conocimiento, reflexiones y miradas sobre la ciudad
revista digital - aparece el primer lunes de cada mes

año 2 - número 4,5 - febrero - marzo de 2003        


La primera secuencia de "Pandillas de Nueva York" comienza en una catacumba sin tiempo, donde un ejército de apariencia medieval se prepara para la pelea. La cámara va atravesando sucesivamente galerías, barracas y portales, llega a una encrucijada de calles (los "5 puntos", el territorio en disputa), y tras una sangrienta batalla, se eleva por sobre el tejido de la ciudad hasta abarcar una perspectiva completa de la Manhattan de 1846.
No es muy distinta la clave del
proyecto de Daniel Libeskind, seleccionado para reconstruir el área de las Torres Gemelas: se asienta alrededor de un pozo que rasga la roca viva del suelo neoyorquino, y conmemora la tragedia de las víctimas del 11 de septiembre, para rematar en una torre espiralada que festeja la vitalidad de la democracia norteamericana. Su perfil se elevará, de concretarse, sobre un renovado skyline de la ciudad, continuación (¿y culminación?) de la serie que muestra la película en su escalofriante final, donde las tumbas de los héroes del barrio van desapareciendo en el olvido sobre el fondo de los sucesivos desarrollos del Bajo Manhattan. Que la última toma del sitio incluya las Torres Gemelas, le da a la gran película de Scorsese una tensión final, un interrogante implícito que el proyecto de Libeskind pareciera responder.
Más que la construcción de una mitología sobre la historia de las pandillas del siglo XIX, Scorsese plantea un contrapunto entre la ética guerrera de los bandoleros urbanos y la dinámica del poder del Estado. Hay caudillos corruptos que llegan al frente del camión de bomberos pidiendo votos (y en vez de apagar el incendio organizan el saqueo del edificio vecino), ricachones indolentes que confían en que los pobres se seguirán matando entre ellos, y el fondo de la Guerra de Secesión, que las tribus barriales no entienden y que devora a los pobres y a quienes recién bajan de los barcos. Vallon y Cuttings, los dos antagonistas de la historia, terminan su propia guerra personal entre los desastres de ese conflicto más amplio, que prefigura una ciudad que ellos ni siquiera imaginan. Es maravillosa esa imagen del elefante que escapa por entre las calles del Bajo Manhattan entre la pueblada, la represión y la guerra de pandillas: "Amsterdam" Vallon, siente un desconcierto tan grande como si por un momento le fuera dado el contemplar la imagen futura de la ciudad con sus rascacielos.
A lo largo de su obra Scorsese ha cumplido como pocos la máxima de Tolstoi, aquella que aconseja pintar la propia aldea para ser universal. En "Pandillas...", el director parece llegar al mismo genoma de la violencia neoyorquina, esa que transforma en materia de arte en películas como Mean Streets y Taxi Driver. Una ciudad que ya es híbrida y multicultural ("¿es que nadie habla ya ingles en Nueva York?", se pregunta un personaje cansado de lidiar con chinos e irlandeses que hablan en céltico), fascinante y monstruosa (como el Soho de "Después de hora", donde no hubieran desentonado las vestimentas excéntricas de los pandilleros del Bowery), que ya se escapa de las manos de America mal que le pese a los "Nativos" de Cuttings, un extremista republicano "avant la lettre". Una ciudad, como resume Vallon en el final, que al igual que sus gentes ha nacido de la sangre y la incertidumbre. El arte puede convertir esos orígenes en materia de trascendencia y redención.

MC (el que atiende)

A partir de este número, café de las ciudades se actualizará los primeros lunes de cada mes. El plazo para enviar opiniones, comentarios y propuestas de notas será hasta una semana antes de la actualización.

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Tendencias

Ganar la calle (I)
Arte y protesta política en la recuperación del espacio público
.
Ganar la calle (II) por John Thackara
El fin de los edificios trofeo. english
Proyectos de las ciudades por Andrea Boschetti
Conexiones vivientes en Brescia italiano
Metrogramma y una propuesta integradora y contemporánea para la ciudad lombarda.
Cultura de las ciudades
Muralla para una ciudad
Un viaje al origen de las ciudades, en la pintura de Juan Fontana.
Lugares por Josep Alías y Mariona Tomás
Palermo u otra manera de tomar café catalán
La historia de la ciudad acecha en cada edificio y el turista no la consigue desvelar.
La mirada del flanneur por Ana María Alvarez R
Sexo y Muerte en Santiago
La única promesa de verdadero "descanso" sería, en consecuencia, otra ciudad.
Economía de las ciudades
Crisis y negocios inmobiliarios en Buenos Aires
Ajuste y mudanzas de las corporaciones, retorno desde los barrios cerrados, relativo boom de las refacciones.
Nuestros lectores se comunican.
Peaje a los autos en el centro de Londres - Libeskind: la vida victoriosa - Miami, ciudad líder en América... Latina - Ciudades para la cultura en Montevideo - Existe la vida después de la devaluación - El Cubo, por la paz - Datos

 


Las imágenes de este número corresponden a diversoscuadros de la serie Muralla para una ciudad, de Juan Fontana (Nueva York, Ciudad Ideal y Buenos Aires), a la foto de un arenero improvisado durante una fiesta de Reclaim the streets, al proyecto de Metrogramma para el Contorno Milano de Brescia, a fotos de Palermo por Josep Alías, al Proyecto del Estudio Daniel Libeskind para la LMDC, y al logotipo de Il Cubo per la Pace.

 

 

 

Tendencias
Ganar la calle (I)
Arte y protesta política en la recuperación del espacio público
.


Las calles de muchas ciudades del mundo son actualmente escenario de operaciones políticas, sociales y culturales, que las vuelven a proponer como el lugar por excelencia de los proyectos colectivos. Puede tratarse de una explosión del arte en las calles como mecanismo de promoción urbana (alternativo al Guggenheim de turno), o un improvisado baile callejero como forma de protesta social; de exploraciones interdisciplinarias sobre el nuevo significado de las ciudades en nuestra época, o de provocaciones destinadas a irritar a burguesías y gobiernos. En algunos casos, las administraciones procuran con estas actividades revitalizar determinados sectores de ciudad; en otros, son "tribus" o subculturas urbanas las que organizan sus festejos al margen de la legalidad oficial. Y en un rasgo de ambigüedad que caracteriza a todos estos sucesos, encontramos que sectores políticamente contestatarios realizan sus manifestaciones incorporando criterios artísticos de vanguardia, o bien que las mismas vanguardias pelean directamente en las calles por su legitimidad cultural.

No se trata de manifestaciones políticas en el sentido tradicional, ni de festividades urbanas oficiales de vieja o nueva data (como una fiesta patronal o el
Forum de las Culturas del 2004 en Barcelona). Son experiencias callejeras, en algunos casos difíciles de definir, con una gran componente de espontaneidad, y que en general poseen algunas de estas características:

    • Se desarrollan en áreas centrales de la ciudad, incluso en lugares degradados o abandonados por la expansión hacia las periferias, y en muchos casos sin autorización oficial.
    • Tienen un fuerte contenido de reivindicación del espacio público para uso y fruición de la sociedad.
    • Generalmente están organizados por colectivos o alianzas sociales muy heterogéneos y de muy reciente formación.
    • Mezclan, en general, protesta política con alguna forma de vanguardia artística: las celebraciones artísticas tienen un fuerte contenido de protesta y crítica social, las manifestaciones políticas toman la estética de algunas vanguardias o subculturas.
    • Reivindican la libertad y espontaneidad del cuerpo, a diferencia de las férreas disciplinas y estrictas coreografías de las grandes manifestaciones de masas o de las fiestas urbanas tradicionales.
    • Last, but not least, no solo suceden "en la ciudad", sino que la ciudad, la calle misma, es un tema central de la protesta o la experiencia artística realizada: la ciudad misma se convierte en una estética y en una práctica cultural, la calle se considera como instrumento artístico, como una forma de arte en si misma.

