conocimiento, reflexiones y miradas sobre la ciudad
revista digital - aparece el primer lunes de cada mes

año 2- número 8- junio de 2003

La propuesta de constituir grupos de debate y reflexión
urbanas, a partir del
café de las ciudades, ha tenido una excelente respuesta de nuestros lectores. Con los mensajes recibidos ha sido posible avanzar en la concreción de estos encuentros, que en algunas semanas comenzarán en dos zonas de Buenos Aires: el Centro y San Isidro. Por supuesto, en bares animados y bien atendidos, ideales para el tipo de situación urbana que deseamos crear. Amigos y amigas de otras ciudades, en América Latina y en Europa, han mostrado interés en esta propuesta: quizás sea posible concretarla en ocasión de próximos encuentros programados (como las reuniones del SAL en Montevideo, o la RIDEAL en Santiago, quizás el Fórum de Barcelona o la Bienal de Venecia...).

Como dijimos en nuestro mensaje a los parroquianos, el objetivo de los encuentros es el de expandir cualitativa y cuantitativamente el grado de reflexión personal sobre cuestiones vinculadas a la ciudad: su forma física, su patrimonio, su vida económica, su complejidad social, su sostenibilidad ambiental, su imaginario cultural. Pueden participar profesionales, artistas, empresarios, periodistas, funcionarios, estudiantes, militantes políticos o sociales, y en general aquellas personas interesadas (por cuestiones laborales o personales) en la ciudad como ámbito por excelencia de la vida contemporánea. Será también una oportunidad de realizar contactos personales y profesionales con gente de intereses afines o complementarios, y de anticipar e identificar tendencias y procesos de innovación en la ciudad.

Entre los mensajes de respuesta, recibimos algunos que no se referían específicamente a nuestra propuesta. Saludos de gente querida, opiniones sobre la revista en general, propuestas de notas, ofertas de material para publicar, consultas. Es lo que pasa en la ciudad: la comunicación se amplía y, como dice Oriol Bohigas, se encuentra algo que es distinto a lo que se buscaba, pero que resulta grato conocer. Ese es el espíritu del café de las ciudades, un espacio de diálogo entre ciudades y ciudadanos.

MC (el que atiende)

Los interesados en participar de las charlas de café en Buenos Aires y San Isidro pueden comunicarse a cartas@cafedelasciudades.com.ar. Quienes ya se han contactado, recibirán personalmente los datos sobre las charlas a realizar. Este emprendimiento de café de las ciudades, en el espacio "real", consiste en realizar encuentros ("charlas de café") para debatir distintos aspectos de la vida en las ciudades contemporáneas. Las reuniones tendrán unas dos horas de duración, y se utilizarán libros de urbanismo, narraciones, ensayos, textos periodísticos, películas, música u otras producciones culturales como disparadores del debate.

 

DESEO RECIBIR:
 

cartas al café

ediciones anteriores:
número siete
número seis
número cuatro/cinco
número tres
número dos
número uno
ground zero, número 0 (11/9/02)

acerca de café de las ciudades

no deseo recibir esta revista

Economía de las ciudades
La ciudad clandestina

Ocupaciones y "oKupas", abusivismo, privatización forzada.
Tendencias
De la caída del muro al 11/S (I parte)
Marketing, competencia y sostenibilidad en el urbanismo reciente. Por Sergio Cano.
Ambiente
Una comunidad auto-sustentable en Australia
"Sin organizaciones no se puede avanzar". Por Jill Jordan.
Lugares
I’ve been living inside
"Juárez es la ciudad madre que parió un hijo varón, El Paso". Por María Berns.
La mirada del flanneur
Roma, complicidades y vino
Un sueño lleno de colores y sabores. Por Rolo Chiodini.
Nuestros lectores se comunican.
Intimidad en Florencia - Seminario: la Ciudad Global en el Mercosur - Ground Zero x 2: luces de Spike Lee, sombras de Libeskind - Santa Fe: lo que falló, lo que viene - Renault financia una Zona de Acción Concertada - Datos

