Ganar
la calle (I)
Arte y protesta política en la recuperación del espacio
público.
|
|

Las calles de muchas ciudades del mundo
son actualmente escenario de operaciones políticas, sociales
y culturales, que las vuelven a proponer como el lugar por excelencia
de los proyectos colectivos. Puede tratarse de una explosión
del arte en las calles como mecanismo de promoción urbana
(alternativo al Guggenheim de turno), o un improvisado baile callejero
como forma de protesta social; de exploraciones interdisciplinarias
sobre el nuevo significado de las ciudades en nuestra época,
o de provocaciones destinadas a irritar a burguesías y gobiernos.
En algunos casos, las administraciones procuran con estas actividades
revitalizar determinados sectores de ciudad; en otros, son "tribus"
o subculturas urbanas las que organizan sus festejos al margen de
la legalidad oficial. Y en un rasgo de ambigüedad que caracteriza
a todos estos sucesos, encontramos que sectores políticamente
contestatarios realizan sus manifestaciones incorporando criterios
artísticos de vanguardia, o bien que las mismas vanguardias
pelean directamente en las calles por su legitimidad cultural.
No se trata de manifestaciones políticas en el sentido tradicional,
ni de festividades urbanas oficiales de vieja o nueva data (como
una fiesta patronal o el Forum
de las Culturas del 2004 en
Barcelona). Son experiencias callejeras, en algunos casos
difíciles de definir, con una gran componente de espontaneidad,
y que en general poseen algunas de estas características:
- Se desarrollan en áreas
centrales de la ciudad, incluso en lugares degradados o abandonados
por la expansión hacia las periferias, y en muchos casos
sin autorización oficial.
- Tienen un fuerte contenido de
reivindicación del espacio público para
uso y fruición de la sociedad.
- Generalmente están organizados
por colectivos o alianzas sociales muy heterogéneos y
de muy reciente formación.
- Mezclan, en general, protesta
política con alguna forma de vanguardia artística:
las celebraciones artísticas tienen un fuerte contenido
de protesta y crítica social, las manifestaciones políticas
toman la estética de algunas vanguardias o subculturas.
- Reivindican la libertad y espontaneidad
del cuerpo, a diferencia de las férreas disciplinas
y estrictas coreografías de las grandes manifestaciones
de masas o de las fiestas urbanas tradicionales.
- Last, but not least, no
solo suceden "en la ciudad", sino que la ciudad, la calle misma,
es un tema central de la protesta o la experiencia artística
realizada: la ciudad misma se convierte en una estética
y en una práctica cultural, la calle se considera
como instrumento artístico, como una forma de arte en
si misma.
Asistimos entonces, tanto desde la
militancia más radicalizada como en las versiones "marketineras"
de la festivalización urbana, a un interés renovado
por la calle como escenario social, político y cultural.
La vertiente política
de esta recuperación se caracteriza por la reivindicación
de la lucha colectiva directa, frente a la mediación y la
manipulación de los "mass media". A las encuestas,
a las cadenas informativas, a la difusión universal de slogans,
mitos y consignas del poder, se opone la presencia corporal de los
sujetos de la acción militante. A la privatización
de la política y la vida social, la reivindicación
directa del espacio público. Un grafitti de Buenos Aires
dice "la prensa es del capital, las calles son nuestras".
No por casualidad, la calle más que la plaza: a la plaza
se va a escuchar el discurso del líder, en la calle se manifiesta
y se pelea. Y para recrear ese carácter político de
la calle, los activistas proponen recuperarla de sus grandes
invasores: el automóvil, básicamente, pero también
la publicidad que la ocupa con mensajes consumistas (que muchas
veces reciclan y tergiversan los propios mensajes originales de
la calle).
En buena medida, estas concepciones
son herederas del situacionismo, el movimiento radical artístico,
político y urbanístico que entre 1957 y 1971 produjo
manifiestos, filmes, utopías urbanas y otras experiencias
con el rótulo de la Internacional Situacionista. Uno de sus
líderes, Guy Debord, decía en el Documento Fundacional
del movimiento que "nuestra idea central es la construcción
de situaciones, es decir, la construcción concreta de
ambientes momentáneos de la vida y su transformación
en una calidad pasional superior". Y sostenía a renglón
seguido que "el arte integral, del cual se ha hablado tanto,
no puede realizarse más que a nivel del urbanismo". Los
situacionistas tuvieron una actuación destacada en el Mayo
francés del '68, uno de los antecedentes más claros
del fenómeno que estamos analizando. Pero no el único:
en su cuento "Tema del traidor y del héroe", Borges menciona
por ejemplo las Festspiele de Suiza, "vastas y errantes
representaciones teatrales, que requieren miles de actores y que
reiteran episodios históricos en las mismas ciudades y montañas
donde ocurrieron". El gran escritor aventura en el relato una
representación irlandesa del Julio Cesar utilizada para camuflar
una operación política de castigo a un traidor. Y
Richard Sennet refiere en "Carne y Piedra" las celebraciones
revolucionarias francesas,
puestas en escena por artistas como David y Quatremere de Quincy.
Performances, situaciones y representaciones callejeras, que reafirman
la vieja idea de la calle como teatro: en la sala que construyó
para Vicenza, Palladio ya proponía distintos tipos de calles
como otros tantos escenarios de representación.
Una especie de manifestación
artística:
Quizás el ejemplo más
claro de esta tendencia, y en buena medida precursor de la lucha
contra la variante neoliberal de la globalización, es el
grupo Reclaim
the Streets (Recupera las
calles), muy bien descripto por Naomi
Klein en No Logo.
Las acciones de RTS comenzaron en 1993, con la protesta por la desaparición
de Claremont Road, una tranquila calle londinense, para permitir
la ampliación de una autopista. Los activistas la ocuparon
y la convirtieron en la calle más creativa y festiva de la
ciudad hasta el momento de su destrucción en 1994.
Desde 1995 RTS organiza fiestas espontáneas en las calles
más concurridas y las esquinas más importantes de
Londres y de otras ciudades. El lugar del encuentro se mantiene
en secreto hasta el día de la celebración, en que
se difunde principalmente a través del correo electrónico.
Antes de comenzar la fiesta, un camión con altoparlantes
estaciona cerca del lugar, y entonces se finge un incidente de tránsito
o cualquier excusa para cortar la calle. Al instante se levantan
pancartas con consignas como "respire", "prohibidos los automóviles",
"recuperemos más espacios", comienza a sonar la música
y se desata una especie de carnaval con zancos, tambores,
juegos infantiles, juegos de voleibol, piscinas inflables, lanzamiento
de frisbees, etc. En una oportunidad, los militantes llegaron
a perforar el pavimento y plantar arboles en el medio de una concurrida
autopista londinense. Finalmente, sostienen "es en las calles
donde el poder debe ser disuelto: porque las calles donde
soportamos, sufrimos y nos desgastamos por la vida cotidiana, y
donde el poder es enfrentado y resistido, deben ser transformadas
en el lugar donde la vida cotidiana sea disfrutada, creada y nutrida".
RTS es una heterogénea e
informal coalición que incluye DJ´s experimentales,
militantes anticorporativos, cultores del New Age, ecologistas radicales,
y todo un espectro de "subculturas opositoras que reivindican
el derecho a disponer de espacios no colonizados para vivir y reunirse".
Los militantes exigen ante todo una mayor cantidad de espacios no
comercializados en las ciudades: RTS intenta, en definitiva, mostrar
una visión alternativa de lo que podría ser la sociedad
si se liberara del control del comercio. Según uno de sus
miembros más destacados, no tratan de usar el arte con fines
políticos, sino de transformarlo en un instrumento político
práctico. RTS se autodefine como una desorganización
participativa. Tal ambigüedad desconcierta a los propios
policías, que muchas veces se encuentran descolocados ante
el carácter del acontecimiento que enfrentan. En mayo de
1998, durante la primera fiesta global, un policía de Toronto
decía a través de su radio: "esto no es una protesta,
es una especie de manifestación artística". En otras
ocasiones, los mismos policías colaboraron para colgar guirnaldas
o colocar los equipos de sonido.