Asistimos entonces, tanto desde la militancia más radicalizada como en las versiones "marketineras" de la festivalización urbana, a un interés renovado por la calle como escenario social, político y cultural.
La vertiente política de esta recuperación se caracteriza por la reivindicación de la lucha colectiva directa, frente a la mediación y la manipulación de los "mass media". A las encuestas, a las cadenas informativas, a la difusión universal de slogans, mitos y consignas del poder, se opone la presencia corporal de los sujetos de la acción militante. A la privatización de la política y la vida social, la reivindicación directa del espacio público. Un grafitti de Buenos Aires dice "la prensa es del capital, las calles son nuestras". No por casualidad, la calle más que la plaza: a la plaza se va a escuchar el discurso del líder, en la calle se manifiesta y se pelea. Y para recrear ese carácter político de la calle, los activistas proponen recuperarla de sus grandes invasores: el automóvil, básicamente, pero también la publicidad que la ocupa con mensajes consumistas (que muchas veces reciclan y tergiversan los propios mensajes originales de la calle).

En buena medida, estas concepciones son herederas del situacionismo, el movimiento radical artístico, político y urbanístico que entre 1957 y 1971 produjo manifiestos, filmes, utopías urbanas y otras experiencias con el rótulo de la Internacional Situacionista. Uno de sus líderes, Guy Debord, decía en el Documento Fundacional del movimiento que "nuestra idea central es la construcción de situaciones, es decir, la construcción concreta de ambientes momentáneos de la vida y su transformación en una calidad pasional superior". Y sostenía a renglón seguido que "el arte integral, del cual se ha hablado tanto, no puede realizarse más que a nivel del urbanismo". Los situacionistas tuvieron una actuación destacada en el Mayo francés del '68, uno de los antecedentes más claros del fenómeno que estamos analizando. Pero no el único: en su cuento "Tema del traidor y del héroe", Borges menciona por ejemplo las Festspiele de Suiza, "vastas y errantes representaciones teatrales, que requieren miles de actores y que reiteran episodios históricos en las mismas ciudades y montañas donde ocurrieron". El gran escritor aventura en el relato una representación irlandesa del Julio Cesar utilizada para camuflar una operación política de castigo a un traidor. Y Richard Sennet refiere en "Carne y Piedra" las celebraciones revolucionarias francesas, puestas en escena por artistas como David y Quatremere de Quincy. Performances, situaciones y representaciones callejeras, que reafirman la vieja idea de la calle como teatro: en la sala que construyó para Vicenza, Palladio ya proponía distintos tipos de calles como otros tantos escenarios de representación.

 

Una especie de manifestación artística:

Quizás el ejemplo más claro de esta tendencia, y en buena medida precursor de la lucha contra la variante neoliberal de la globalización, es el grupo Reclaim the Streets (Recupera las calles), muy bien descripto por Naomi Klein en No Logo. Las acciones de RTS comenzaron en 1993, con la protesta por la desaparición de Claremont Road, una tranquila calle londinense, para permitir la ampliación de una autopista. Los activistas la ocuparon y la convirtieron en la calle más creativa y festiva de la ciudad hasta el momento de su destrucción en 1994.
Desde 1995 RTS organiza fiestas espontáneas en las calles más concurridas y las esquinas más importantes de Londres y de otras ciudades. El lugar del encuentro se mantiene en secreto hasta el día de la celebración, en que se difunde principalmente a través del correo electrónico. Antes de comenzar la fiesta, un camión con altoparlantes estaciona cerca del lugar, y entonces se finge un incidente de tránsito o cualquier excusa para cortar la calle. Al instante se levantan pancartas con consignas como "respire", "prohibidos los automóviles", "recuperemos más espacios", comienza a sonar la música y se desata una especie de carnaval con zancos, tambores, juegos infantiles, juegos de voleibol, piscinas inflables, lanzamiento de frisbees, etc. En una oportunidad, los militantes llegaron a perforar el pavimento y plantar arboles en el medio de una concurrida autopista londinense. Finalmente, sostienen "es en las calles donde el poder debe ser disuelto: porque las calles donde soportamos, sufrimos y nos desgastamos por la vida cotidiana, y donde el poder es enfrentado y resistido, deben ser transformadas en el lugar donde la vida cotidiana sea disfrutada, creada y nutrida".

RTS es una heterogénea e informal coalición que incluye DJ´s experimentales, militantes anticorporativos, cultores del New Age, ecologistas radicales, y todo un espectro de "subculturas opositoras que reivindican el derecho a disponer de espacios no colonizados para vivir y reunirse". Los militantes exigen ante todo una mayor cantidad de espacios no comercializados en las ciudades: RTS intenta, en definitiva, mostrar una visión alternativa de lo que podría ser la sociedad si se liberara del control del comercio. Según uno de sus miembros más destacados, no tratan de usar el arte con fines políticos, sino de transformarlo en un instrumento político práctico. RTS se autodefine como una desorganización participativa. Tal ambigüedad desconcierta a los propios policías, que muchas veces se encuentran descolocados ante el carácter del acontecimiento que enfrentan. En mayo de 1998, durante la primera fiesta global, un policía de Toronto decía a través de su radio: "esto no es una protesta, es una especie de manifestación artística". En otras ocasiones, los mismos policías colaboraron para colgar guirnaldas o colocar los equipos de sonido.

Según Klein, "las confrontaciones deliberadas de las fiestas callejeras reúnen la sinceridad previsible de la política con la ironía divertida del Pop" y "superan la concepción de la protesta política predecible en sus consignas y enfrentamientos".

RTS no es solo una protesta contra el automóvil, que es un símbolo de la pérdida de la calle como espacio social, sino una crítica más amplia de la sociedad, que aspira a recuperar espacios para el uso común. Sus activistas señalan la amarga paradoja implícita en que la publicidad se apropie, como lo hace, de la cultura de las calles. La misma cultura que la legalidad reprime al prohibir los conciertos alternativos y perseguir a los autores de graffitis, a los performers del arte urbano y a los mendigos (Manu Chao se queja de las administraciones que le piden que de conciertos gratis, pero luego echan a los músicos de la calle; en Buenos Aires, cadenas de comida a domicilio e insecticidas utilizan actores disfrazados, a la manera de los malabaristas que hacen su número en el período en rojo de los semáforos en las esquinas). El RTS no plantea una ideología antiurbana ni un escape de la ciudad (como los hippies que se instalaban en comunidades rurales o los yuppies que huyen a las urbanizaciones de la periferia), sino que "orienta el deseo de entretenimiento y de fiesta y lo canaliza, convirtiéndolo en un acto de desobediencia civil que también es un festival".
Ya en 1997 RTS había organizado fiestas en Sydney, Helsinki y Tel-Aviv. Sus activistas comenzaron entonces a mezclarse con otros movimientos de intereses similares, como por ejemplo las marchas ciclísticas
Critical Mass, comenzadas en San Francisco en 1992. Se trata de la concurrencia de miles de ciclistas a calles de mucho tránsito, formando una masa crítica que impide la circulación de automóviles. Ante las protestas, los militantes sostienen que "nosotros no interrumpimos el tránsito: somos el tránsito".
La alianza de todos estos movimientos confluyó en la primera fiesta global (16 de mayo de 1998), que tuvo especial suceso en Sydney. Según Klein, la fiesta australiana "no tuvo el auspicio de Levi´s, Revlon ni Pepsi, que hacen posible
Lilith Fair, pero fue un éxito, con mucho bullicio y frivolidad". Aunque en algunas ciudades derivó en incidentes, la fiesta callejera global "demostró que existe posibilidad de organizar una respuesta global a la pérdida de los espacios públicos, y recuperar esos espacios de manos de las marcas", que los ocupan con publicidad y operaciones de marketing.
Un año más tarde, el 18/6/99, se celebró la segunda fiesta global, en coincidencia con la reunión del G-8 en Colonia, Alemania. Resultó un verdadero "carnaval mundial contra el capitalismo, claramente dirigido contra el poder de las empresas". Se realizaron fiestas en zonas financieras, ante los edificios de las Bolsas, las grandes tiendas, los bancos y las sedes de las multinacionales, con eventos simultáneos en 70 ciudades distintas: Dacca, San Francisco, Montevideo, Madrid, Ginebra, Londres, etc. En muchas ciudades los operadores de bolsa y los banqueros usaron ropa informal para camuflarse entre los participantes sin ser identificados.