Las imágenes de este número corresponden a: dibujo de portada y fotos de okupaciones y desalojos, tomados del sitio oKupa Kopon, fotos de asentamiento y barrio cerrado en Buenos Aires por Marcelo Robutti, edificio "abusivo" en Sicilia, fotos de obras y proyectos recientes de arquitectura tomadas del libro "La transformación de la ciudad", de Kenneth Powell, y de las revistas Arquitectura Viva, Architectural review, A+U y National Geographic, fotos de Maleny y mapas de Crystal Waters, en Australia, reproducción del cuadro de John Alexander "I' ve been Living Inside the Hydrogen Bomb", poster de la película Fellini - Roma, imagen nocturna de la Piazza Navona en Roma, logotipo de Mercociudades.

Economía de las ciudades
La ciudad clandestina
Ocupaciones y "oKupas", abusivismo, privatización forzada

Hay una parte clandestina de la ciudad, que excede las andanzas de vendedores callejeros o inmigrantes ilegales, de narcotraficantes o capitalistas de juego. A veces, la propia ciudad tiene espacios clandestinos, lugares arrancados a la legalidad, territorios que existen en la realidad pero no en los registros del Estado.
Lo clandestino es un escándalo de la ciudad, que se supone la cosa pública por excelencia. Pero no siempre lo ilegal es ilegítimo, y no siempre el Estado quiere o puede controlar su territorio. La ciudad clandestina no está asociada necesariamente a una ilegalidad más amplia, económica o social. Y tampoco es exclusiva de los pobres y marginados: los ricos también transgreden, si los beneficia. Ocupaciones de terrenos o edificios, construcciones no autorizadas ni declaradas, barrios privatizados de hecho por vecinos que temen a la ciudad: lo clandestino indigna y molesta, pero también puede traer la memoria de los primeros pactos que hicieron posible la ciudad.

Ocupaciones de terrenos y viviendas

Un típico fenómeno de clandestinidad urbana es la ocupación de terrenos periféricos a las grandes ciudades. Allí se asientan grupos marginados, en general migrantes internos y externos, o desplazados de los barrios centrales de la ciudad por distintos motivos. En épocas de expansión económica, como producto de la gran oportunidad de empleos y servicios que brindan las ciudades. En otros casos, por los reacomodamientos territoriales originados en el deterioro de las prácticas rurales tradicionales, o por la desindustrialización de algunas zonas de la ciudad. Es también un fenómeno rural, como el que hoy protagonizan los Sin Tierra en Brasil.

Según la UEMRI ("Urban Environmental Management Research Initiative"), los asentamientos ocupados representan una especie de negociación o solución de compromiso entre varios dilemas: baja calidad de vida y proximidad a empleos y mercados, baja calidad residencial y escasa inversión en vivienda, carencia de vivienda e inseguridad en su tenencia, carencia de acceso a las infraestructuras y provisión intermitente de servicios urbanos.
Correctamente, la misma fuente diferencia asentamientos ocupados (squatter settlements) de tugurios (slums): el tugurio es una calidad física y ambiental, la ocupación se refiere a la legalidad de la posesión de la tierra y del acceso a provisión de infraestructuras. No siempre una ocupación implica un tugurio, ni un tugurio una ocupación, aunque la coincidencia es habitual. Y por otro lado, la misma formalidad e informalidad se entrecruzan en la práctica: por ejemplo, comerciantes establecidos legalmente que durante la noche revenden a ocupantes de un terreno vecino su electricidad, o proveedores de bidones de agua que abastecen a asentamientos informales.
Hari Srinivas, miembro de dicha organización, previene contra la solución facilista de considerar a las ocupaciones como un "mal" a ser erradicado, y en cambio reivindica la consigna básica de proveer adecuado alojamiento a toda la gente. Según este autor, existen tres características que definen a un asentamiento ocupado:

  • debido a su status no legal, sus servicios e infraestructuras están por debajo de niveles mínimos o adecuados
  • en general albergan a grupos de bajos ingresos, con empleos precarios o informales, predominantemente inmigrantes (aunque hay ocupantes de segunda o tercera generación, como puede comprobarse en cualquier favela o villa miseria latinoamericana)
  • los ocupantes carecen de títulos de propiedad sobre las parcelas donde construyen sus casas, pese a lo cual existe un mercado informal organizado de la renta del suelo (que en algunos países asiáticos es dirigido por el verdadero propietario de los terrenos ocupados: estas rentas son superiores a las rentas agrarias que podría producir el lugar, y no están afectadas por los impuestos ni las obligaciones que soporta un desarrollador formal).