Según Klein, "las confrontaciones
deliberadas de las fiestas callejeras reúnen la sinceridad
previsible de la política con la ironía divertida
del Pop" y "superan la concepción de la protesta política
predecible en sus consignas y enfrentamientos".
RTS no es solo una protesta contra
el automóvil, que es un símbolo de la pérdida
de la calle como espacio social, sino una crítica más
amplia de la sociedad, que aspira a recuperar espacios para el uso
común. Sus activistas señalan la amarga paradoja
implícita en que la publicidad se apropie, como lo hace,
de la cultura de las calles. La misma cultura que la legalidad
reprime al prohibir los conciertos alternativos y perseguir a los
autores de graffitis, a los performers del arte urbano y
a los mendigos (Manu Chao se queja de las administraciones que le
piden que de conciertos gratis, pero luego echan a los músicos
de la calle; en Buenos Aires, cadenas de comida a domicilio e insecticidas
utilizan actores disfrazados, a la manera de los malabaristas que
hacen su número en el período en rojo de los semáforos
en las esquinas). El RTS no plantea una ideología antiurbana
ni un escape de la ciudad (como los hippies que se instalaban en
comunidades rurales o los yuppies que huyen a las urbanizaciones
de la periferia), sino que "orienta el deseo de entretenimiento
y de fiesta y lo canaliza, convirtiéndolo en un acto de desobediencia
civil que también es un festival".
Ya en 1997 RTS había organizado fiestas en Sydney, Helsinki
y Tel-Aviv. Sus activistas comenzaron entonces a mezclarse con otros
movimientos de intereses similares, como por ejemplo las marchas
ciclísticas Critical
Mass, comenzadas en San Francisco
en 1992. Se trata de la concurrencia de miles de ciclistas a calles
de mucho tránsito, formando una masa crítica que impide
la circulación de automóviles. Ante las protestas,
los militantes sostienen que "nosotros no interrumpimos el tránsito:
somos el tránsito".
La alianza de todos estos movimientos confluyó en la primera
fiesta global (16 de mayo de 1998), que tuvo especial suceso en
Sydney. Según Klein, la fiesta australiana "no tuvo el
auspicio de Levi´s, Revlon ni Pepsi, que hacen posible Lilith
Fair, pero fue un éxito, con
mucho bullicio y frivolidad". Aunque
en algunas ciudades derivó en incidentes, la fiesta callejera
global "demostró que existe posibilidad de organizar una
respuesta global a la pérdida de los espacios públicos,
y recuperar esos espacios de manos de las marcas", que los ocupan
con publicidad y operaciones de marketing.
Un año más
tarde, el 18/6/99, se celebró la segunda fiesta global, en
coincidencia con la reunión del G-8 en Colonia, Alemania.
Resultó un verdadero "carnaval mundial contra el capitalismo,
claramente dirigido contra el poder de las empresas". Se realizaron
fiestas en zonas financieras, ante los edificios de las Bolsas,
las grandes tiendas, los bancos y las sedes de las multinacionales,
con eventos simultáneos en 70 ciudades distintas: Dacca,
San Francisco, Montevideo, Madrid, Ginebra, Londres, etc. En muchas
ciudades los operadores de bolsa y los banqueros usaron ropa informal
para camuflarse entre los participantes sin ser identificados.
Simultáneamente, las sucesivas
ediciones de los encuentros del G-8 y del Foro Económico
Mundial en Davos y otras ciudades, fueron registrando un progresivo
crecimiento de los grupos de resistencia al neoliberalismo y a la
globalización económica. Tras los incidentes de Seattle,
la lucha en las calles se fue haciendo cada vez más radicalizada
y organizada, hasta que se produjo el incidente de Génova,
que costó la vida a Carlo Giuliani en un episodio nunca bien
aclarado. Pronto se hizo muy clara la conformación de los
bloques antagónicos de Davos vs. Porto Alegre, ciudad brasileña
donde comenzaron en el 2001 las reuniones del Foro Social Mundial.
La más reciente gran movilización
internacional fue la realizada durante la reunión del G-8
en Florencia. En esta, como en general en todos los casos, y aun
con sus diferencias internas, los distintos grupos que confluyen
en estas manifestaciones coinciden en el carácter festivo
de sus acciones, que registran una victoria moral sobre sus adversarios
en su propia alegría callejera, contrastada con el
encierro y anonimato que se autoinfligen los 8 gobernantes más
poderosos del mundo, o los grandes empresarios del Foro Económico
Mundial, para poder reunirse sin soportar las protestas de aquellos.
En Argentina, tras las jornadas
de diciembre de 2001, aparentemente olvidados los cacerolazos y
reducidas a su mínima expresión las asambleas barriales,
los piquetes continúan siendo el mecanismo de protesta
social más fuerte y con mayor presencia en las calles. Surgieron
originalmente en las provincias de Salta y Neuquén, como
consecuencia de la pérdida de puestos de trabajo originada
por la privatización de YPF, la petrolera estatal: durante
las protestas los desocupados cortan rutas para reclamar trabajo
o asistencia social. En el área metropolitana de Buenos Aires,
donde se registran pavorosos índices de desocupación,
los piqueteros construyeron una forma alternativa de representación
política de los barrios pobres, abandonados por la Unión
Cívica Radical y explotados electoralmente por los caudillos
peronistas. Los piqueteros fueron organizándose y pasaron
a la consideración pública al comenzar sus mecanismos
de corte de calles y accesos a la ciudad en reclamo de trabajo o
subsidios de desocupación. La prensa conservadora o bienpensante
los crítica por coartar el derecho a la libre circulación,
en una verdad a medias que olvida la obvia imposibilidad de los
desocupados de presionar y protestar mediante instrumentos más
tradicionales, como una huelga. Esta prédica de la derecha,
pero también la evidencia de actitudes clientelistas por
parte de algunos grupos en el manejo de los subsidios por desocupación
que están a su cargo, la casi infantil radicalización
de algunos grupos, y obviamente los inconvenientes ocasionados a
la vida cotidiana de la gente por los cortes de tránsito,
está alejando cada vez más a los piqueteros de la
consideración de la clase media (que hace algún tiempo
los veía con cierta simpatía), en un capítulo
más de los históricos desencuentros de los trabajadores
argentinos. Los piqueteros han incorporado sin embargo un apreciable
grado de organización y orgullo de clase entre sectores muy
pobres, y también han aportado imágenes y actitudes
de identidad cultural. No solo acompañando, sino también
integrando los piquetes (incluso en los momentos de enfrentamiento
con la policía) se encuentra a grupos musicales como Santa
Revuelta, el colectivo teatral y musical Culebrón Timbal,
el cantautor Abelardo Martín, el charanguista Rolando Goldman,
el grupo de teatro Al borde, y muchos otros. La letra de "¡A
la calle!", una chacarera de Santa Revuelta, dice por ejemplo "a
la calle, laburante, ni lo espere al sindicato que el que anda de
buche lleno tiene siesta para rato, a la calle, a la asamblea, con
el barrio y jubilado por boludo ahora estoy pobre, y de estar pobre
he despertado. la política y partidos me voy a poné'
a estudiar no me empachan más con jingles cuando tenga que
votar y que la tele y que la radio no mientan más lo que
soy: ¡cacerola y piquetero y de la calle no me voy!".
Dancing in the streets:
En otras ocasiones, son los mismos
municipios los que promueven celebraciones artísticas callejeras,
tal como describe John Thackara en la nota sobre
la decadencia de los edificios trofeo,
que publicamos en este número.
El director de Doors
of Perception describe la
tendencia de muchas administraciones, que están dejando atrás
la búsqueda de edificios emblemáticos, y procuran
en cambio la promoción de eventos artísticos participativos
como forma de marketing urbano.
Son cada vez más frecuentes
los grupos artísticos que incorporan la calle como un instrumento
creativo. Proyectos como Dancing
in the Streets y Shadow
Casters, por ejemplo,
reúnen una diversidad
de medios para la "exploración creativa de distintas
ciudades del mundo". Cada ciudad deviene así un territorio
para "releer, remapear y resemantizar", tareas a cargo de
un equipo internacional distinto en cada caso, constituido por profesionales
de diversas generaciones y disciplinas. De esta forma cada ciudad
constituye un proyecto Shadow Casters específico, y al unirse
entre sí conforman una red.