Simultáneamente, las sucesivas ediciones de los encuentros del G-8 y del Foro Económico Mundial en Davos y otras ciudades, fueron registrando un progresivo crecimiento de los grupos de resistencia al neoliberalismo y a la globalización económica. Tras los incidentes de Seattle, la lucha en las calles se fue haciendo cada vez más radicalizada y organizada, hasta que se produjo el incidente de Génova, que costó la vida a Carlo Giuliani en un episodio nunca bien aclarado. Pronto se hizo muy clara la conformación de los bloques antagónicos de Davos vs. Porto Alegre, ciudad brasileña donde comenzaron en el 2001 las reuniones del Foro Social Mundial.
La más reciente gran movilización internacional fue la realizada durante la reunión del G-8 en Florencia. En esta, como en general en todos los casos, y aun con sus diferencias internas, los distintos grupos que confluyen en estas manifestaciones coinciden en el carácter festivo de sus acciones, que registran una victoria moral sobre sus adversarios en su propia alegría callejera, contrastada con el encierro y anonimato que se autoinfligen los 8 gobernantes más poderosos del mundo, o los grandes empresarios del Foro Económico Mundial, para poder reunirse sin soportar las protestas de aquellos.
En Argentina, tras las jornadas de diciembre de 2001, aparentemente olvidados los cacerolazos y reducidas a su mínima expresión las asambleas barriales, los piquetes continúan siendo el mecanismo de protesta social más fuerte y con mayor presencia en las calles. Surgieron originalmente en las provincias de Salta y Neuquén, como consecuencia de la pérdida de puestos de trabajo originada por la privatización de YPF, la petrolera estatal: durante las protestas los desocupados cortan rutas para reclamar trabajo o asistencia social. En el área metropolitana de Buenos Aires, donde se registran pavorosos índices de desocupación, los piqueteros construyeron una forma alternativa de representación política de los barrios pobres, abandonados por la Unión Cívica Radical y explotados electoralmente por los caudillos peronistas. Los piqueteros fueron organizándose y pasaron a la consideración pública al comenzar sus mecanismos de corte de calles y accesos a la ciudad en reclamo de trabajo o subsidios de desocupación. La prensa conservadora o bienpensante los crítica por coartar el derecho a la libre circulación, en una verdad a medias que olvida la obvia imposibilidad de los desocupados de presionar y protestar mediante instrumentos más tradicionales, como una huelga. Esta prédica de la derecha, pero también la evidencia de actitudes clientelistas por parte de algunos grupos en el manejo de los subsidios por desocupación que están a su cargo, la casi infantil radicalización de algunos grupos, y obviamente los inconvenientes ocasionados a la vida cotidiana de la gente por los cortes de tránsito, está alejando cada vez más a los piqueteros de la consideración de la clase media (que hace algún tiempo los veía con cierta simpatía), en un capítulo más de los históricos desencuentros de los trabajadores argentinos. Los piqueteros han incorporado sin embargo un apreciable grado de organización y orgullo de clase entre sectores muy pobres, y también han aportado imágenes y actitudes de identidad cultural. No solo acompañando, sino también integrando los piquetes (incluso en los momentos de enfrentamiento con la policía) se encuentra a grupos musicales como Santa Revuelta, el colectivo teatral y musical Culebrón Timbal, el cantautor Abelardo Martín, el charanguista Rolando Goldman, el grupo de teatro Al borde, y muchos otros. La letra de "¡A la calle!", una chacarera de Santa Revuelta, dice por ejemplo "a la calle, laburante, ni lo espere al sindicato que el que anda de buche lleno tiene siesta para rato, a la calle, a la asamblea, con el barrio y jubilado por boludo ahora estoy pobre, y de estar pobre he despertado. la política y partidos me voy a poné' a estudiar no me empachan más con jingles cuando tenga que votar y que la tele y que la radio no mientan más lo que soy: ¡cacerola y piquetero y de la calle no me voy!".

 

Dancing in the streets:

En otras ocasiones, son los mismos municipios los que promueven celebraciones artísticas callejeras, tal como describe John Thackara en la nota sobre la decadencia de los edificios trofeo, que publicamos en este número. El director de Doors of Perception describe la tendencia de muchas administraciones, que están dejando atrás la búsqueda de edificios emblemáticos, y procuran en cambio la promoción de eventos artísticos participativos como forma de marketing urbano.

Son cada vez más frecuentes los grupos artísticos que incorporan la calle como un instrumento creativo. Proyectos como Dancing in the Streets y Shadow Casters, por ejemplo, reúnen una diversidad de medios para la "exploración creativa de distintas ciudades del mundo". Cada ciudad deviene así un territorio para "releer, remapear y resemantizar", tareas a cargo de un equipo internacional distinto en cada caso, constituido por profesionales de diversas generaciones y disciplinas. De esta forma cada ciudad constituye un proyecto Shadow Casters específico, y al unirse entre sí conforman una red.
Boris Bakal, Katarina Pejovic y Pina Siotto crearon la primera versión de Shadow Casters en Bolonia, Italia, en 2001 Luego siguieron otros eventos en Ljubljana (Eslovenia), Zagreb (Croacia), Belgrado (Yugoslavia) y Graz (Austria). Actualmente están en curso un proyecto para Nueva York, y contactos para las ciudades de Londres, Praga, Bruselas, Marsella y Seul. Shadow Casters New York es un proyecto bienal que comprende un workshop de preparación en julio de 2003, con la producción final prevista para 2004, en asociación con The Kitchen y el soporte técnico de la Columbia University Computer Music Center.
Para el workshop preparatorio fueron seleccionados 10 participantes (performers, artistas visuales y multimedia, escritores, diseñadores de Web, arquitectos, expertos de teoría de sistemas, músicos, historiadores del arte, bailarines, coreógrafos, fotógrafos, cineastas e investigadores interdisciplinarios internacionales) provenientes de dicha ciudad y de otras partes del mundo. Durante 16 días de workshop, los participantes explorarán la ciudad de Nueva York, sus aspectos y lugares más conocidos y aquellos menos notables, sus coordenadas espacio - temporales y la superposición de los distintos puntos de vista. Se utilizarán instrumentos tales como la Performance Urbana, Reciclaje de la realidad, Web Design, Registración y montaje de Video y Audio Digital, Mapeo interior y exterior, Dramaturgia Urbana, Dilatación de la Percepción, Hiperrelatos, Ejercicios de sombreo y chequeo de la realidad, Creación de Database y Organización de sistemas. La exploración se guiará a través de preguntas tales como: ¿En que modo la ciudad condiciona mi mundo interior? ¿Que significa y donde se coloca el límite entre lo público y lo privado? ¿Existe un sistema no manipulador? ¿Existe la libertad de elección? ¿Como crear una identidad colectiva sin standarizar las identidades individuales? ¿Cual es la relación entre libertad, individualidad y generalización?

Es interesante repasar la historia de uno de estos fenómenos callejeros de reciente data, el Love Parade de Berlín. Christine Lang (DJ berlinesa de vanguardia), en un reportaje aparecido en el diario argentino Página 12 el 15/9/02, califica como "carnavalesco" a esta megarave, que reúne cerca de un millón de personas en julio de cada año. El festival comenzó a realizarse en 1989, organizado por el DJ alemán Dr. Motte, y entonces sólo reunió a un centenar de personas. "Al principio", sostiene Lang, "la idea de sacar los clubes a la calle era interesante. Pero año tras año se fue transformando en un evento donde la música es lo menos importante. Ahora es sólo un evento publicitario. Para alguien que vive en Berlín, el Love Parade no tiene ningún interés".
En respuesta directa al Love Parade, Lang y otros músicos y DJ´s crearon el Fuck Parade, una "demostración política, multicultural y musicalmente heterogénea" que transcurre el mismo día en sitios secretos de Berlín. "La idea fue hacer algo en contra del Love Parade: un acontecimiento casi político, sin dinero, sin sponsor, sin nada". El Fuck Parade combina dos consignas: ganar la calle y revitalizar el sentido de lo público, y reivindicar un origen clandestino, casi ilegal, para la inspiración y la creación artística.
La disputa por los espacios también se vive en el terreno musical. "Mientras el tecno hegemoniza las bandejas de las decenas de dj que musicalizan el Love Parade, en el Fuck Parade tendencias disímiles conviven en una suerte de polifonía donde el reggae, el soul, el drum’n bass y el hip-hop dialogan entre sí. Los distintos clubes sacan su música a la calle y las tendencias son múltiples. Prima la diversidad que se nutre de las distintas culturas de inmigrantes", explica Lang. Según la nota "la última edición del Love Parade tuvo que tomar medidas drásticas para proteger la seguridad y la salud del colorido desfile de euforia danzante: contrataron cerca de 2 mil personas para acordonar los 260 mil metros cuadrados donde se despliega el carnaval electrónico". Sin embargo, luego de que la edición del ‘98 superara el piso del millón de asistentes y la municipalidad tuviera que desembolsar cerca de 330 mil marcos para reparar destrozos, "los ávidos ojos de la administración alemana no volverían a permitir que el desfile de marcos fluyera sólo hacia las arcas de la Deutsche Welle, encargada de televisar el evento. Y ya desde el ‘99 empezaron a forcejear con los organizadores, paradójicamente parapetados en un viejo edificio de la administración comunista, amenazándolos con prohibir el acto definitivamente". La prohibición gubernamental se basó en un debate "casi semiológico: durante casi diez años se discutió si el Love Parade era una manifestación política, aunque yo creo que nunca lo fue. Y recién en 2000 el gobierno se decidió a cambiar la palabra manifestación por evento. La lógica es sencilla: si se trata de una manifestación, el municipio no puede impedirla y debe hacerse cargo de la seguridad, la rehabilitación y la limpieza de las calles; si es un evento, en cambio, los propios organizadores son los que deben proveer estos servicios", explica Lang. Desde entonces, la rave empezó a financiarse con la lógica de un emprendimiento privado. Así, en la edición 2000, los organizadores debieron contribuir con más de 120 mil dólares para garantizar que Berlín amaneciera tan lustrosa como siempre. "Para nosotros el Fuck Parade es una manifestación, no un evento, y por tanto debe ser gratis y libre. Estamos absolutamente en contra de la privatización de los espacios por sponsors. Nadie va a pagar por nada. Por eso, ahora, nos transformaron en algo casi ilegal", cuenta Lang. En la edición del 2002 el Love Parade convocó a un millón de adolescentes (a un costo de un millón de euros), mientras que el Fuck Parade apenas pudo realizarse en algunas galerías de arte y clubes marginales en los confines de la ciudad, único lugar donde obtuvieron permiso. "Veremos qué pasa el año próximo. El reclamo sigue siendo que la calle sea pública", asegura Lang.