Srinivas considera que la gente ocupa tierras o viviendas por razones propias y ajenas. Entre las primeras, menciona la falta de ahorros y capacidad de financiación, y la precariedad y baja renumeración de sus empleos. Las razones ajenas son el alto costo de la tierra y la vivienda, la apatía y la antipatía del gobierno hacia estos sectores, la excesiva calidad edilicia requerida por algunas reglamentaciones, y las complicaciones de la normativa y gestión urbanísticas.
Charles Abrams (Man's Struggle for Shelter in an Urbanizing World, The MIT Press, 1964) y John Turner (Uncontrolled Settlements: Problems and Policies, en International Social Development Review No.1, Naciones Unidas, 1968), entre otros, han prestado una particular atención al fenómeno de las ocupaciones, influyendo en las recomendaciones propuestas por la Conferencia del Hábitat de 1976 en Vancouver. Sus escritos definieron la esencia de las ocupaciones, y se cuidaron de cuestionar su carácter ilegal para enfocarlas en cambio como una forma de acceso a la vivienda en países subdesarrollados: de esta forma estimularon el paso de la actitud hostil a las ocupaciones, hacia una de apoyo y protección. Estas se expresan en políticas estimuladas por los organismos internacionales, como la regularización dominial, y los programas de lote y servicios y de mejoramiento de barrios.
Existen incluso mecanismos posibles para comprometer a los propietarios de los terrenos ocupados en procesos de mejoramiento, como por ejemplo subdividir las tierras manteniendo en su dominio los lotes subdivididos ubicados sobre las rutas principales, o muy cercanos a las infraestructuras. De esta forma el propietario resigna una parte de sus tierras a cambio de mantener otra más valorizada por los procesos de urbanización. Srinivas subraya en esto casos el rol de organizaciones no gubernamentales, y de voluntarios, en ayudar a la movilización, el entrenamiento y la capacitación de los ocupantes.

Un ejemplo significativo de ocupaciones de terrenos es el que comenzó en Buenos Aires a partir de 1978. Ese año se sancionó la Ley provincial de Uso del Suelo, que terminó con los loteos abusivos de los '60 y '70. Pero al ignorar la necesidad de generar condiciones alternativas adecuadas para el desarrollo de la vivienda popular, se dio origen a la ocupación de tierras en la periferia metropolitana: es el fenómeno de los "asentamientos", del cuales el de Solano es uno de los más antiguos y conocidos. A diferencia de las "villas miseria", surgidas con el proceso de industrialización de mitad de siglo XX, estos asentamientos se desarrollan en áreas periurbanas y no en sectores centrales de la ciudad, y el diseño inicial lleva en si el germen de la posterior legalización: tamaños y formas de los lotes, previsión de calles, etc. Resulta sorprendente la forma en que los grupos ocupantes producen ciudad en pocas horas a partir de terrenos rurales o abandonados.
Las ocupaciones tienen generalmente apoyo político de estructuras estatales, paraestatales o partidarias, e incluso algunos mencionan el apoyo de los propios dueños de los terrenos, que obtendrían plusvalías por la posterior expropiación de sus terrenos rurales o periurbanos a precios urbanos.
El fenómeno de la ocupación se acompaña generalmente con la organización de los ocupantes en organizaciones de base, e inclusive en federaciones de segundo o tercer grado. Estos colectivos comparten con los movimientos de inquilinos, y otras organizaciones sociales, su rechazo a la explotación de las clases más pobres de la sociedad en las instancias de consumo de bienes básicos como la vivienda.
Entre otras organizaciones que actúan en el Gran Buenos Aires está el caso de la Federación de Tierra y Vivienda, liderada por el dirigente piquetero Luis D´Elía, que integra la CTA (Central de Trabajadores Argentinos). Otras organizaciones son impulsadas por movimientos religiosos u organizaciones internacionales. En la mayoría de los casos (y a diferencia de las vertientes libertarias que analizaremos más adelante), los ocupantes de terrenos y edificios tienen intenciones de legalizar en el corto o mediano plazo su situación. Incluso hay economistas liberales, como
Hernando De Soto, que ven con buenos ojos la posibilidad de acceso a la propiedad de estos grupos (ver número 1 y presentación del número 7 de café de las ciudades).

