
Los
enfoques más innovadores de la movilidad urbana superan en la
actualidad la visión aislada del transporte que caracterizó
algunas décadas atrás a la planificación mecanicista. Como estructurante
de la ciudad, el área
destinada al movimiento de las personas y las cargas constituye
el espacio público por excelencia y define la ciudad contemporánea.
La publicación de dos libros sobre el tema, en Europa y en Latinoamérica,
coincide en su consideración desde estos enfoques integrales.
Sobre la movilidad
en la ciudad, de Manuel Herce,
incorpora desde su mismo subtítulo la idea de derecho
ciudadano aplicado a la cuestión. ¡Ganar
la calle!, dirigido por Andrés Borthagaray,
rescata la conformación física, el diseño urbano de la vialidad,
como un factor esencial de urbanidad. Ambos coinciden en la
asunción militante de la visión integradora, basada además en
el respeto a las preexistencias de la ciudad; al decir de Herce,
“El discurso de la producción
constante de nuevas infraestructuras, y no de la gestión más racional de las existentes,
es claramente falaz, porque, en el extremo, resulta imposible,
y no conveniente, la creación de un territorio absolutamente
isótropo y homogéneo. (…) únicamente con la concentración urbana
y con la densidad de ocupación del suelo puede alcanzarse un
nuevo modelo de movilidad que atienda a las necesidades de todos
los ciudadanos, que descanse sobre formas
menos costosas y más saludables de desplazamiento”.

En el caso de Herce, su libro sostiene como
base de una política de movilidad un verdadero giro copernicano.
En las antiguas (pero aun aplicadas) políticas de demanda, se
procura satisfacer mediante la provisión de infraestructuras
unos requerimientos estadísticos
que la propia respuesta distorsiona y modifica (“un grave error conceptual: pensar que la localización
de las actividades no dependerá de la forma y dimensionado de
las redes de transporte”). Herce
postula la necesidad de un enfoque
de oferta, en el cual el hecho de privilegiar una u otra
forma de desplazamiento es lo que define el comportamiento temporal
y espacial de la demanda. Esta respuesta, además, altera la
base económica especulativa de las políticas de dotación de
infraestructuras, las más de las veces vinculadas a la generación
de plusvalías inmobiliarias, “sobre el territorio periférico de la ciudad,
siguiendo un modelo que produce profundas diferencias espaciales
en el acceso a los servicios. Es un modelo que siempre culmina
en que los ciudadanos de las periferias están obligados a pagar por servicios
que son gratuitos o más baratos para los ciudadanos de los centros
urbanos, incrementándose así, frecuentemente, las diferencias
en su renta percibida”.
Para
Herce, no está lejos el día en que
el automóvil privado quede por completo excluido de la movilidad
en el centro de las ciudades. En tal sentido, “el objetivo fundamental de un plan de movilidad urbana es que la gente vuelva a caminar para desplazamientos
cortos y use el transporte colectivo para desplazamientos más
largos”.
Su
libro constituye un verdadero manual disciplinario; aporta una
reflexión estimulante y muchas veces provocadora y plantea soluciones
concretas sobre los distintos modos involucrados y, lo más importante
desde el punto de vista de la posición que sostiene el autor,
para su interacción entre ellos y para las formas de gestión y operación: “la solución
al problema pivota sobre la coordinación de modos, y esa intermodalidad será eficaz si se piensa desde los requerimientos
de los modos presentes y desde la eficacia y el coste del transbordo, es
decir, del uso combinado de diferentes sistemas de transporte”,
en un contexto de “pacificación” del tránsito. “El
objetivo no es el plan, sino la gestión del proceso que con
el comienza”.