 

El encuentro entre el arte y lo político:

Bien mirada, esta confluencia sería la superposición de dos caras de la misma realidad: el carácter político del arte callejero, la política en las calles como representación estética, a la vez que materialización, del espacio colectivo - social. En el espacio mediático, se esfuman los límites entre representación y política, entre políticos y actores, entre periodismo y ficción. En el espacio urbano, el arte se politiza y la política se estetiza. En el fondo, la misma respuesta al abandono de la ciudad: los ricos y poderosos dejan las calles, los pobres, los contestatarios, los rebeldes, los artistas, las ocupan y reivindican. No es la reivindicación de un ilusorio orden perdido, es la afirmación de actores que proponen un cambio social.
Pero es oportuno prevenir cualquier posible mistificación de la calle: hablar de su "recuperación" trae connotaciones de una supuesta edad de oro, donde la calle habría sido el escenario de una suerte de esplendor democrático y de relaciones personales en libertad: ¿tiene esto algo que ver con las calles de las ejecuciones, de la represión, con la calle burguesa del paseo figurativo y la exclusión a los mal vestidos o a los desarrapados? La lectura de Richard Sennet (Carne y piedra - El cuerpo y la ciudad en la civilización occidental, Alianza Editorial), por ejemplo, aporta datos muy interesantes sobre la formación de la calle en una ciudad tan significativa, como París.
"La calle medieval de París", según Sennet, "no era ni más ni menos que el espacio que quedaba después que se hubieran construido los edificios". Estas calles, cuyos edificios tenían su origen en la afirmación agresiva de derechos, y cuyas porosas superficies y volúmenes estimulaban la competencia económica, también eran famosas por su violencia. En general, violencia entre pobres. Una de las causas principales era la bebida, cuya proliferación tenía un origen apremiante: la necesidad de calor corporal. "Debemos imaginar una calle caracterizada por formas de agresión diferentes pero discontinuas: una competencia económica deliberada y una violencia impulsiva no económica".
Sennet considera que el progreso de las calles comienza cuando a mediados del siglo XVIII se empieza a limpiar la basura de las calles y a drenar los hoyos y depresiones, a la vez que los pavimentos comienzan a aplanarse para impedir la acumulación de residuos y excrementos. "La imagen médica de la circulación vital dio un nuevo significado al movimiento barroco", asegura el sociólogo norteamericano. Ya no se trataba del viaje ceremonial hacia un objeto, sino de la celebración del movimiento en si. Urbanistas franceses como Christian Patte utilizaron la imagen de arterias y venas para justificar la disposición de calles de una sola dirección.
El diseño de la capital de los Estados Unidos, Washington DC, incorpora estas tendencias y las pone al servicio de un ideal republicano. Por la misma época Goethe caracteriza el nuevo espíritu de la calle: el filósofo alemán es uno de los primeros en señalar esa sensación urbana tan moderna de "sentirse solo y tranquilo en medio de la multitud y el ruido".
Sennet describe una de las funciones de la calle en gran parte de la historia de la humanidad, la de servir de escenario a las ejecuciones de convictos, y a las procesiones previas en que se paseaba al reo para su escarnio y para advertencia a la población. Tanto en el antiguo régimen como en la Revolución, estas procesiones tenían carácter festivo. Los reos marchaban desde la cárcel por una calle principal, en un promedio de dos horas de recorrido, acompañados de las burlas y la excitación de la masa (había incluso personajes de la nobleza que abandonaban sus palacios en las afueras para concurrir a presenciar las ejecuciones).

Casi como un antecedente de la tendencia que describimos en esta nota, "las calles parisinas estuvieron continuamente abarrotadas con manifestaciones populares durante los primeros años de la Revolución". En las mascaradas la gente se disfrazaba de sacerdote o aristócrata y se burlaba de los signos y atributos del antiguo régimen. Con el tiempo los lideres revolucionarios trataron de imponer cierta disciplina en estas manifestaciones, y así se crearon festividades formales con coreografías basadas en el cuerpo humano y la razón: "estos rituales a menudo terminaron apaciguando y neutralizando los cuerpos de los ciudadanos". Artistas como David y Quatremére de Quincy se hicieron cargo del ritual cívico en sustitución de los sacerdotes. Utilizaban la geografía de la ciudad y proponían estaciones o puntos simbólicos, y pausas, como las fiestas religiosas. Los organizadores deseaban educar a la multitud de cuerpos, y querían especialmente evitar el espontaneismo de las masas. "Estos festivales revelaron una perturbadora lección acerca de la libertad", sostiene Sennet. "La libertad que busca vencer la resistencia, abolir obstáculos, empezar de nuevo (la libertad concebida como un volumen puro y transparente) embota el cuerpo. La libertad que estimula el cuerpo lo hace aceptando la impureza, la dificultad y la obstrucción como parte de la propia experiencia de libertad. Los festivales de la Revolución Francesa constituyen un jalón en la historia de la civilización occidental, donde esta experiencia visceral de la libertad fue disipada en nombre de una mecánica del movimiento".
Si "la Ilustración imaginó individuos estimulados por el movimiento de la muchedumbre, el siglo XIX en cambio imaginó individuos protegidos por el movimiento de la muchedumbre". Regent Street, en Londres, introduce la idea de la calle de una sola función, donde lo importante es el movimiento longitudinal y no el posible contacto transversal. La presión del movimiento peatonal lineal hace imposible pararse y formar grupo para, por ejemplo, escuchar un discurso. Los Boulevares de Haussmann en París constituyen un verdadero muro de vehículos en movimiento, aunque también, con el ensanchamiento de las veredas, proporcionaron espacios para que el café se extendiera y con él sus usos urbanos y sociales.

La calle, ese edificio cuyo techo es el cielo (según Louis Khan), destruida por el urbanismo de la Carta de Atenas y el automóvil (según el Team X), ese espacio de relación social que describió Jane Jacobs, lleva en si una estimulante contradicción: es una vía para ir de un lugar a otro, pero es también un lugar donde quedarse, permanecer, encontrarse. Julio Ladizesky, arquitecto argentino, sostiene que las actitudes ciudadanas ante el espacio público varían de acuerdo al nivel socio económico de pertenencia:

    • Los sectores de ingresos altos no suelen utilizar el entorno de su vivienda y privilegian la fluidez circulatoria y el marco visual adecuado para la contemplación durante el viaje. Estos sectores proponen un espacio público para el paseo, "ordenado, bello, y vacío de actividades colectivas".
    • Los sectores medios utilizan las plazas, calles y centros barriales como espacio de expansión y paseo, diferenciado del espacio doméstico, pero apropiado como hábitat.
    • Los sectores de ingresos bajos tienden a usar el espacio público como una prolongación del ámbito doméstico. "Sus viviendas desbordan sobre el espacio colectivo, expulsados sus habitantes por el hacinamiento y la insalubridad del espacio interior . La comunidad es una estrategia para la supervivencia".