Boris Bakal, Katarina Pejovic y Pina Siotto crearon la primera versión
de Shadow Casters en Bolonia, Italia, en 2001 Luego siguieron otros
eventos en Ljubljana (Eslovenia), Zagreb (Croacia), Belgrado (Yugoslavia)
y Graz (Austria). Actualmente están en curso un proyecto
para Nueva York, y contactos para las ciudades de Londres, Praga,
Bruselas, Marsella y Seul. Shadow Casters New York es un proyecto
bienal que comprende un workshop de preparación en
julio de 2003, con la producción final prevista para 2004,
en asociación con The Kitchen y el soporte técnico
de la Columbia University Computer Music Center.
Para el workshop preparatorio fueron seleccionados 10 participantes
(performers, artistas visuales y multimedia, escritores, diseñadores
de Web, arquitectos, expertos de teoría de sistemas, músicos,
historiadores del arte, bailarines, coreógrafos, fotógrafos,
cineastas e investigadores interdisciplinarios internacionales)
provenientes de dicha ciudad y de otras partes del mundo. Durante
16 días de workshop, los participantes explorarán
la ciudad de Nueva York, sus aspectos y lugares más conocidos
y aquellos menos notables, sus coordenadas espacio - temporales
y la superposición de los distintos puntos de vista. Se utilizarán
instrumentos tales como la Performance Urbana, Reciclaje de la realidad,
Web Design, Registración y montaje de Video y Audio Digital,
Mapeo interior y exterior, Dramaturgia Urbana, Dilatación
de la Percepción, Hiperrelatos, Ejercicios de sombreo y chequeo
de la realidad, Creación de Database y Organización
de sistemas. La exploración se guiará a través
de preguntas tales como: ¿En que modo la ciudad condiciona
mi mundo interior? ¿Que significa y donde se coloca el
límite entre lo público y lo privado? ¿Existe
un sistema no manipulador? ¿Existe la libertad de elección?
¿Como crear una identidad colectiva sin standarizar las identidades
individuales? ¿Cual es la relación entre libertad, individualidad
y generalización?
Es interesante repasar la historia
de uno de estos fenómenos callejeros de reciente data, el
Love
Parade de
Berlín. Christine Lang (DJ berlinesa de vanguardia), en un
reportaje aparecido en el diario argentino Página
12 el 15/9/02, califica como
"carnavalesco" a esta megarave, que reúne cerca de
un millón de personas en julio de cada año. El festival
comenzó a realizarse en 1989, organizado por el DJ alemán
Dr. Motte, y entonces sólo reunió a un centenar de
personas. "Al principio", sostiene Lang, "la idea de sacar
los clubes a la calle era interesante. Pero año tras año
se fue transformando en un evento donde la música es lo menos
importante. Ahora es sólo un evento publicitario. Para alguien
que vive en Berlín, el Love Parade no tiene ningún
interés".
En respuesta directa al Love Parade, Lang y otros músicos
y DJ´s crearon el Fuck Parade, una "demostración
política, multicultural y musicalmente heterogénea"
que transcurre el mismo día en sitios secretos de Berlín.
"La idea fue hacer algo en contra del Love Parade: un acontecimiento
casi político, sin dinero, sin sponsor, sin nada". El
Fuck Parade combina dos consignas: ganar la calle y revitalizar
el sentido de lo público, y reivindicar un origen clandestino,
casi ilegal, para la inspiración y la creación artística.
La disputa por los espacios también se vive en el terreno
musical. "Mientras el tecno hegemoniza las bandejas de las decenas
de dj que musicalizan el Love Parade, en el Fuck Parade tendencias
disímiles conviven en una suerte de polifonía donde
el reggae, el soul, el drumn bass y el hip-hop dialogan entre
sí. Los distintos clubes sacan su música a la calle
y las tendencias son múltiples. Prima la diversidad que se
nutre de las distintas culturas de inmigrantes", explica Lang.
Según la nota "la última edición del Love
Parade tuvo que tomar medidas drásticas para proteger la
seguridad y la salud del colorido desfile de euforia danzante: contrataron
cerca de 2 mil personas para acordonar los 260 mil metros cuadrados
donde se despliega el carnaval electrónico". Sin embargo,
luego de que la edición del 98 superara el piso del
millón de asistentes y la municipalidad tuviera que desembolsar
cerca de 330 mil marcos para reparar destrozos, "los ávidos
ojos de la administración alemana no volverían a permitir
que el desfile de marcos fluyera sólo hacia las arcas de
la Deutsche Welle, encargada de televisar el evento. Y ya desde
el 99 empezaron a forcejear con los organizadores, paradójicamente
parapetados en un viejo edificio de la administración comunista,
amenazándolos con prohibir el acto definitivamente".
La prohibición gubernamental se basó en un debate
"casi semiológico: durante casi diez años se
discutió si el Love Parade era una manifestación política,
aunque yo creo que nunca lo fue. Y recién en 2000 el gobierno
se decidió a cambiar la palabra manifestación por
evento. La lógica es sencilla: si se trata de una manifestación,
el municipio no puede impedirla y debe hacerse cargo de la seguridad,
la rehabilitación y la limpieza de las calles; si es un evento,
en cambio, los propios organizadores son los que deben proveer estos
servicios", explica Lang. Desde entonces, la rave empezó
a financiarse con la lógica de un emprendimiento privado.
Así, en la edición 2000, los organizadores debieron
contribuir con más de 120 mil dólares para garantizar
que Berlín amaneciera tan lustrosa como siempre. "Para
nosotros el Fuck Parade es una manifestación, no un evento,
y por tanto debe ser gratis y libre. Estamos absolutamente en contra
de la privatización de los espacios por sponsors. Nadie va
a pagar por nada. Por eso, ahora, nos transformaron en algo casi
ilegal", cuenta Lang. En la edición del 2002 el Love
Parade convocó a un millón de adolescentes (a un costo
de un millón de euros), mientras que el Fuck Parade apenas
pudo realizarse en algunas galerías de arte y clubes marginales
en los confines de la ciudad, único lugar donde obtuvieron
permiso. "Veremos qué pasa el año próximo.
El reclamo sigue siendo que la calle sea pública", asegura
Lang.
El encuentro
entre el arte y lo político:
Bien mirada, esta confluencia sería
la superposición de dos caras de la misma realidad: el carácter
político del arte callejero, la política en las
calles como representación estética, a la vez
que materialización, del espacio colectivo - social.
En el espacio mediático, se esfuman los límites entre
representación y política, entre políticos
y actores, entre periodismo y ficción. En el espacio urbano,
el arte se politiza y la política se estetiza. En
el fondo, la misma respuesta al abandono de la ciudad: los ricos
y poderosos dejan las calles, los pobres, los contestatarios, los
rebeldes, los artistas, las ocupan y reivindican. No es la reivindicación
de un ilusorio orden perdido, es la afirmación de actores
que proponen un cambio social.
Pero es oportuno prevenir
cualquier posible mistificación de la calle: hablar de
su "recuperación" trae connotaciones de una supuesta edad
de oro, donde la calle habría sido el escenario de una suerte
de esplendor democrático
y de relaciones personales en
libertad: ¿tiene esto algo que ver con las calles de las ejecuciones,
de la represión, con la calle burguesa del paseo figurativo
y la exclusión a los mal vestidos o a los desarrapados? La
lectura de Richard Sennet (Carne y piedra - El cuerpo y la ciudad
en la civilización occidental, Alianza Editorial), por ejemplo,
aporta datos muy interesantes sobre la formación de la calle
en una ciudad tan significativa, como París.
"La calle medieval de París",
según Sennet, "no era ni más ni menos que el espacio
que quedaba después que se hubieran construido los edificios".
Estas calles, cuyos edificios tenían su origen en la afirmación
agresiva de derechos, y cuyas porosas superficies y volúmenes
estimulaban la competencia económica, también eran
famosas por su violencia. En general, violencia entre pobres.