En un texto reciente, próximo a publicarse ("Mercantilización de los servicios habitacionales y privatización de la ciudad - Un cambio histórico en los patrones de expansión residencial de Buenos Aires a partir de los ’90") los especialistas en vivienda Raúl Fernández Wagner y Omar Varela sostienen que la regularización dominial constituye "una de las problemáticas más importantes en torno a la gestión residencial". En algunas entrevistas que los autores han realizado se hacen referencias a las dificultades de implementación de la ley de regularización dominial vigente en la provincia de Buenos Aires, ya que a muchos hogares les cuesta pagar el 1% del valor del lote. También "se pueden entrever otras razones, como la eventual negativa a sumarse al beneficio de la regularización que les implica a los hogares someterse a nuevos gastos fijos como impuestos y servicios".
Los autores citan además algunos casos de estafas en la subdivisión y venta de terrenos periféricos, como el Barrio Máximo, en el municipio de San Miguel. Allí hay 150 familias, de las cuales 50 son ocupantes. Pero los que compraron la tierra y poseen boletos con validez legal, no fueron advertidos al comprar su lote (15 años atrás) que estaban adquiriendo tierra en condominio. Esta estafa encubierta consiste en simular la venta de un lote de 800 metros cuadrados, al que se le han hecho pasillos y dividido en cuatro lotes menores. "El procedimiento - explican Fernández Wagner y Varela - era mostrar el lote a la persona, arreglar el precio y firmar el boleto. La gente no advertía que firmaba por un 25 %. Los mismos propietarios han hecho otro tanto en el barrio Don Alfonso, que tiene 22 familias en esta situación, incluso con algunos lotes sin acceso por pasillos. La repetición del caso daría el indicio de una acción premeditaba por parte de los dueños de los terrenos al momento de comercializarlos". Los titulares de dominio están identificados y el municipio está tratando de llegar un acuerdo con ellos, tendiendo a consolidar y subdividir el terreno con 4 familias con el 25 % del lote para cada una.

Las áreas degradadas del centro de la ciudad son el escenario de otras formas de ocupación, en este caso de edificios abandonados, vacíos, deteriorados o inconclusos.
Estos edificios, desocupados en forma expresa por sus propietarios (no hablamos de edificios que no se consiguen arrendar o vender, sino de aquellos que voluntariamente son puestos fuera del mercado, y corresponden a la definición más clara de especulación inmobiliaria: la espera de mejores condiciones para la venta de inmuebles sin mejoras), tienen una doble función en la mecánica de la renta urbana. Por una parte desvalorizan al resto del parque construido en su entorno cercano, pero por otro lado reducen la oferta y así aumentan artificialmente los precios de la propiedad en general. La ocupación constituiría así, en la mirada de algunos teóricos, una respuesta económica que altera esas especulaciones.