Para Ladizesky los espacios colectivos se definen por tres conceptos básicos: identidad, participación y apropiación. El mismo autor sintetiza en una frase la necesidad de una visión global del diseño de los espacios públicos, al señalar que "la cuestión, para los arquitectos, no consiste tanto en la adquisición de nuevos repertorios de proyecto, como en tomar conciencia del enorme valor que representa la integración social para la calidad de vida de la población".
El automóvil y una concepción unidimensional del tránsito urbano redujeron la calle a espacio de flujos. La expansión de los mass media la vació de su contenido social y comunicacional.
Pero la calle siempre vuelve, y hoy es escenario de nuevas situaciones, de nuevos reclamos, de nuevas representaciones. La cuestión en juego es una nueva redefinición de la calle, de lo público y de la experiencia artística. Como tantas veces en su historia, la calle se redefine y se resignifica.

MC

Sobre el cierre de esta edición de café de las ciudades, las calles de centenares de ciudades alrededor del mundo fueron escenario de la que hasta ahora es la manifestación global más grande de la historia: 30 millones de personas marchando contra la guerra, en muchos casos contra la propia opinión de sus gobernantes. A ellos, a sus ciudades y a sus calles va dedicado este número de nuestra revista.

La revista de la Sociedad Central de Arquitectos de Buenos Aires publica con frecuencia artículos de interés sobre la calle y el espacio público en general.

Una guía para organizar fiestas callejeras, en la página de Reclaim the Streets.(ir a how to?)

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Tendencias
Ganar la calle (II)
El fin de los edificios trofeo

Por John Thackara

english

Malas noticias para émulos de Frank Gehry: los edificios concebidos como espectáculo se convertirán muy pronto en elefantes blancos. Los alcaldes de muchas ciudades del mundo están buscando otras maneras de atraer la atención sobre su localidad, que no impliquen gastar enormes sumas de dinero en edificios trofeo diseñados por arquitectos "de marca".
Tres circunstancias están poniendo fin al boom de los edificios emblemáticos. La primera es la sobreoferta. La Bienal de Arquitectura de Venecia de 2002 mostró literalmente centenares de edificios grandes y glamorosos, que serán construidos en los próximos años. Pero precisamente por haber sido concebidos como espectáculos, estos edificios de firma han comenzado a contrarrestarse entre sí.
Les damos entonces el mismo status perceptual que a un afiche de Armani sobre una pared de Nueva York o Milán: los miramos, los juzgamos en un golpe de vista, y luego nos vamos. Esto no es un retorno adecuado para el tiempo, trabajo y dinero invertidos en generar estos edificios totémicos.
Segunda circunstancia: los edificios concebidos como destino turístico son difíciles de sostener en términos de negocios. Los turistas que recorren las ciudades raramente vuelven a visitar, por ejemplo, el Guggenheim de Bilbao, donde el número de concurrentes está declinando. El Reino Unido está inundado de edificios culturales emblemáticos - concebidos políticamente como símbolos grandes y costosos, y pagados con dinero de la lotería - que parecen condenados a dejar de ser negocio una vez que se agotó su novedad.
La tercera circunstancia es la emergencia de la "sociabilidad" y lo "vivible" como nuevos criterios para el diseño urbano. Los franceses - que con sus Grandes Proyectos inventaron la locura de los edificios trofeo- ahora caminan en otra dirección, hacia el desarrollo de eventos vivos y participativos como modo de agregar valor a un lugar.
La región de
Provence-Aples-Cote d'Azur, que se describe como la "tierra de los festivales", publicó un catálogo de 194 páginas con una lista de más de 300 eventos y festivales. Estos varían desde land art y arborescencia, música antigua y halconería, a festivales de humor, ritmo y fanfarria.

Los festivales culturales de tipo formal han tenido éxito en Francia durante años, pero la nueva sensación son las artes de la calle (arts de la rue). El arte callejero y las performances se han vuelto tan populares, que festivales sobre el tema son ahora presentados cada verano en Chalon-sur-Soane y Aurillac. Estos eventos, que ofrecen al mismo tiempo teatro callejero , circo, música y danza, han generado sucesos bien conocidos, tales como Royale Luxe, Iltopie, y Generik Vapeur.
Fue muy sorprendente que el pasado verano, el propio Ministro de Cultura francés, usualmente el epítome de la alta (por no decir costosa) cultura, asistió al evento de Chalon por primera vez. Y una asociación profesional por el arte en las calles ha sido formada para representar a los artistas y productores, y a los organizadores de festivales.
Jean-Marie Songy, director del festival de Aurillac, dice que estos eventos ejemplifican lo que el llama "ciudad abierta, el ideal utópico de la ciudad como un escenario abierto que sostiene la libertad de expresión"

Algunos artistas tienen miradas contradictorias sobre esta creciente atención de la que son objeto. Caty Avram, fundadora de Generik Vapeur, advierte que "estos festivales son indispensables para reunir a los artistas y a los programadores, pero debemos tener cuidado de que nuestras intervenciones callejeras no se conviertan en espectáculos observados por un publico pasivo. Deberíamos estar siempre buscando nuevas localizaciones, y gente no acostumbrada a nuestra clase de actos". Olivier Brie, director de Art Point M, coincide con ella: "hay dos riesgos verdaderos para un festival como Chalon: la lluvia, y los espectadores que pagan" (Le Monde 20/7/02). "Los artistas de la calle recelan, ciertamente, de los espectáculos pasivos", confirma Catherine Lemaire, directora de la dinámica agencia Eurekart."La tendencia es apartarse de las performances muy elaboradas en búsqueda de interacciones más pequeñas e intimas. El pensamiento actual es que cada espectador puede ser también un artista".
Lemaire sostiene que el teatro callejero se esta haciendo menos agresivo y provocativo. "Los artistas parecen menos confrontativos y más humanos: estamos viendo eventos más pequeños e íntimos, y la aparición de elencos unipersonales o de dos o tres personas, en contraste a los 15 o 20 que veíamos hace uno o dos años. Actualmente no es extraño para un artista provocar una interacción con una sola persona en la calle". Otra tendencia que señala Lemaire, es que el arte de la calle está buscando nuevos tipos de localizaciones: "Los artistas dejan las galerías de la plaza principal, y prefieren los lugares de trabajo, el centro comercial o
la fábrica". Cada noviembre, Lemaire organiza un equivalente del Festival de Cine de Cannes en Montpellier: Label Rue, que reúne una selección de artistas y comisionados de eventos de toda Francia. Lemaire, que ha realizado eventos artísticos callejeros en docenas de ciudades de Francia, España e Italia, selecciona alrededor de 40 actos e invita a los programadores de festivales y a la gente de la ciudad para venir a verlos. Los artistas hacen sus números en estacionamientos, cafés al aire libre y en las mismas calles de Montpellier. Hay música de todas clases (jazz, tambores de lata, fanfarria marroquí, gritos "yeti"), artistas de grafitti, lanzallamas, y un escultor, Patrick Lefevre, que toca el saxofón en el tope de una pirámide de 15 metros de alto que el mismo construye.

JT

John Thackara es inglés, ex chofer de ómnibus, graduado en filosofía en Kent, periodista, escritor, director y "primer Perceptron" del sitio holandés Doors of Perception, experto en diseño e innovación, e integrante de grupos de asesoramiento a la Comunidad Europea y el gobierno de Holanda.

Publicado originalmente en Doors of Perception.

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Proyectos de las ciudades
Conexiones vivientes en Brescia
Metrogramma y una propuesta integradora y contemporánea para la ciudad lombarda.