Una de las causas principales era la bebida, cuya proliferación
tenía un origen apremiante: la necesidad de calor corporal.
"Debemos imaginar una calle caracterizada por formas de agresión
diferentes pero discontinuas: una competencia económica deliberada
y una violencia impulsiva no económica".
Sennet considera que el progreso
de las calles comienza cuando a mediados del siglo XVIII se empieza
a limpiar la basura de las calles y a drenar los hoyos y depresiones,
a la vez que los pavimentos comienzan a aplanarse para impedir la
acumulación de residuos y excrementos. "La imagen médica
de la circulación vital dio un nuevo significado al movimiento
barroco", asegura el sociólogo norteamericano. Ya no
se trataba del viaje ceremonial hacia un objeto, sino de la celebración
del movimiento en si. Urbanistas franceses como Christian Patte
utilizaron la imagen de arterias y venas para justificar la disposición
de calles de una sola dirección.
El diseño de la capital
de los Estados Unidos, Washington DC, incorpora estas tendencias
y las pone al servicio de un ideal republicano. Por la misma época
Goethe caracteriza el nuevo espíritu de la calle: el filósofo
alemán es uno de los primeros en señalar esa sensación
urbana tan moderna de "sentirse solo y tranquilo en medio
de la multitud y el ruido".
Sennet describe una de las funciones
de la calle en gran parte de la historia de la humanidad, la de
servir de escenario a las ejecuciones de convictos, y a las procesiones
previas en que se paseaba al reo para su escarnio y para advertencia
a la población. Tanto en el antiguo régimen como en
la Revolución, estas procesiones tenían carácter
festivo. Los reos marchaban desde la cárcel por una calle
principal, en un promedio de dos horas de recorrido, acompañados
de las burlas y la excitación de la masa (había incluso
personajes de la nobleza que abandonaban sus palacios en las afueras
para concurrir a presenciar las ejecuciones).
Casi como un antecedente de la tendencia
que describimos en esta nota, "las calles parisinas estuvieron
continuamente abarrotadas con manifestaciones populares durante
los primeros años de la Revolución". En las
mascaradas la gente se disfrazaba de sacerdote o aristócrata
y se burlaba de los signos y atributos del antiguo régimen.
Con el tiempo los lideres revolucionarios trataron de imponer
cierta disciplina en estas manifestaciones, y así se
crearon festividades formales con coreografías basadas en
el cuerpo humano y la razón: "estos rituales a menudo
terminaron apaciguando y neutralizando los cuerpos de los ciudadanos".
Artistas como David y Quatremére de Quincy se hicieron cargo
del ritual cívico en sustitución de los sacerdotes.
Utilizaban la geografía de la ciudad y proponían estaciones
o puntos simbólicos, y pausas, como las fiestas religiosas.
Los organizadores deseaban educar a la multitud de cuerpos,
y querían especialmente evitar el espontaneismo de las masas.
"Estos festivales revelaron una perturbadora lección acerca
de la libertad", sostiene Sennet. "La libertad que busca
vencer la resistencia, abolir obstáculos, empezar de nuevo
(la libertad concebida como un volumen puro y transparente) embota
el cuerpo. La libertad que estimula el cuerpo lo hace aceptando
la impureza, la dificultad y la obstrucción como parte de
la propia experiencia de libertad. Los festivales de la Revolución
Francesa constituyen un jalón en la historia de la civilización
occidental, donde esta experiencia visceral de la libertad fue disipada
en nombre de una mecánica del movimiento".
Si "la Ilustración
imaginó individuos estimulados por el movimiento de la muchedumbre,
el siglo XIX en cambio imaginó individuos protegidos por
el movimiento de la muchedumbre". Regent Street, en Londres,
introduce la idea de la calle de una sola función, donde
lo importante es el movimiento longitudinal y no el posible contacto
transversal. La presión del movimiento peatonal lineal hace
imposible pararse y formar grupo para, por ejemplo, escuchar un
discurso. Los Boulevares de Haussmann en París constituyen
un verdadero muro de vehículos en movimiento, aunque también,
con el ensanchamiento de las veredas, proporcionaron espacios para
que el café se extendiera y con él sus usos urbanos
y sociales.
La calle, ese edificio cuyo techo es
el cielo (según Louis Khan), destruida por el urbanismo de
la Carta de Atenas y el automóvil (según el Team X),
ese espacio de relación social que describió Jane
Jacobs, lleva en si una estimulante contradicción: es una
vía para ir de un lugar a otro, pero es también un
lugar donde quedarse, permanecer, encontrarse. Julio Ladizesky,
arquitecto argentino, sostiene que las actitudes ciudadanas ante
el espacio público varían de acuerdo al nivel socio
económico de pertenencia:
- Los sectores de ingresos altos
no suelen utilizar el entorno de su vivienda y privilegian la
fluidez circulatoria y el marco visual adecuado para la contemplación
durante el viaje. Estos sectores proponen un espacio público
para el paseo, "ordenado, bello, y vacío de actividades
colectivas".
- Los sectores medios utilizan las
plazas, calles y centros barriales como espacio de expansión
y paseo, diferenciado del espacio doméstico, pero apropiado
como hábitat.
- Los sectores de ingresos bajos
tienden a usar el espacio público como una prolongación
del ámbito doméstico. "Sus viviendas desbordan
sobre el espacio colectivo, expulsados sus habitantes por el
hacinamiento y la insalubridad del espacio interior . La comunidad
es una estrategia para la supervivencia".
Para Ladizesky los
espacios colectivos se definen por tres conceptos básicos:
identidad, participación y apropiación. El mismo autor
sintetiza en una frase la necesidad de una visión global
del diseño de los espacios públicos, al señalar
que "la cuestión, para los arquitectos, no consiste tanto
en la adquisición de nuevos repertorios de proyecto, como
en tomar conciencia del enorme valor que representa la integración
social para la calidad de vida de la población".
El automóvil y una concepción
unidimensional del tránsito urbano redujeron la calle a espacio
de flujos. La expansión de los mass media la vació
de su contenido social y comunicacional.
Pero la calle siempre vuelve,
y hoy es escenario de nuevas situaciones, de nuevos reclamos, de
nuevas representaciones. La cuestión en juego es una
nueva redefinición de la calle, de lo público y de
la experiencia artística. Como tantas veces en su historia,
la calle se redefine y se resignifica.
MC
Sobre el cierre de esta
edición de café de las ciudades, las calles de centenares
de ciudades alrededor del mundo fueron escenario de la que hasta
ahora es la manifestación global más grande de la
historia: 30 millones de personas marchando contra la guerra, en
muchos casos contra la propia opinión de sus gobernantes.
A ellos, a sus ciudades y a sus calles va dedicado este número
de nuestra revista.
La revista
de la Sociedad Central de Arquitectos de
Buenos Aires publica con frecuencia artículos de interés
sobre la calle y el espacio público en general.
Una guía
para organizar fiestas callejeras,
en la página de Reclaim the Streets.(ir a how to?)
presentación
comienzo de la nota
|
|
Tendencias
Ganar la calle (II)
El fin de los edificios trofeo
|
|
Por John Thackara
english
Malas noticias para émulos
de Frank Gehry: los edificios concebidos como espectáculo
se convertirán muy pronto en elefantes blancos. Los alcaldes
de muchas ciudades del mundo están buscando otras maneras
de atraer la atención sobre su localidad, que no impliquen
gastar enormes sumas de dinero en edificios trofeo diseñados
por arquitectos "de marca".
Tres circunstancias están poniendo fin al boom de
los edificios emblemáticos. La primera es la sobreoferta.
La Bienal de Arquitectura de Venecia de 2002 mostró literalmente
centenares de edificios grandes y glamorosos, que serán construidos
en los próximos años. Pero precisamente por haber
sido concebidos como espectáculos, estos edificios de firma
han comenzado a contrarrestarse entre sí.