En "Okupación y desobediencia como herramienta de lucha ante los problemas de la vivienda", un artículo publicado en el periódico radical La Haine, Rubén Ibán realiza un análisis de las condiciones de producción y consumo de la vivienda en las grandes metrópolis del mundo desarrollado. Ibán sostiene que aunque en estas existen condiciones para "construir por encima incluso de la demanda de viviendas, sin embargo dentro de la lógica capitalista esto no quiere decir que todo el mundo pueda tener acceso a una vivienda digna. En la urbe del capitalismo industrial y post-industrial se dan una serie de procesos que obran en prejuicio de las clases mas desfavorecidas para el acceso a la vivienda: desequilibrios entre el poder adquisitivo medio y el precio de la vivienda, procesos de gentrificación y procesos de concentración de la población en las zonas mas favorecidas por el capital y el empleo".
Ibán sostiene que la existencia de casas vacías en los centros de las ciudades responde a una lógica de la especulación capitalista, lo cual explica la paradoja de que la dificultad de acceso a la vivienda coexista con la existencia generalizada de viviendas desocupadas. "En el caso de España, por poner solo un ejemplo, desde finales de los años sesenta los precios del suelo y la vivienda no han parado de multiplicarse en tres booms sucesivos. Sin embargo en las grandes urbes del Estado español encontramos enormes parques de viviendas vacías, viviendas nuevas que tardan años y años en ocuparse, viviendas antiguas que se abandonan hasta la ruina, solares que nunca se edifican". Según Ibán, mantener viviendas vacías permite construir, vender y alquilar más, además de generar expectativas sobre una suba de los precios del suelo, a la espera de poder obtener mayores beneficios en un futuro.

oKupación política

Ibán asocia estos procesos especulativos a la consiguiente gentrificación de las áreas centrales: "esto se consigue mediante la declaración de ruina de viviendas antiguas o de impago de los alquileres, además de la concentración de la construcción de viviendas de protección social en determinados puntos de la periferia de las ciudades. Se consigue así liberar el espacio, demoler las viviendas antiguas y poder construir otras de mayores dimensiones y comodidades, que unidas a su posición estratégica en el centro o áreas cercanas al centro de las ciudades, se repoblarán con ciudadanos con un mayor poder adquisitivo". Por otra parte se eliminan viviendas y rentas de las que se podían extraer escasos beneficios, a la vez que se fomenta la construcción de nuevas viviendas que, a pesar de ser supuestamente de precios protegidos por la administración, tendrán unos precios y unos alquileres muy superiores a las rentas viejas de las casas de vecinos.

"La ocupación ha sido utilizada como herramienta para luchar contra estos procesos en numerosas ocasiones. En primer lugar, ocupando las casas que dejaban vacías la especulación o desalojos previos, y en segundo lugar rehabilitando las casas antiguas para evitar su "ruina", principal objetivo de los propietarios. Esto ha sido evidente en la mayoría de las experiencias con la ocupación militante en el Estado español, y con anterioridad ya habían abanderado esta lucha los okupas de Berlín, con las llamadas "ocupaciones de mantenimiento". Sin embargo, Ibán considera que hasta el momento dicha estrategia ha fracasado, con pequeñas excepciones. "La principal causa es que han sido siempre elementos externos y no los habitantes tradicionales del barrio los que han llevado a cabo estas acciones. Además, los okupas no han conseguido siempre conectar con la gente del barrio y conseguir su participación en las luchas".

El mismo autor, en otro artículo (España: el problema de la vivienda y el papel de la ocupación), sostiene que este modo político de "okupación" es específico del occidente desarrollado, y lo explica por la coincidencia de una industria de la construcción activa y muy sofisticada, alta rentabilidad de la especulación inmobiliaria, elevados precios del suelo, y al mismo tiempo problemas de hacinamiento y tugurización en las grandes ciudades.
La "okupación" política estaría ligada a la denuncia de estos problemas urbanos. Sostiene que el primer periodo de ocupación masiva y politizada dentro de un país capitalista se remonta al Londres de postguerra, en el contexto de una crisis de vivienda muy grande originada por la destrucción por los bombardeos. El fenómeno reaparecería entre los '60 y los '70, protagonizado "por familias de clase obrera, sobre las que la crisis económica y la posterior reconversión no tuvo piedad". Este movimiento no tiene objetivos ideológicos ni testimoniales, sino que busca presionar al gobierno para conseguir mejoras en los servicios sociales de vivienda, con cierto éxito. En el mismo período se registran numerosas okupaciones en Berlín Oeste y en el norte industrial de Italia, donde los grupos "Potere Operaio" y "Lotta Continua" pregonan la extensión de la desobediencia obrera desde la fábrica (la producción) hacia el consumo, en este caso el de la vivienda. Otro instrumento utilizado fue el de las "auto-reducciones" en supermercados y medios de transporte: consistía en la negativa a pagar incrementos de precios y tarifas, practicada de manera activa.