A fines de año pasado se realizaron dos concursos internacionales por invitación para el desarrollo de un centro comercial y un edificio en torre en el Comparto Milano, un área antiguamente industrial de la ciudad italiana de
Brescia, en la Lombardia. El premio para dicho proyecto correspondió al estudio londinense Btp, a cargo de Jim Duffy con colaboración de Pier Paolo Maggiora. En otra sección del concurso se cotejaron ideas acerca de dos torres, de uso terciario y residencial, y en este caso el primer premio fue obtenido por el estudio milanés Metrogramma, que también había obtenido el segundo premio para el centro comercial.
La sociedad Basileus, propietaria del terreno de 52.000 metros cuadrados, seleccionó los 12 finalistas del concurso entre un total de 60 inscriptos (30 de los cuales recibieron una paga por el solo hecho de ser admitidos para presentar una propuesta inicial). El jurado para la etapa final estuvo integrado por 7 miembros, 4 de la empresa promotora, uno de la Orden de Arquitectos, uno por la Ciudad y uno por la Región Lombarda (dado que el área tiene un interés que trasciende lo local).
La operación urbana estará a cargo de un grupo portugués, SONAE, que ha adquirido el área a Basileus con una cláusula condicional que liga el contrato a la posibilidad efectiva de realizar el centro comercial.

 

Conexiones vivientes

Por Andrea Boschetti, con la colaboración de Marco Baccarelli.

italiano

El interés de Metrogramma por las problemáticas del espacio urbano y, en general, del territorio contemporáneo, encuentra en el proyecto para el Comparto Milano en Brescia una oportunidad importante de confrontación directa y concreta. El constante ejercicio de lectura critica de los territorios, llevado adelante por Metrogramma en sus búsquedas proyectuales, se dirige a indagar fenómenos y modalidades de las actuales transformaciones, y a declinar algunas propuestas posibles en mérito a cuestiones hoy cruciales de la contemporaneidad.
Una de esas cuestiones cruciales está constituida, ciertamente, por la búsqueda de identidad y de nuevos significados para la ciudad de hoy.
Es evidente que la realidad cotidiana propone en general espacios para atravesar, más que lugares para habitar; que los episodios construidos representan con frecuencia "fragmentos" indiferentes uno al otro, cuando no directamente en disonancia. Esto conlleva la perdida de identidad de la ciudad y sus arquitecturas, que resultan demasiadas veces autoreferenciales y poco críticas en la confrontación con los contextos en los cuales se insertan. Además, la ausencia de una forma reconocible, y por lo tanto de límites precisos, enfatiza este aspecto de los territorios contemporáneos. Tampoco Brescia se aparta de estas consideraciones generales.
Una realidad urbana, la de Brescia, que se presenta en modo emblemático como una ciudad dispersa , "fractal"; así la ha descripto hace algún tiempo Bernardo Secchi en el documento del Plan : "está constituida de episodios desligados y autoreferenciales. Es una ciudad constituida de eventualidades urbanas, fruto de un desarrollo descontrolado ligado sustancialmente al interés privado en el corto plazo, que prescinde de una programación estratégica global ".
El área objeto del concurso nos ha parecido desde el principio como la copia al "negativo" del tejido denso y compacto de la ciudad histórica. Si en la segunda los vacíos y los espacios emergen en los hechos como intersticios y horadaciones, en el área del Comparto Milano aquellos estructuran en cambio en modo inequívoco el parcelamiento del terreno donde los bloques construidos (por su gran escala) aparecen en forma de fragmentos. Hemos querido mantener esta característica, salvaguardarla y hacerla devenir el tema conceptual a escala urbana de nuestro trabajo. Nuestro trabajo proyectual ha tenido como objetivo aquel de interactuar con tal sintaxis estratégica. El proyecto urbano de conjunto que hemos propuesto, así al menos creemos, no contrapone entonces los fragmentos de ciudad (aquel del área histórica y el del área del concurso), sino más bien intenta hacerlos interactuar interpretándolos como sistemas complementarios de una única idea contemporánea de ciudad.

Para lograrlo se ha puesto el acento sobre el rol de los espacios abiertos y sobre las conexiones con los fragmentos limítrofes de ciudad; en general, hemos puesto mucha atención proyectual a los grandes espacios colectivos presentes y previstos en el área objeto del concurso. Los mismos edificios, esto es las tres torres y el centro comercial del proyecto, han sido concebidos como "conexiones vivientes", puntos nodales de un sistema en red de movimientos peatonales, ciclísticos y carreteros. En efecto, hemos buscado fuertemente un proyecto urbano que estuviese en condiciones de responder, por una parte, a un programa dado, y por la otra, que fuera capaz de contribuir activamente a la optimización circulatoria al interior y al exterior del área de proyecto. En particular nos hemos preocupado de diseñar la relación entre el centro histórico, la estación ferroviaria y el nuevo "mall" comercial y administrativo.
Todo el área objeto de transformación, y en particular el gran "mall comercial" se inserta como una charnela entre el centro histórico de Brescia y la periferia. En una visión a gran escala, el área se ubica en la inmediata adyacencia del gran anillo viario localizado sobre la huella de las viejas murallas. Las tres torres y el centro comercial devienen así también la puerta principal de acceso a Brescia para quien arriba del Este. El proyecto urbano mismo, leído en su conjunto, puede ser considerado entonces como una "conexión viva", fuera de escala.
La gran estructura comercial está constituida por un programa funcional complejo que comprende el centro comercial verdadero y propio, un cine multisala, un supermercado y lugares de descanso; ocupa un área de dimensiones análogas (si bien pensada como un único gran edificio) a aquellas de un macro-lote tradicional de la ciudad de Brescia, y anticipa el cambio de escala de la parte Oeste de la ciudad.

El mall comercial ha sido concebido, en efecto, como un elemento polar, no como un banal contenedor de funciones; un lugar dinámico y vivo, denso inclusive en contradicciones y discordancias. Una ciudad dentro de la ciudad con una vida introvertida (caracterizada incluso por espacios colectivos en su interior) pero, al mismo tiempo, con una fuerte permeabilidad hacia el exterior. Una oportuna articulación, en efecto, de los diversos flujos de tráfico, como ha sido anticipado en las bases, garantiza las ligazones con el mundo de afuera: recorridos en altura, plazas suspendidas, puentes, estacionamientos a distintas alturas.
Las torres, destinadas a residencia y oficinas, han sido proyectadas como emblemas y símbolos de la contemporaneidad. Proponen un programa dinámico y flexible y al mismo tiempo muy preciso en la articulación de los espacios internos. Técnicamente son edificios muy simples y ya pensados en relación a as normas de seguridad antisísmica.
Volúmenes en transformación, tanto en planta como en sección. Las fachadas han sido pensadas como películas que registran estas mutaciones, casi como radiografías de las dinámicas internas. Sin embargo su aspecto remite a una sustancial materialidad y monumentalidad. Luces y sombras devienen sin embargo los elementos principales a través de los cuales se manifiesta su forma total.
El fin, el carácter del proyecto urbano en su conjunto quiere explícitamente enunciar una deuda con la tradición del moderno, sea en términos de referencias, o como "hecho urbano" crítico al interior de la ciudad de Brescia.

AB

Datos del Proyecto:

Concurso Internacional de proyecto en dos fases para las intervenciones del Centro Comercial, de la torre 18 y de las torres 11 y 15 en el área Comparto Milano". Vencedores del primer premio para las torres 11 y 15 y del segundo premio para el centro comercial y torre 18: METROGRAMMA (Milán) con la colaboración del estudio de ingeniería GREGORELLI (Brescia)

Metrogramma:
Arq. Andrea Boschetti
Arq. Alberto Francini
Colaboradores: Arq. Soik Jung (jefe de proyecto), Arq. Enzo Fontana, Marco Baccarelli, Chiara Nifosì, Arq. Maria Cucchi.

con Studio Gregorelli: Ing. Ettore Gregorelli
Colaboradores: Ing. Maurizio Cominacini, Ing. Marco Gregorelli, Ing. Alessandro Menegon, Geom. Francesco Serena

 

Acerca de Brescia:

Brescia está situada en la llanura del Po (la "pianura padana"), al pie de los relieves prealpinos. La colina dei Ronchi y el río Mella señalan respectivamente los limites este y oeste de la ciudad. Esta ubicada sobre la linea ferroviaria y carretera entre Milán (ciudad de la que la separan 88 kilómetros) y Venecia. Al sur de la ciudad se inicia la autopista hacia Cremona y Piacenza. Es un cruce estratégico de circulación que permite seguir viaje hacia el Norte a Val Trompia, Lago d'Iseo, Valcamonica, al oeste a Bergamo y Milán, al sur a Cremona y Parma (100 kilómetros), y al este a Mantua, Verona (68 kilómetros), Lago di Garda, Trento y Valsabbia. La superficie de la ciudad es de 89,78 km2, y se encuentra a una altura de entre 104 y 875 metros sobre el nivel del mar. Tiene un total de 215.156 habitantes.

