No hay
sueños, la gente no sueña. O como sostienen
algunos, no hay despertar del deseo y de su concreción
permanente.
No
hay parques, por ejemplo: cada pubis se transforma en parque
ante el deseo de los amantes, la gente chinga en el pasto
y quedan con la piel picante, luego de acabar se lavan entre
ellos y ríen como niños. Los primeros amores
de los adolescentes ocurren en las calles, a la manera de
los cínicos de la Edad Clásica. Los perversos
mantienen su castidad hasta bien entrada su madurez, y limitan
su sensualidad a la que permiten los largos recorridos y promenades
por las recovas de la ciudad central, los restos de la muralla,
los restaurants que bordean el puerto y el estadio frente
a la favela.
Los
libros son experiencias holograficas, que se crean por la
distribución y posición de cuerpos, sonidos,
gestos en las calles y lugares cerrados. Esto ha permitido
eliminar el analfabetismo en todo el territorio.
¿que
clase de sabios e intelectuales orgánicos hay en el
territorio? Hay desde quienes diseñan sistemas de autoayuda
(como las mil y una rutas para facilitar la locura de los
amantes), hasta juegos estadísticos que exploran el
máximo numero de combinaciones en el quitado de ropas
en una primera cita de cincuentones, sin olvidar los tratados
de epistemología que relacionan el avance de un cuerpo
sobre otro con la experiencia mística de la suspensión
del tiempo.
Quienes
proponen, en este contexto, la construcción de una
biblioteca tradicional, solo pretenden retrasar la evolución
del deseo en el territorio. Si bien la propuesta ha sido presentada
al Consejo de la ciudad con la supuesta intención de
incentivar la lectura en los habitantes, su aprobación
no significaría mas que un despilfarro del dinero del
contribuyente. Además, tendrá que competir con
otras necesidades mas urgentes, como la apertura de un lavadero
automático y de una gallera, que ya están previstos
en el presupuesto del próximo año.
El
diario local, no tiene
periodistas, estos han sido reemplazados
por ciudadanos que se reúnen en sus salones para comentar
las novedades del día, y hasta dicen que hay quien
va a ligar o a conseguir marido.
El propio concepto de noticia está
en crisis, porque como todos saben no hay pasado ni futuro,
en realidad hay quienes piensan que es la habladuría
fácil de una prostituta de Amsterdam, que cuenta estas
historias para engatusar a los clientes. Le han preguntado
la edad, y ella rie: ¡Ay
corazón, si te dijera creerías que todo lo que
te dije es una mentira y es la puritita verdad mientras que
así te quedará al menos la duda!".
Llegado a este
punto la transmisión se cortó misteriosamente.
El organizador de la conferencia fue despedido, y la versión
más creíble supuso una falsa transmisión,
organizada por hackers enfrentados al gobierno del Territorio
(o tal vez una maniobra distractiva de una facción
interna). El Ayuntamiento pensó en quejarse discretamente
ante el Consulado, hasta que el encargado de relaciones internacionales
advirtió que el Territorio carecía de representación
diplomática en Europa.
El mes pasado visité
Amsterdam y conseguí
los datos de la puta. Los dineros de la Fundación G.
sirvieron para hacerla entrar en confianza, y una buena cena
en uno de esos restaurants indonesios sobre los canales hizo
el resto.
La insolencia de mis avances
se topó con la insolencia de la mujer, que no dejaba
de manipular los cubiertos como extremidades. Sabia que cada
una de mis miradas eran la excusa para que la mujer hiciera
sus cálculos de cuanto quería saber y cuanto
mas dinero podría sacarme.
Según la mujer,
el error de los investigadores es suponer un carácter
antropomórfico del paisaje (aunque repito, algo de
eso hay), o su efecto afrodisíaco. El verdadero secreto
es la voluntad de las gentes que lo recorren por experimentar
un goce erótico del territorio. Los movimientos y fluires
no son más que un estado de conciencia, incompleto
y vacilante, propia de la experiencia sexual, trasladada a
la fruición topográfica.
Viví en mi infancia
en una ciudad surcada por acequias arboladas: un tío
de visita me habló del equilibrio entre las acequias
(cóncavas, vaginales, húmedas) y la exhaltación
fálica de los árboles. Mientras escuchaba a
la mujer, recordé esas teorías de mi tío,
y también las zonas mentales
donde se perdían los personajes de Solaris, pero más
que nada, disfruté del nasi gorenc y
el buen Brunello de Montalcino. Pronto se hizo de noche y
regresamos al hotel. Escribí a la mañana siguiente
un informe a la Fundación, donde relativicé
las palabras de mi informante, y les aseguré que solo
quedaba seguir la pista mexicana, la de la calle de los placeres,
y pedí nuevos fondos.
Pensé en el movimiento
de los pechos de las Marías azotando maíz para
hacer las tortillas del mercado de La Merced, recordé
la mirada de mi amiga al deslizar sus dedos por la espalda
cobriza del oficinista a la salida del metro en la estación
Zócalo, en los cuerpos, constantes, con desenfado,
avanzando por la calle de Moneda, en los olores de las horchatas,
las fresas suspendidas en el movimiento de las aguas de frutas.
Si, quizás allí estaba la entrada al territorio.
VR y CR
Veronika Ruíz
es guionista de cine y vive en Los Angeles. Nació en
México, estudió geografía en Amsterdam
y psicología en Copenaghe. Carmelo Ricot es suizo y
vive en Sudamérica, donde trabaja en la prestación
de servicios administrativos a la producción del hábitat.
Dilettante, y estudioso de la ciudad, interrumpe (más
que acompaña) su trabajo cotidiano con reflexiones
y ensayos sobre estética, erotismo y política
(ver su
nota
sobre Roma
en el número 3 de
café
de las ciudades,
y su paradigma
de la almeja en el
número 6). En los próximos días lanzarán
un emprendimiento digital, del que solo nos han adelantado
que estará destinado a "la construcción y
el perfeccionamiento del deseo". y que el texto que publicamos
constituye una primera aproximación. Los interesados
en explorar ese "territorio" pueden comunicarse
con los autores por
correo electrónico a café
de las ciudades, que además
avisará oportunamente a sus lectores de la apertura
del sitio.
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de la nota
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