Les damos entonces el mismo status perceptual que a un afiche de
Armani sobre una pared de Nueva York o Milán: los miramos,
los juzgamos en un golpe de vista, y luego nos vamos. Esto no es
un retorno adecuado para el tiempo, trabajo y dinero invertidos
en generar estos edificios totémicos.
Segunda circunstancia: los edificios concebidos como destino turístico
son difíciles de sostener en términos de negocios.
Los turistas que recorren las ciudades raramente vuelven a visitar,
por ejemplo, el Guggenheim de Bilbao, donde el número de
concurrentes está declinando. El Reino Unido está
inundado de edificios culturales emblemáticos - concebidos
políticamente como símbolos grandes y costosos, y
pagados con dinero de la lotería - que parecen condenados
a dejar de ser negocio una vez que se agotó su novedad.
La tercera circunstancia es la emergencia de la "sociabilidad"
y lo "vivible" como nuevos criterios para el diseño urbano.
Los franceses - que con sus Grandes Proyectos inventaron
la locura de los edificios trofeo- ahora caminan en otra
dirección, hacia el desarrollo de eventos vivos y participativos
como modo de agregar valor a un lugar.
La región de Provence-Aples-Cote
d'Azur, que se describe como
la "tierra de los festivales", publicó un catálogo
de 194 páginas con una lista de más de 300 eventos
y festivales. Estos varían desde land art y arborescencia,
música antigua y halconería, a festivales de humor,
ritmo y fanfarria.
Los festivales culturales de tipo
formal han tenido éxito en Francia durante años, pero
la nueva sensación son las artes de la calle (arts
de la rue). El arte callejero y las performances se han
vuelto tan populares, que festivales sobre el tema son ahora presentados
cada verano en Chalon-sur-Soane y Aurillac. Estos eventos, que ofrecen
al mismo tiempo teatro callejero , circo, música y danza,
han generado sucesos bien conocidos, tales como Royale Luxe, Iltopie,
y Generik
Vapeur.
Fue muy sorprendente que el pasado
verano, el propio Ministro de Cultura francés, usualmente
el epítome de la alta (por no decir costosa) cultura, asistió
al evento de Chalon
por primera vez. Y una asociación
profesional por el arte en las calles ha
sido formada para representar a los artistas y productores, y a
los organizadores de festivales.
Jean-Marie Songy, director del festival de Aurillac, dice que estos
eventos ejemplifican lo que el llama "ciudad abierta, el ideal utópico
de la ciudad como un escenario abierto que sostiene la libertad
de expresión"
Algunos artistas tienen miradas contradictorias
sobre esta creciente atención de la que son objeto. Caty
Avram, fundadora de Generik Vapeur, advierte que "estos festivales
son indispensables para reunir a los artistas y a los programadores,
pero debemos tener cuidado de que nuestras intervenciones callejeras
no se conviertan en espectáculos observados por un publico
pasivo. Deberíamos estar siempre buscando nuevas localizaciones,
y gente no acostumbrada a nuestra clase de actos". Olivier Brie,
director de Art Point M, coincide con ella: "hay dos riesgos verdaderos
para un festival como Chalon: la lluvia, y los espectadores que
pagan" (Le Monde 20/7/02). "Los artistas de la calle recelan, ciertamente,
de los espectáculos pasivos", confirma Catherine Lemaire,
directora de la dinámica agencia Eurekart."La
tendencia es apartarse de las performances muy elaboradas
en búsqueda de interacciones más pequeñas
e intimas. El pensamiento actual es que cada espectador puede
ser también un artista".
Lemaire sostiene que el teatro callejero se esta haciendo menos
agresivo y provocativo. "Los artistas parecen menos confrontativos
y más humanos: estamos viendo eventos más pequeños
e íntimos, y la aparición de elencos unipersonales
o de dos o tres personas, en contraste a los 15 o 20 que veíamos
hace uno o dos años. Actualmente no es extraño para
un artista provocar una interacción con una sola persona
en la calle". Otra tendencia que señala Lemaire, es que el
arte de la calle está buscando nuevos tipos de localizaciones:
"Los artistas dejan las galerías de la plaza principal, y
prefieren los lugares de trabajo, el centro comercial o la
fábrica".
Cada noviembre, Lemaire organiza un equivalente del Festival de
Cine de Cannes en Montpellier: Label Rue, que reúne una selección
de artistas y comisionados de eventos de toda Francia. Lemaire,
que ha realizado eventos artísticos callejeros en docenas
de ciudades de Francia, España e Italia, selecciona alrededor
de 40 actos e invita a los programadores de festivales y a la gente
de la ciudad para venir a verlos. Los artistas hacen sus números
en estacionamientos, cafés al aire libre y en las mismas
calles de Montpellier. Hay música de todas clases (jazz,
tambores de lata, fanfarria marroquí, gritos "yeti"), artistas
de grafitti, lanzallamas, y un escultor, Patrick Lefevre, que toca
el saxofón en el tope de una pirámide de 15 metros
de alto que el mismo construye.
JT
John Thackara es inglés,
ex chofer de ómnibus, graduado en filosofía en Kent,
periodista, escritor, director y "primer Perceptron" del sitio holandés
Doors of Perception, experto en diseño e innovación,
e integrante de grupos de asesoramiento a la Comunidad Europea y
el gobierno de Holanda.
Publicado originalmente
en Doors
of Perception.
presentación comienzo
de la nota
|
|
Proyectos
de las ciudades
Conexiones
vivientes en Brescia
Metrogramma y una propuesta integradora y contemporánea
para la ciudad lombarda.
|
|
A fines de año pasado se realizaron dos concursos internacionales
por invitación para el desarrollo de un centro comercial
y un edificio en torre en el Comparto Milano, un área antiguamente
industrial de la ciudad italiana de Brescia,
en la Lombardia. El premio para dicho proyecto correspondió
al estudio londinense Btp, a cargo de Jim Duffy con colaboración
de Pier Paolo Maggiora. En otra sección del concurso se cotejaron
ideas acerca de dos torres, de uso terciario y residencial, y en
este caso el primer premio fue obtenido por el estudio milanés
Metrogramma,
que también había obtenido el segundo premio para
el centro comercial.
La sociedad Basileus, propietaria del terreno de 52.000 metros cuadrados,
seleccionó los 12 finalistas del concurso entre un total
de 60 inscriptos (30 de los cuales recibieron una paga por el solo
hecho de ser admitidos para presentar una propuesta inicial). El
jurado para la etapa final estuvo integrado por 7 miembros, 4 de
la empresa promotora, uno de la Orden de Arquitectos, uno por la
Ciudad y uno por la Región Lombarda (dado que el área
tiene un interés que trasciende lo local).
La operación urbana estará a cargo de un grupo portugués,
SONAE, que ha adquirido el área a Basileus con una cláusula
condicional que liga el contrato a la posibilidad efectiva de realizar
el centro comercial.
Conexiones
vivientes
Por Andrea Boschetti,
con la colaboración de Marco Baccarelli.
italiano

El interés de
Metrogramma por las problemáticas del espacio urbano
y, en general, del territorio contemporáneo, encuentra en
el proyecto para el Comparto Milano en Brescia una oportunidad importante
de confrontación directa y concreta. El constante ejercicio
de lectura critica de los territorios, llevado adelante por Metrogramma
en sus búsquedas proyectuales, se dirige a indagar fenómenos
y modalidades de las actuales transformaciones, y a declinar algunas
propuestas posibles en mérito a cuestiones hoy cruciales
de la contemporaneidad.
Una de esas cuestiones cruciales
está constituida, ciertamente, por la búsqueda de
identidad y de nuevos significados para la ciudad de hoy.
Es evidente que la realidad
cotidiana propone en general espacios para atravesar, más
que lugares para habitar; que los episodios construidos
representan con frecuencia "fragmentos" indiferentes uno al otro,
cuando no directamente en disonancia. Esto conlleva la perdida de
identidad de la ciudad y sus arquitecturas, que resultan demasiadas
veces autoreferenciales y poco críticas en la confrontación
con los contextos en los cuales se insertan. Además, la ausencia
de una forma reconocible, y por lo tanto de límites precisos,
enfatiza este aspecto de los territorios contemporáneos.