El origen de la ciudad se remonta a la época de los ligures: el nombre se supone procede de un vocablo céltico que significa "monte". Los romanos se apoderaron de Brescia en una de sus campañas alpinas, aprovechando las disensiones entre las distintas tribus galas. En 49 AC Julio Cesar la convirtió en Municipio romano y le dio la ciudadanía a sus habitantes (y en general a todas las regiones allende el Po).

Atila la devastó en 452, incendiando toda la parte alta de la ciudad. Tras siglos de barbarie, los longobardos consiguieron estabilizar la región. Brescia fue sucesivamente territorio carolingio, parte de las luchas entre ciudades lombardas, señorío de los Visconti y los Malatesta, dominada por Venecia entre el siglo XV y el XVII, disputada por franceses y austríacos durante la era de Napoleón, y baluarte de la lucha independentista durante el Risorgimento y el reino de Italia.

Brescia concentra una gran cantidad de pequeñas y medianas empresas y secunda a Milán como polo productivo y financiero. La Standard & Poor´s,en su clasificación de ciudades, le asigna la doble A, lo cual la coloca en el nivel de Bolonia, Florencia, Milán y Venecia, y de algunas de las ciudades más desarrolladas del mundo en cuanto a "capacidad de honrar el pago de intereses y capitales". La propia administración comunal es puesta al nivel de las principales instituciones de seguros y crédito de la República. Se considera para ello "una economía floreciente y en crecimiento, los sólidos resultados del balance y el bajo nivel de deuda financiera".

La ciudad forma parte de la más grande de las provincias lombardas, un territorio que se precia de su gran variedad de paisajes: la llanura del Po, las colinas entorno a los lagos, las montañas alpinas. La floreciente economía de la región se basa especialmente en la industria metalmecánica, la agricultura y el sector zootécnico, la actividad cultural, la gastronomía y el turismo.

Brescia ha implementado una importante red de ciclovías que busca reducir la demanda del tránsito automotor, y las ha provisto de eficaces complementos, como sus cruces ciclísticos semaforizados. Una campaña publicitaria muy fuerte promueve el uso de la bicicleta con consignas como "vayamos en bicicleta al estadio", para ver al equipo local que actualmente juega en la Serie A del calcio italiano.

En la página de la Comuna de Brescia se puede acceder al Plan Regulador (aprobado en septiembre de 2002), a un mapa y a un tour virtual por la ciudad.

Ver una reseña de la historia de Brescia.

Acerca de Metrogramma:

METROGRAMMA fue fundado en Milán en 1999, como estudio de arquitectura y urbanismo, y tiene también una sede en Bolzano. El estudio, dirigido por Andrea Boschetti y Alberto Francini, explora los caracteres "evolutivos" del proyecto de arquitectura y urbanismo para la ciudad contemporánea, para lo cual pone las actividades de experimentación e investigación al mismo nivel que los encargos de obras y proyectos. Dicho trabajo está orientado a profundizar sobre los procesos de urbanización, y en especial el fenómeno de la densidad, en las dos formas más manifiestas en la ciudad contemporánea: dispersión y concentración.
Entre estos estudios e investigaciones se destacan la presentación en la Bienal de Venecia de 2000 con la instalación "futuramay2k", en conjunto con un grupo de jóvenes proyectistas; la presentación en el seminario científico de Europan7, en Oslo, de un trabajo metaproyectual sobre densidad y desarrollo urbano; la presentación en el festival Architettura in video 2002 de una investigación conceptual sobre Florencia (en particular sobre el potencial de reutilización de algunas áreas ocupadas actualmente por equipamientos ferroviarios para crear un nuevo Anillo Parque de Florencia), y la elaboración de un plan estratégico para el desarrollo de las áreas productivas de Bolzano, en colaboración con la Comuna y la Asociación de Artesanos.
Metrogramma ha obtenido premios en diversos concursos nacionales e internacionales, destacándose el primer premio para el centro de servicios Calliano TN (Bolzano), el primer premio en el concurso para 3 galpones industriales (Bolzano) y el segundo premio para la nueva plaza de Scandicci.
Andrea Boschetti (Bolzano, 1969), estudió arquitectura en Venecia y Barcelona. Trabajó en Rotterdam con Rem Koolhaas y en Italia con Bernardo Secchi. Estudia un tiempo en la Universidad de Columbia en Nueva York, y en 2001 se doctora en Investigación Urbanística en Venecia.
Alberto Francini (Florencia, 1969), tras estudiar en su ciudad natal, trabaja durante un tiempo en los Estados Unidos con Giuliano Fiorenzuoli, y en Italia con Massimiliano Fuksas.

En una charla personal, Andrea Boschetti me dijo que en su opinión, el trabajo urbanístico es la etapa de madurez de cualquier arquitecto. Esto es particularmente claro en el trabajo de Metrogramma, en especial por la calidad que han logrado al relacionar la arquitectura como disciplina de la forma y el paisaje, y el urbanismo como práctica científica de planificación, fundado en datos, estadísticas y proyecciones.
En su investigación sobre las posibilidades de crecimiento de Bolzano, proponen un salto de calidad sobre la banalidad de los "proyectos emblemáticos" y el marketing urbano, como así también de la abstracción característica de ciertos trabajos de planificación escudados en reportes numéricos y sociológicos. En el proyecto de Bolzano, parece especialmente acertada la caracterización del territorio como un único continente que alberga 4 instancias reconocibles de análisis de la ciudad (incluyendo la "agrociudad").
En el mejor sentido de la palabra, sus propuestas están caracterizadas por dos gestos de "humildad":

    • La explícita enumeración de antecedentes de sus propuestas, con una idea de construcción colectiva (pero no anónima) de la ciudad y de la disciplina urbanística.
    • El deliberado carácter inconcluso, no formalizado, de sus imágenes, no por una evasión del compromiso del proyectista sino por ese reconocimiento del carácter colectivo de la creación de la ciudad. Esto es evidente en las 4 hipótesis de densificación de Bolzano, en el anillo de Florencia y en las "conexiones vivientes" de Brescia. Esta actitud proyectual abierta permite, como es explícito en el caso de Bolzano, organizar nuevas maneras de participación civil en el diseño y la gestión de la ciudad.

MC

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Cultura de las ciudades
Muralla para una ciudad
Un viaje al origen de las ciudades, en la pintura de Juan Fontana