En la actualidad, según Ibán, la vivienda "es una trampa muy bien montada, como cualquier otra mercancía orientada al consumo obrero de masas". Cita el caso de España, donde en los seis primeros meses del 2001 el precio de la vivienda creció un 16,6%, un 13% más que los sueldos de los trabajadores asalariados, mientras que desde julio del 2001 hasta julio del 2002 subieron un 15%. Esto implica que las familias de trabajadores tienen que dedicar un promedio del 47,5% de la renta familiar al pago de su vivienda. Es la denuncia y la lucha contra esta situación la que Ibán considera se encuentra en el corazón de las okupaciones, y esa convicción se expresa en la consigna con que cierra su nota: "hacer que cada espacio ocupado y autogestionado sea un cáncer para el mercado".
Algo parecido a lo que sostiene el grupo de okupación Almorranas Kabreadas. Al comentar la batalla sostenida en pleno centro de Barcelona durante el desalojo del antiguo cine Princesa, en octubre de 1996, los AK sostienen que "a la ciudad del diseño y de la paz social le ha salido una almorrana. Toda la ingenieria del consenso puesta en marcha ya antes del ´92 para vendernos la idea de que vivimos en la mejor ciudad del mundo se ha visto confrontada con un hecho inesperado: en el centro de Carcelona ha existido un espacio libre". Con un lenguaje de clara inspiración situacionista, los AK reivindican, "en la Barcelona feliz de los voluntarios, de los ciudadanos definitivamente felices porque están muertos, del espectáculo subvencionado permanentemente", el haber logrado imponer un uso distinto del espacio. Despojado de sus fines especulativos, el espacio se ocupó para abrirlo a otras maneras de vivir: "durante horas, Barcelona dejó de ser el gran supermercado de fachadas rehabilitadas".


César Londoño, en el sitio español
Calle 22, ubica el principio del fenómeno okupa en los tiempos del punk (mediados de los '70), cuando jóvenes anarquistas y obreros desempleados tomaban viejas fábricas abandonadas en los suburbios de Londres, Rotterdam o Frankfurt, "en busca de un espacio en el cual vivir a su estilo y sin dinero". Londoño recuerda que en aquel momento España salía del aislamiento franquista y comenzaba una acelerada modernización. Una de las consecuencias fue el auge de la especulación inmobiliaria: "las empresas del sector empezaron a comprar cuanta casa, solar o edificio podían, no para ser vendido o reformado sino para dejarlo inutilizado tantos meses o años como fuera necesario, años al cabo de los cuales los derrumbaban y construían de nuevo, multiplicado su valor de forma considerable y encareciendo el precio del suelo hasta limites desmedidos". Se llega así en la actualidad a más de 250.000 predios abandonados en Madrid y más de 80.000 en Barcelona. Este sería entonces el origen del movimiento oKupa español, "desprovisto de estrategia, de organizaciones estables y de líderes, que funciona de forma asamblearia y en el que las decisiones son tomadas por el colectivo, que a su vez se encarga de autogestionar las casas ocupadas". No se identifican como un grupo homogéneo, sino un colectivo en el que conviven personas de todas las clases (antimilitaristas, sindicalistas, grupos de rock, artistas, grupos gay, antifascistas, etc.)
En Barcelona existían (al momento de escribir Londoño este artículo, en el año 2000) 68 casas okupadas "por más de 500 jóvenes que intentan crear conciencia en la comunidad sobre los peligros del libre comercio o las nuevas formas de economía y que han sido abanderados en la lucha por la insumisión al servicio militar".