Tampoco Brescia se aparta de estas consideraciones generales.
Una realidad urbana, la de Brescia,
que se presenta en modo emblemático como una ciudad dispersa
, "fractal"; así la ha descripto hace algún tiempo
Bernardo Secchi en el documento del Plan : "está constituida
de episodios desligados y autoreferenciales. Es una ciudad constituida
de eventualidades urbanas, fruto de un desarrollo descontrolado
ligado sustancialmente al interés privado en el corto plazo,
que prescinde de una programación estratégica global
".
El área objeto del concurso
nos ha parecido desde el principio como la copia al "negativo"
del tejido denso y compacto de la ciudad histórica. Si
en la segunda los vacíos y los espacios emergen en los hechos
como intersticios y horadaciones, en el área del Comparto
Milano aquellos estructuran en cambio en modo inequívoco
el parcelamiento del terreno donde los bloques construidos (por
su gran escala) aparecen en forma de fragmentos. Hemos querido mantener
esta característica, salvaguardarla y hacerla devenir el
tema conceptual a escala urbana de nuestro trabajo. Nuestro trabajo
proyectual ha tenido como objetivo aquel de interactuar con tal
sintaxis estratégica.
El proyecto urbano de conjunto
que hemos propuesto, así al menos creemos, no contrapone
entonces los fragmentos de ciudad (aquel del área histórica
y el del área del concurso), sino más bien intenta
hacerlos interactuar interpretándolos como sistemas complementarios
de una única idea contemporánea de ciudad.

Para lograrlo se ha
puesto el acento sobre el rol de los espacios abiertos y sobre las
conexiones con los fragmentos limítrofes de ciudad; en general,
hemos puesto mucha atención proyectual a los grandes espacios
colectivos presentes y previstos en el área objeto del concurso.
Los mismos edificios, esto es las tres torres y el centro comercial
del proyecto, han sido concebidos como "conexiones vivientes", puntos
nodales de un sistema en red de movimientos peatonales, ciclísticos
y carreteros. En efecto, hemos buscado fuertemente un proyecto urbano
que estuviese en condiciones de responder, por una parte, a un programa
dado, y por la otra, que fuera capaz de contribuir activamente a
la optimización circulatoria al interior y al exterior del
área de proyecto. En particular nos hemos preocupado de diseñar
la relación entre el centro histórico, la estación
ferroviaria y el nuevo "mall" comercial y administrativo.
Todo el área objeto de
transformación, y en particular el gran "mall comercial"
se inserta como una charnela entre el centro histórico
de Brescia y la periferia. En una visión a gran escala,
el área se ubica en la inmediata adyacencia del gran anillo
viario localizado sobre la huella de las viejas murallas. Las tres
torres y el centro comercial devienen así también
la puerta principal de acceso a Brescia para quien arriba del Este.
El proyecto urbano mismo, leído en su conjunto, puede ser
considerado entonces como una "conexión viva", fuera de escala.
La gran estructura comercial
está constituida por un programa funcional complejo que comprende
el centro comercial verdadero y propio, un cine multisala, un supermercado
y lugares de descanso; ocupa un área de dimensiones análogas
(si bien pensada como un único gran edificio) a aquellas
de un macro-lote tradicional de la ciudad de Brescia, y anticipa
el cambio de escala de la parte Oeste de la ciudad.

El mall comercial ha
sido concebido, en efecto, como un elemento polar, no como
un banal contenedor de funciones; un lugar dinámico y vivo,
denso inclusive en contradicciones y discordancias. Una ciudad dentro
de la ciudad con una vida introvertida (caracterizada incluso por
espacios colectivos en su interior) pero, al mismo tiempo, con
una fuerte permeabilidad hacia el exterior. Una oportuna articulación,
en efecto, de los diversos flujos de tráfico, como ha sido
anticipado en las bases, garantiza las ligazones con el mundo de
afuera: recorridos en altura, plazas suspendidas, puentes, estacionamientos
a distintas alturas.
Las torres, destinadas a residencia
y oficinas, han sido proyectadas como emblemas y símbolos
de la contemporaneidad. Proponen un programa dinámico y flexible
y al mismo tiempo muy preciso en la articulación de los espacios
internos. Técnicamente son edificios muy simples y ya pensados
en relación a as normas de seguridad antisísmica.
Volúmenes en transformación,
tanto en planta como en sección. Las fachadas han sido pensadas
como películas que registran estas mutaciones, casi como
radiografías de las dinámicas internas. Sin embargo
su aspecto remite a una sustancial materialidad y monumentalidad.
Luces y sombras devienen sin embargo los elementos principales a
través de los cuales se manifiesta su forma total.
El fin, el carácter del
proyecto urbano en su conjunto quiere explícitamente enunciar
una deuda con la tradición del moderno, sea en términos
de referencias, o como "hecho urbano" crítico al interior
de la ciudad de Brescia.
AB
Datos
del Proyecto:
Concurso Internacional
de proyecto en dos fases para las intervenciones del Centro Comercial,
de la torre 18 y de las torres 11 y 15 en el área Comparto
Milano". Vencedores del primer premio para las torres 11 y 15 y
del segundo premio para el centro comercial y torre 18: METROGRAMMA
(Milán) con la colaboración del estudio de ingeniería
GREGORELLI (Brescia)
Metrogramma:
Arq. Andrea
Boschetti
Arq. Alberto
Francini
Colaboradores:
Arq. Soik Jung (jefe de proyecto), Arq. Enzo Fontana, Marco
Baccarelli, Chiara Nifosì, Arq. Maria Cucchi.
con Studio
Gregorelli: Ing. Ettore Gregorelli
Colaboradores:
Ing. Maurizio Cominacini, Ing. Marco Gregorelli, Ing. Alessandro
Menegon, Geom. Francesco Serena
Acerca de
Brescia:
Brescia está situada en la llanura
del Po (la "pianura padana"), al pie de los relieves prealpinos.
La colina dei Ronchi y el río Mella señalan respectivamente
los limites este y oeste de la ciudad. Esta ubicada sobre la linea
ferroviaria y carretera entre Milán (ciudad de la que la
separan 88 kilómetros) y Venecia. Al sur de la ciudad se
inicia la autopista hacia Cremona y Piacenza. Es un cruce estratégico
de circulación que permite seguir viaje hacia el Norte
a Val Trompia, Lago d'Iseo, Valcamonica, al oeste a Bergamo y Milán,
al sur a Cremona y Parma (100 kilómetros), y al este a Mantua,
Verona (68 kilómetros), Lago di Garda, Trento y Valsabbia.
La superficie de la ciudad es de 89,78 km2, y se encuentra a una
altura de entre 104 y 875 metros sobre el nivel del mar. Tiene un
total de 215.156 habitantes.
El origen de la ciudad se remonta a
la época de los ligures: el nombre se supone procede de un
vocablo céltico que significa "monte". Los romanos se apoderaron
de Brescia en una de sus campañas alpinas, aprovechando las
disensiones entre las distintas tribus galas. En 49 AC Julio Cesar
la convirtió en Municipio romano y le dio la ciudadanía
a sus habitantes (y en general a todas las regiones allende el Po).
Atila la devastó en 452, incendiando
toda la parte alta de la ciudad. Tras siglos de barbarie, los longobardos
consiguieron estabilizar la región. Brescia fue sucesivamente
territorio carolingio, parte de las luchas entre ciudades lombardas,
señorío de los Visconti y los Malatesta, dominada
por Venecia entre el siglo XV y el XVII, disputada por franceses
y austríacos durante la era de Napoleón, y baluarte
de la lucha independentista durante el Risorgimento y el reino de
Italia.
Brescia concentra una gran cantidad
de pequeñas y medianas empresas y secunda a Milán
como polo productivo y financiero. La Standard & Poor´s,en
su clasificación de ciudades, le asigna la doble A, lo cual
la coloca en el nivel de Bolonia, Florencia, Milán y Venecia,
y de algunas de las ciudades más desarrolladas del mundo
en cuanto a "capacidad de honrar el pago de intereses y capitales".