Por
su parte, la recopilación de Borthagaray analiza la relación
entre tejido urbano, diseño de la calle y espacio público
en 11 ciudades latinoamericanas: La
Habana, México DF, Bogotá, Quito, Lima, Santiago,
San Pablo, Río de Janeiro, Curitiba, Buenos Aires y Montevideo.
Como sostiene François Ascher
en la introducción, “La
cuestión de la distribución de la calle, con su doble objetivo
de unificar, pero también de separar, se plantea entonces con
una agudeza creciente y bajo nuevas formas, por lo menos en
parte, dado que cada situación, cada lugar y cada momento deben
ser objeto de soluciones específicas, inscriptas en soluciones
a gran escala”. Al igual que el libro de Herce, ¡Ganar la calle! resulta extraordinariamente didáctico,
en especial por la excelente idea de incluir cortes transversales
de todas las calles presentadas en el volumen. Puede así observarse
la conformación de la espacialidad
urbana en ejemplos tan diversos como la Rambla montevideana, la carioca Avenida Atlántica
y el Malecón habanero, las grandes y anodinas vías expreso como
el Paseo de la República de Lima
o la autopista Vespucio de Santiago,
calles tradicionales como la San Francisco
de Curitiba, avenidas republicanas como la 18 de Julio o el
Prado y hasta pequeñas callecitas de barrios humildes como el
barrio Patio Bonito de Bogotá o las poblaciones santiaguinas.
Escala, ritmo, unidad,
diversidad o desorden, mobiliario, relación con la naturaleza
y conformación del paisaje urbano quedan así definidos en un
verdadero catálogo de situaciones, muy útil para la comparación
proyectual Es también
remarcable el interés de las excelentes fotos incluidas, la
presentación de las diversas ciudades estudiadas, los textos
de Margareth da Silva Pereira y André
Urani y la entrevista al intendente
rosarino Miguel Lifschitz.

Ambas publicaciones cubren realidades distintas desde una misma matriz
técnica y cultural de la movilidad. Al decir de Herce,
lo que está en juego “es
la satisfacción de las necesidades de conexión, que incluyen
motivos muy variados y con alteración frecuente de su expresión
espacial y temporal”, un modelo absolutamente diverso del
que promovió el capitalismo fondista, la ciudad del zoning y las vialidades monofuncionales.
En el desarrollo de un plan de movilidad urbana “ descansa gran parte de las posibilidades de alterar el modelo disperso y de despilfarro de recursos propio de
la construcción de la ciudad contemporánea” y, como advierte
Ascher, “En ese contexto,
los expertos del urbanismo y de los transportes ven que su rol
se modifica: no se habla más de encontrar “la” solución, sino
de poner sus competencias al servicio de negociaciones entre
los diversos actores, para ayudar a la construcción
de compromisos aceptables por el mayor número posible, articulando
intereses locales y el funcionamiento del conjunto del sistema
urbano”.
MC
Sobre
la movilidad en la ciudad - Propuestas
para recuperar un derecho ciudadano, de Manuel Herce,
Prólogo de Gabriel Dupuy, Edición
de Jorge Sainz, Editorial Reverté,
Barcelona, 2009, 328 págs. 16.5x24.0 cm. ISBN: 9788429121186
¡Ganar
la calle! - Compartir sin dividir. Idea, dirección editorial
y compilación de Andrés Borthagaray.
Una iniciativa del Institut pour la
ville en mouvement,
auspiciado por la Sociedad
Central
de Arquitectos. Infinito, Buenos Aires, 2009, 160
págs. 22x22 cm. ISBN: 9789879393635
Sobre
movilidad urbana, ver también en café
de las ciudades:
Número
9 | Economía
La
gestión de la movilidad | Conferencia
ECOMM 2003 en Karlstad, Suecia | Lucas Gallak
Número
44 | Tendencias
El
movimiento en el corazón de la modernidad |
La urbanidad latente en los espacios del desplazamiento. | François
Ascher
Número
63 | Planes de las ciudades (I)
El
derecho a la movilidad y la adaptación del espacio público
| De los modelos tradicionales de demanda a la planificación
integrada del transporte | Manuel Herce
Vallejo
Número
68 | Movilidad de las ciudades
“El
tiempo perdido es parte de tu vida” | El reclamo
por los carriles exclusivos para el transporte público en Buenos
Aires | Marcelo Corti
Número
82 | Política de las ciudades (I)
El
Parque Central y los túneles de la 9 de Julio en Buenos Aires
| Supuestos y realidades alrededor de un anuncio | Andrés Borthagaray