Los griegos tuvieron titanes antes que dioses: eran las fuerzas de la naturaleza, incontrolables, irracionales. Como dice Ulises sobre los Cíclopes, eran gigantes sin ciudad ("no tienen un ágora donde cambiar pareceres, y carecen de leyes"). La rebelión de Zeus, el hijo del tiempo, termina con esa era de Caos y establece la dinastía del Olimpo, sospechosamente similar a la especie humana en sus grandezas y miserias, en la razón y en los caprichos.
En la serie de pinturas de Juan Fontana sobre la muralla en las ciudades (expuesta recientemente en el Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires), es clara la dicotomía entre el territorio, presentado como una base neutra e indiferenciada, y las ciudades, que aparecen en su grado más puro. Son ciudades ideales de la razón (Palmanova, Christianopolis) o bien ciudades históricas y reales, pero presentadas en su estado fundacional, frágiles asentamientos sin el desarrollo de su historia. Barcelona, Buenos Aires, Nueva York, Roma, o en realidad sus embriones (la "Roma quadrata", la Barcelona de la Ciudadela, los estratégicos puertos de la colonización americana...) se destacan en el rincón inferior derecho del cuadro, aquel que según Kandinsky concentra la atención más destacada del espectador.
Fontana lee en cambio el territorio como un fondo grisáceo, blanco en su resultado visual, donde apenas se insinúan los grandes trazos de la geografía, el catastro y la vialidad (en una muestra anterior en el Museo de Bellas Artes, Fontana jugaba con los matices del blanco en composiciones abstractas). E inserta una extraña y surrealista muralla que no defiende nada, que solo separa dos franjas del territorio en blanco, y que enlaza todos los cuadros en la amplitud de la sala. Una figura direccional, compuesta de dos aparentes muros contenedores entre los que corre una especie de lava o yacimiento geológico, colorido y brutal. Quizás indiferente a las ciudades, o quizás una amenaza que las aplastará.
La muralla es aquella de Kafka, inaccesible, inconcebible, donde por su estrategia de construcción "quedaron numerosos claros que solo se llenaron poco a poco, con lentitud, algunos solo después de haberse ya proclamado la construcción de la muralla. Mas aún: se dice que hay huecos que no se llenaron en absoluto". Las referencias urbanas de Fontana contradicen aquella paradoja kafkiana: esas ciudades que emergen del territorio "vacío", casi con una impronta sexual sobre una piel indiferenciada, crecieron y se transformaron en faros para la acción humana. Aunque por cierto, como La Muralla China, nunca se completan. Fontana le dedica una muralla al escritor de Praga, una muralla laberíntica y pesimista, bien distinta a la que ubica en las periferias de sus ciudades. Mercedes Casanegra, en el folleto que presenta la muestra, se pregunta "¿cual es hoy la noción de muralla relacionada a la ciudad? Ya no es la de una localidad protegida de fuerzas eternas, como hace siglos, ya que hoy los sitios amurallados son más bien suburbanos".
Sobre el fondo de la sala, una serie de composiciones sobre madera componen una imagen totalizadora de la cuenca del Río de la Plata, con su monstruosa Buenos Aires y las manchitas de los poblados uruguayos sobre la banda oriental. Los bancos de arena en el río brillan, y en la pared opuesta, y con técnica similar, sigue discurriendo la muralla, ajena a los sufrimientos y anhelos humanos.
Unos bellos dibujos sobre hojas de cuaderno exploran con mayor detenimiento los sustratos geológicos y las intervenciones humanas sobre ese territorio original. Una relación que siempre interesó a Fontana, como se ve en las imágenes del sitio donde se emplazaría Buenos Aires en el muy buen libro de Juan Molina y Vedia, "Mi Buenos Aires herido": la barranca, la inmensa llanura, los afluentes meandrosos del Plata y el eterno río, que un día invadirán las islas del Delta.
Sobre el territorio aparentemente neutro de los cuadros de Fontana se desarrolla una extraña lucha entre la fuerza caótica de la naturaleza y el orden racional de las ciudades. Tan ideal en Palmanova como en las ciudades reales, memorables y entrañables que el artista explora con ternura y rigor, arribando a la madurez de su trabajo creativo.

MC

Ver la página del Centro Cultural Recoleta, un lugar para experiencias artísticas estimulantes y originales en el barrio más elegante de Buenos Aires.

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Lugares
Palermo u otra manera de tomar café

La historia de la ciudad acecha en cada edificio y el turista no la consigue desvelar.

Por Josep Alías y Mariona Tomás
(a Totò, a Raffa, y "lo" que viene)

catalán

Totò dice que "Il caffè si prende bestemmiando per la fretta, perchè la tazzina è troppo calda, perchè è amaro, perchè è forte, perchè è sempre troppo poco e per questo ha il gusto delle cose fugaci!!!!".

Palermo, al igual que la Atlántida, en algún momento de su historia decidió sumergirse. Pero en lugar del océano, Palermo eligió la decadencia y ocultó su belleza sólo para aquel que es capaz de ver a través de los andamios que cubren los palacios, y para aquel que es capaz de descifrar las filigranas decorativas góticas, neoclásicas,..., de todos los estilos incrustadas en las torturadas fachadas. La historia de la ciudad acecha en cada edificio y el turista, demasiado ocupado en ahuyentar los cientos de historias sobre la ciudad y la isla que le explicaron antes de viajar, no la consigue desvelar. O ¿serán los mercados, verdaderos zocos que llenan el ambiente de olores y palabras que pretenden atraer toda nuestra atención, los que saturan los sentidos para que no puedas ver más allá? Debe tratarse de una conspiración. Todos los tenderos del mercado de la Vucciria (que ha dado lugar a la expresión "fare vucciria" como sinónimo de "alboroto"), se han aliado para que deambules con la boca abierta.

Palermo se extiende a lo largo del mar, arropada por grandes montes y construida por fenicios, bizantinos, romanos, judíos, árabes, catalanes, franceses, mahgrebíes,... Todos ellos han sido palermitanos alguna vez. Todos ellos han dejado su huella en el centro de la ciudad, en el que se encuentran sugerentes contrastes. La Kalsa, uno de los barrios de origen árabe, es quizás el más idóneo para observar las divergencias entre los intentos de potenciar la rehabilitación de un centro histórico destrozado por las bombas de una guerra que pasó por la isla hace cincuenta años, los terremotos y el abandono, y las nuevas políticas populistas que potencian la especulación.

El ritmo de la ciudad está marcado por dos elementos: el tráfico, que se rige por un lenguaje pseudoreligioso sólo comprensible y expresado para el que conoce y acepta entrar en el duelo y rendir culto a la "macchina"; y por la manera de entender la vida de sus habitantes. Sí, Palermo es una ciudad de Italia, ya lo sabemos, pero hay algo más. Los palermitanos son italianos con algo más. Con un plus de picardía, de sabios de la buena vida y de calidez, que ha quedado mitificado a través del gatopardismo, del cual rehuyen muchos de los palermitanos.

En ésta ciudad, sólo el espacio público protegido tras las rejas se salva de la invasión del coche. Hermosas villas y plazas guardan entre verjas espectaculares jardines: Villa Garibaldi en Piazza Marina, el Jardín Botánico... Si bien toda la ciudad, y en especial el centro, está salpicado de espacios que podríamos identificar como plazas, la falta de símbolos propios de estas (bancos y árboles) nos podría indicar que estamos en medio de un aparcamiento. Pero no. Estamos en una plaza llena de coches, entre los cuales la gente se relaciona. Y ¿qué es el espacio público sino un lugar que genera relaciones entre personas?

Vale la pena perderse por las calles del mercado del Capo y ver salir de la decrépita villa al viejo aristócrata que se hace camino entre los niños de origen albanés que juegan por la calle. Hacia el oeste, la ciudad se encuentra con el ensanche del novecento que traslada la ciudad hacia el corazón de Europa, salpicado de imponentes moles promovidas por ese gran "arquitecto" de los 20 y los 30, conocido como el Duce, y que ha iluminado a tantos arquitectos actuales de todo el mundo.

Palermo u otra manera de tomar el café: se degusta de pie, se cruzan unas palabras y uno se queda con la sensación de que el ritmo de nuestras vidas no nos deja suficiente tiempo para saborearlo.

JA y MT

Palermo, capital de Sicilia, recibió su nombre de los navegantes fenicios: "panormos" (puerto). Fue muy prospera durante la época romana, y especialmente durante las dominaciones árabe (algunos la comparan con Córdoba y El Cairo) y normanda, de cuyo reino este llegó a ser capital. El sector norte de la ciudad alberga monumentos religiosos y civiles de aquellas dos culturas. La Plaza de la Victoria es el centro civil y religioso de Palermo. De la Porta Nuova (construida en 1583 para la visita del monarca Carlos V) nace la avenida Victor Manuel, construida sobre una antigua ruta fenicia que cruza el centro de Palermo, atraviesa varios palacios e iglesias hasta llegar a los Quattro Canti (una pequeña plaza que divide los cuatro barrios, o mandamenti, de Palermo) y desemboca en el mar. Sobre las ruinas de una fortaleza romana, los árabes construyeron en el siglo XI el Palazzo dei Normanni, y detrás está la Capella Palatina. El barrio de Kalsa fue construido por los musulmanes como sede de los poderes civiles y militares. Durante la época normanda, estos barrios fueron habitados por marinos y pescadores, y ese ambiente sobrevive aun en sitios descritos en esta nota, como el mercado de la Vucciria. Palermo tiene uno de los Museos de la Marioneta más completos del mundo, ya que Sicilia tiene una añeja tradición de títeres desde la época de Carlo Magno. Se ubica en la Plaza Marina, el centro donde se concentran los principales edificios civiles y religiosos. El centro de esta plaza lo ocupa la Fontana Pretoria, realizada entre 1552 y 1555.. Debido a que las estatuas se encuentran completamente desnudas, se le conoce también como la "fuente de la vergüenza".

"Por primera vez desde la unificación italiana", según las autoridades comunales, Palermo ha elaborado un Plan Regulador que bloquea la expansión de la construcción especulativa (origen de un asentamiento urbano congestionado y contaminado) y promueve en cambio servicios y lugares para la comunidad. El Plan propone un programa de descentralización con siete municipios metropolitanos: Libertà-Montepellegrino, Monte Gallo,