La propia administración comunal es puesta al nivel de las
principales instituciones de seguros y crédito de la República.
Se considera para ello "una economía floreciente y
en crecimiento, los sólidos resultados del balance
y el bajo nivel de deuda financiera".
La ciudad forma parte de la más
grande de las provincias lombardas, un territorio que se precia
de su gran variedad de paisajes: la llanura del Po, las colinas
entorno a los lagos, las montañas alpinas. La floreciente
economía de la región se basa especialmente en la
industria metalmecánica, la agricultura y el sector zootécnico,
la actividad cultural, la gastronomía y el turismo.
Brescia ha implementado una importante
red de ciclovías que busca reducir la demanda del tránsito
automotor, y las ha provisto de eficaces complementos, como sus
cruces ciclísticos semaforizados. Una campaña publicitaria
muy fuerte promueve el uso de la bicicleta con consignas como "vayamos
en bicicleta al estadio", para ver al equipo local que actualmente
juega en la Serie A del calcio italiano.
En la página de
la Comuna de Brescia se puede acceder al Plan
Regulador (aprobado en septiembre
de 2002), a un mapa
y a un tour
virtual por la ciudad.
Ver una reseña
de la historia de Brescia.
Acerca
de Metrogramma:
METROGRAMMA fue fundado en Milán
en 1999, como estudio de arquitectura y urbanismo, y tiene también
una sede en Bolzano. El estudio, dirigido por Andrea Boschetti y
Alberto Francini, explora los caracteres "evolutivos" del proyecto
de arquitectura y urbanismo para la ciudad contemporánea,
para lo cual pone las actividades de experimentación e investigación
al mismo nivel que los encargos de obras y proyectos. Dicho trabajo
está orientado a profundizar sobre los procesos de urbanización,
y en especial el fenómeno de la densidad, en las dos formas
más manifiestas en la ciudad contemporánea: dispersión
y concentración.
Entre estos estudios e investigaciones
se destacan la presentación en la Bienal de Venecia de 2000
con la instalación "futuramay2k", en conjunto con un grupo
de jóvenes proyectistas; la presentación en el seminario
científico de Europan7, en Oslo, de un trabajo metaproyectual
sobre densidad y desarrollo urbano; la presentación en el
festival Architettura in video 2002 de una investigación
conceptual sobre Florencia (en particular sobre el potencial de
reutilización de algunas áreas ocupadas actualmente
por equipamientos ferroviarios para crear un nuevo Anillo Parque
de Florencia), y la elaboración de un plan estratégico
para el desarrollo de las áreas productivas de Bolzano, en
colaboración con la Comuna y la Asociación de Artesanos.
Metrogramma ha obtenido premios
en diversos concursos nacionales e internacionales, destacándose
el primer premio para el centro de servicios Calliano TN (Bolzano),
el primer premio en el concurso para 3 galpones industriales (Bolzano)
y el segundo premio para la nueva plaza de Scandicci.
Andrea Boschetti (Bolzano,
1969), estudió arquitectura en Venecia y Barcelona. Trabajó
en Rotterdam con Rem Koolhaas y en Italia con Bernardo Secchi. Estudia
un tiempo en la Universidad de Columbia en Nueva York, y en 2001
se doctora en Investigación Urbanística en Venecia.
Alberto Francini (Florencia,
1969), tras estudiar en su ciudad natal, trabaja durante un tiempo
en los Estados Unidos con Giuliano Fiorenzuoli, y en Italia con
Massimiliano Fuksas.
En una charla personal,
Andrea Boschetti me dijo que en su opinión, el trabajo
urbanístico es la etapa de madurez de cualquier arquitecto.
Esto es particularmente claro en el trabajo de Metrogramma, en especial
por la calidad que han logrado al relacionar la arquitectura como
disciplina de la forma y el paisaje, y el urbanismo como práctica
científica de planificación, fundado en datos, estadísticas
y proyecciones.
En su investigación sobre
las posibilidades de crecimiento de Bolzano, proponen un salto
de calidad sobre la banalidad de los "proyectos emblemáticos"
y el marketing urbano, como así también de la abstracción
característica de ciertos trabajos de planificación
escudados en reportes numéricos y sociológicos. En
el proyecto de Bolzano, parece especialmente acertada la caracterización
del territorio como un único continente que alberga 4
instancias reconocibles de análisis de la ciudad (incluyendo
la "agrociudad").
En el mejor sentido de la palabra,
sus propuestas están caracterizadas por dos gestos de "humildad":
- La explícita enumeración
de antecedentes de sus propuestas, con una idea de construcción
colectiva (pero no anónima) de la ciudad y de la
disciplina urbanística.
- El deliberado carácter
inconcluso, no formalizado, de sus imágenes, no por
una evasión del compromiso del proyectista sino por ese
reconocimiento del carácter colectivo de la creación
de la ciudad. Esto es evidente en las 4 hipótesis de
densificación de Bolzano, en el anillo de Florencia y
en las "conexiones vivientes" de Brescia. Esta actitud proyectual
abierta permite, como es explícito en el caso de Bolzano,
organizar nuevas maneras de participación civil en el
diseño y la gestión de la ciudad.
MC
presentación
comienzo de la
nota
|
|
Cultura
de las ciudades
Muralla
para una ciudad
Un viaje al origen
de las ciudades, en la pintura de Juan Fontana
|
|

Los griegos tuvieron titanes antes que dioses: eran
las fuerzas de la naturaleza, incontrolables, irracionales. Como
dice Ulises sobre los Cíclopes, eran gigantes sin ciudad
("no tienen un ágora donde cambiar pareceres, y carecen
de leyes"). La rebelión de Zeus, el hijo del tiempo,
termina con esa era de Caos y establece la dinastía del Olimpo,
sospechosamente similar a la especie humana en sus grandezas y miserias,
en la razón y en los caprichos.
En la serie de pinturas de Juan Fontana sobre la muralla en las
ciudades (expuesta recientemente en el Centro Cultural Recoleta
de Buenos Aires), es clara la dicotomía entre el territorio,
presentado como una base neutra e indiferenciada, y las ciudades,
que aparecen en su grado más puro. Son ciudades ideales
de la razón (Palmanova, Christianopolis) o bien ciudades
históricas y reales, pero presentadas en su estado fundacional,
frágiles asentamientos sin el desarrollo de su historia.
Barcelona, Buenos Aires, Nueva York, Roma, o en realidad sus embriones
(la "Roma quadrata", la Barcelona de la Ciudadela, los estratégicos
puertos de la colonización americana...) se destacan en el
rincón inferior derecho del cuadro, aquel que según
Kandinsky concentra la atención más destacada del
espectador.
Fontana lee en cambio el territorio como un fondo grisáceo,
blanco en su resultado visual, donde apenas se insinúan los
grandes trazos de la geografía, el catastro y la vialidad
(en una muestra anterior en el Museo de Bellas Artes, Fontana jugaba
con los matices del blanco en composiciones abstractas). E inserta
una extraña y surrealista muralla que no defiende nada,
que solo separa dos franjas del territorio en blanco, y que enlaza
todos los cuadros en la amplitud de la sala. Una figura direccional,
compuesta de dos aparentes muros contenedores entre los que corre
una especie de lava o yacimiento geológico, colorido y brutal.
Quizás indiferente a las ciudades, o quizás una amenaza
que las aplastará.
La muralla es aquella de Kafka, inaccesible, inconcebible,
donde por su estrategia de construcción "quedaron numerosos
claros que solo se llenaron poco a poco, con lentitud, algunos solo
después de haberse ya proclamado la construcción de
la muralla. Mas aún: se dice que hay huecos que no se llenaron
en absoluto". Las referencias urbanas de Fontana contradicen
aquella paradoja kafkiana: esas ciudades que emergen del territorio
"vacío", casi con una impronta sexual sobre una piel indiferenciada,
crecieron y se transformaron en faros para la acción humana.
Aunque por cierto, como La Muralla China, nunca se completan.
Fontana le dedica una muralla al escritor de Praga, una muralla
laberíntica y pesimista, bien distinta a la que ubica en
las periferias de sus ciudades. Mercedes Casanegra, en el folleto
que presenta la muestra, se pregunta "¿cual es hoy la noción
de muralla relacionada a la ciudad? Ya no es la de una localidad
protegida de fuerzas eternas, como hace siglos, ya que hoy los sitios
amurallados son más bien suburbanos".
Sobre el fondo de la sala, una
serie de composiciones
sobre madera
componen una imagen totalizadora
de la cuenca del Río de la Plata, con su monstruosa Buenos
Aires y las manchitas de los poblados uruguayos sobre la banda oriental.
Los bancos de arena en el río brillan, y en la pared opuesta,
y con técnica similar, sigue discurriendo la muralla,
ajena a los sufrimientos y anhelos humanos.
Unos bellos dibujos sobre
hojas de cuaderno exploran con mayor detenimiento los sustratos
geológicos y las intervenciones humanas sobre ese territorio
original. Una relación que siempre interesó a Fontana,
como se ve en las imágenes del sitio donde se emplazaría
Buenos Aires en el muy buen libro de Juan Molina y Vedia, "Mi Buenos
Aires herido": la barranca, la inmensa llanura, los afluentes meandrosos
del Plata y el eterno río, que un día invadirán
las islas del Delta.
Sobre el territorio aparentemente neutro de los cuadros de Fontana
se desarrolla una extraña lucha entre la fuerza caótica
de la naturaleza y el orden racional de las ciudades. Tan ideal
en Palmanova como en las ciudades reales, memorables y entrañables
que el artista explora con ternura y rigor, arribando a la madurez
de su trabajo creativo.
MC
Ver la página
del Centro
Cultural Recoleta, un lugar
para experiencias artísticas estimulantes y originales en
el barrio más elegante de Buenos Aires.
presentación
comienzo de la nota
|
|
Lugares
Palermo u otra manera de tomar café
La
historia de la ciudad acecha en cada edificio y el turista no la consigue
desvelar.
|
|
Por Josep Alías
y Mariona Tomás
(a Totò,
a Raffa, y "lo" que viene)
catalán
Totò dice que "Il caffè
si prende bestemmiando per la fretta, perchè la tazzina è
troppo calda, perchè è amaro, perchè è
forte, perchè è sempre troppo poco e per questo ha
il gusto delle cose fugaci!!!!".
Palermo, al igual que la Atlántida,
en algún momento de su historia decidió sumergirse.
Pero en lugar del océano, Palermo eligió la decadencia
y ocultó su belleza sólo para aquel que es capaz
de ver a través de los andamios que cubren los palacios,
y para aquel que es capaz de descifrar las filigranas decorativas
góticas, neoclásicas,..., de todos los estilos incrustadas
en las torturadas fachadas. La historia de la ciudad acecha en cada
edificio y el turista, demasiado ocupado en ahuyentar los cientos
de historias sobre la ciudad y la isla que le explicaron antes de
viajar, no la consigue desvelar. O ¿serán los mercados,
verdaderos zocos que llenan el ambiente de olores y palabras que
pretenden atraer toda nuestra atención, los que saturan los
sentidos para que no puedas ver más allá? Debe tratarse
de una conspiración. Todos los tenderos del mercado de la
Vucciria (que ha dado lugar a la expresión "fare vucciria"
como sinónimo de "alboroto"), se han aliado para que deambules
con la boca abierta.
Palermo se extiende a lo largo del
mar, arropada por grandes montes y construida por fenicios, bizantinos,
romanos, judíos, árabes, catalanes, franceses, mahgrebíes,...
Todos ellos han sido palermitanos alguna vez. Todos ellos han dejado
su huella en el centro de la ciudad, en el que se encuentran sugerentes
contrastes. La Kalsa, uno de los barrios de origen árabe,
es quizás el más idóneo para observar las divergencias
entre los intentos de potenciar la rehabilitación de un centro
histórico destrozado por las bombas de una guerra que pasó
por la isla hace cincuenta años, los terremotos y el abandono,
y las nuevas políticas populistas que potencian la especulación.
El ritmo de la ciudad está marcado
por dos elementos: el tráfico, que se rige por un
lenguaje pseudoreligioso sólo comprensible y expresado para
el que conoce y acepta entrar en el duelo y rendir culto a la "macchina";
y por la manera de entender la vida de sus habitantes. Sí,
Palermo es una ciudad de Italia, ya lo sabemos, pero hay algo más.
Los palermitanos son italianos con algo más. Con un plus
de picardía, de sabios de la buena vida y de calidez,
que ha quedado mitificado a través del gatopardismo,
del cual rehuyen muchos de los palermitanos.
En ésta ciudad, sólo
el espacio público protegido tras las rejas se salva de la
invasión del coche. Hermosas villas y plazas guardan entre
verjas espectaculares jardines: Villa Garibaldi en Piazza Marina,
el Jardín Botánico... Si bien toda la ciudad, y en
especial el centro, está salpicado de espacios que podríamos
identificar como plazas, la falta de símbolos propios de
estas (bancos y árboles) nos podría indicar que estamos
en medio de un aparcamiento. Pero no. Estamos en una plaza llena
de coches, entre los cuales la gente se relaciona. Y ¿qué
es el espacio público sino un lugar que genera relaciones
entre personas?
Vale la pena perderse por las calles
del mercado del Capo y ver salir de la decrépita villa al
viejo aristócrata que se hace camino entre los niños
de origen albanés que juegan por la calle. Hacia el oeste,
la ciudad se encuentra con el ensanche del novecento que
traslada la ciudad hacia el corazón de Europa, salpicado
de imponentes moles promovidas por ese gran "arquitecto" de los
20 y los 30, conocido como el Duce, y que ha iluminado a tantos
arquitectos actuales de todo el mundo.
Palermo u otra manera de tomar el café:
se degusta de pie, se cruzan unas palabras y uno se queda con la
sensación de que el ritmo de nuestras vidas no nos deja
suficiente tiempo para saborearlo.
JA y MT

Palermo, capital de Sicilia,
recibió su nombre de los navegantes fenicios: "panormos"
(puerto). Fue muy prospera durante la época romana, y especialmente
durante las dominaciones árabe (algunos la comparan con Córdoba
y El Cairo) y normanda, de cuyo reino este llegó a ser capital.
El sector norte de la ciudad alberga monumentos religiosos y civiles
de aquellas dos culturas. La Plaza de la Victoria es el centro civil
y religioso de Palermo. De la Porta Nuova (construida en 1583 para
la visita del monarca Carlos V) nace la avenida Victor Manuel, construida
sobre una antigua ruta fenicia que cruza el centro de Palermo, atraviesa
varios palacios e iglesias hasta llegar a los Quattro Canti (una
pequeña plaza que divide los cuatro barrios, o mandamenti,
de Palermo) y desemboca en el mar. Sobre las ruinas de una fortaleza
romana, los árabes construyeron en el siglo XI el Palazzo
dei Normanni, y detrás está la Capella Palatina. El
barrio de Kalsa fue construido por los musulmanes como sede de los
poderes civiles y militares. Durante la época normanda, estos
barrios fueron habitados por marinos y pescadores, y ese ambiente
sobrevive aun en sitios descritos en esta nota, como el mercado
de la Vucciria. Palermo tiene uno de los Museos de la Marioneta
más completos del mundo, ya que Sicilia tiene una añeja
tradición de títeres desde la época de Carlo
Magno. Se ubica en la Plaza Marina, el centro donde se concentran
los principales edificios civiles y religiosos. El centro de esta
plaza lo ocupa la Fontana Pretoria, realizada entre 1552 y 1555..
Debido a que las estatuas se encuentran completamente desnudas,
se le conoce también como la "fuente de la vergüenza".
"Por primera vez desde
la unificación italiana", según las autoridades comunales,
Palermo ha elaborado un Plan Regulador que bloquea la expansión
de la construcción especulativa (origen de un asentamiento
urbano congestionado y contaminado) y promueve en cambio servicios
y lugares para la comunidad. El Plan propone un programa de descentralización
con siete municipios metropolitanos: Libertà-Montepellegrino,
Monte Gallo, | |