Livia Gershon, estudiante de artes en Connecticut, refiere en la revista Adbusters su visita a los ex okupas del Fifth Street Squat, en el Lower East Side, Bajo Manhattan. Se trata de un edificio demolido por el Ayuntamiento pretextando daños estructurales irreparables con posterioridad a un principio de incendio (un argumento similar al que se usó en Buenos Aires para el desalojo del Padelai). Los okupas se trasladaron unas pocas cuadras al norte, en la calle Novena, al asentamiento conocido como Dos Blocos, ocupado desde hace más de 10 años. Livia refiere que aunque la gente más visible del sitio es joven y blanca, la mayoría de los okupas son familias locales, trabajadores indocumentados, y gente demasiado pobre como para pagar un alquiler en Nueva York, muchos de ellos hispanohablantes. Se estima que hay 12 edificios ocupados en el barrio, con un promedio de 30 habitantes cada uno (muchos de ellos, pasan totalmente inadvertidos en el contexto urbano, por no presentar el típico activismo y simbología okupa).
Fifth Steet Squat pertenece al Ayuntamiento, mientras que Dos Blocos es formalmente propiedad de un banco. Los abogados que asisten a los okupas sostienen que los propietarios formales han permanecido demasiado tiempo descuidados de sus posesiones, por lo cual reclaman la llamada posesión adversa (que corresponde a quien ha ocupado durante un determinado tiempo un solar sin reclamo por parte del propietario). Pero el argumento choca con el creciente interés de los desarrolladores inmobiliarios por el Lower East Side.
Una de las mayores objeciones de los oponentes al movimiento okupa de Manhattan es que se trata de chicos blancos de clase media que juegan a ser pobres y revolucionarios, y ocupan lugares que el Ayuntamiento podría dedicar a construir edificios de protección social para familias realmente necesitadas. Pero los okupas sostienen que esas viviendas, transcurrido un tiempo, podrían ser vendidas a valores de mercado y así acelerarían el proceso de gentrificación que ya alteró el anterior perfil de barrios como West Village y el SoHo: los okupas se ven a si mismos como un reaseguro contra la especulación inmobiliaria, al bajar los valores de mercado en el área.
Como forma de congraciarse con sus vecinos, suelen disponer algunos servicios sociales, en especial jardines sobre lotes abandonados, puestos a disposición de la comunidad barrial (es algo similar a lo que en Buenos Aires se realizó con posterioridad a la crisis de diciembre de 2001: algunas asambleas barriales han realizado ocupaciones de edificios abandonados, en general bancos o fábricas, para instalar servicios sociales como guarderías y comedores). En el caso de Fifth Street, los okupas habían creado uno de estos jardines, abierto a los niños del barrio, y también una asociación vecinal, un espacio artístico, un café libre y una pequeña biblioteca en el salón comunitario de "su" edificio. Un centro comunitario de características similares es ABCNoRio, sede de una galería de arte y un comedor vegetariano donde se difunde ideología pacifista entre los marginados que vienen a alimentarse. Con la misma intención de ganar la simpatía del barrio, y evitar los estereotipos y prejuicios culturales, los okupas neoyorquinos suelen ser muy rigurosos en rechazar la integración de drogadictos a sus comunidades.

Estos grupos de ocupación política en ciudades del mundo desarrollado, como los squatters de Londres, Rotterdam y Nueva York, o los okupas de Barcelona y Madrid, suelen integrarse con sectores automarginados, anarquistas o radicales que cuestionan la esencia misma de la propiedad. Habría que resistir la tentación romántica de ponerse de su lado: sería convalidar la idea infantil de que los cambios sociales se realizan por agregación de aventuras individuales. En muchos casos, de parte de jóvenes cuyos padres están en condiciones de sacarlos de sus casas ocupadas en barrios chics. Santiago Castellà, profesor de la Universidad Rovira i Virgili de Barcelona, considera que el fenómeno de la okupación es un acto ilegal, pero que puede ser tolerado, en un estado de derecho, como una estrategia para la transformación del marco legal establecido. Para eso supone 3 condiciones:

  • Que la propiedad esté efectivamente abandonada, no utilizada desde mucho tiempo antes por su propietario.
  • Reconocer el escándalo que significa una situación económica y social donde los jóvenes tienen problemas para acceder a una vivienda, con lo cual deben vivir con sus padres hasta los 35 años, hacer el amor en espacios públicos o aparcamientos, y encontrarse con sus amigos en bares.
  • La indignación que supone ver centenares de propiedades abandonadas, a la espera de su revalorización o de la recalificación del área.

En este contexto, sostiene Castellà, los jóvenes que ocupan viviendas que ninguno disfrutaba, evitan que estas se deterioren, gestionan el espacio y le dan una utilidad individual y comunitaria. Aunque transgreden las leyes y se arriesgan a ser desalojados, son parte de lo que algunos juristas llaman la "sociedad abierta de interpretes constitucionales", donde los ciudadanos están interpretando constantemente la Constitución, como norma abierta y dinámica, adaptada a las exigencias de los distintos tiempos históricos. Se trataría de una forma de desobediencia civil, un mecanismo para provocar cambios en las leyes o en su interpretación.
Castellà advierte que en una sociedad democrática esta desobediencia civil debe ser pacífica y aceptar las consecuencias que implica el incumplimiento de las leyes. De esta forma, los okupas serían la punta de lanza de una nueva interpretación de la Constitución, que pusiera más énfasis en la función social de la propiedad que en su función especulativa, y que equipare el derecho a la vivienda con el derecho a la propiedad. Y entre los avances que esta interpretación permitiría, se encuentran la penalización impositiva a los inmuebles desocupados, el aumento de la inversión pública en vivienda, y la autogestión de los espacios públicos por los ciudadanos.

Construcciones no declaradas: la "ecomafia"

Otra forma de clandestinidad es la de los propietarios que realizan mejoras o construcciones en sus terrenos, y no la declaran a los Municipios. De esta manera inciden sobre el cobro de derechos de construcción y tributos territoriales, pero fundamentalmente sobre las normativas urbanísticas: la clandestinidad de las construcciones es una forma de eludir códigos y zonificaciones. Las posteriores moratorias y condonaciones terminan, en general, premiando a los infractores.
Es un fenómeno típico de países o regiones donde el Estado es débil o compite con otras formas de organización social: Latinoamérica o el sur de Italia, por ejemplo. Esta forma de ilegalidad puede tener distintas motivaciones: en el peor de los casos, como en el "abusivismo" en Italia (la denominada ecomafia) se trata de generar rentas extraordinarias a partir de la realización de obras no permitidas a quienes actúan legalmente.

Cerca de 30.000 edificios "abusivos" fueron realizados en Italia durante el 2002, un 9% más respecto al año anterior. Según el informe Ecomafia 2003, preparado por el grupo ambientalista "Legambiente", más de la mitad de estás construcciones ilegales se concentran en Sicilia, Campania, Puglia y Calabria, regiones en las cuales los abusos representan el 26% de las obras realizadas durante el año. Estas cifras representan más de 4 millones de metros cuadrados construidos, con un valor inmobiliario de alrededor de 2 mil millones de euros.
El procurador general de Sicilia, Francesco Marzachi, se queja de la escasa cantidad de demoliciones, que se limita a los casos más grotescos y deja una sensación de anarquía e impunidad que estimula la clandestinidad. La tolerancia oficial a las obras clandestinas suele justificarse en cualquier país por la supuesta condición humilde de los infractores, y por la preservación del patrimonio social que representan los activos construidos. Sin embargo, en muchos casos las obras clandestinas no se realizan para su uso sino para su venta o alquiler, en algunos casos en situaciones ambientales privilegiadas, como por ejemplo en la costa siciliana, o en los alrededores de las ruinas de Pompeya. Una ley de 2001, que regula el reordenamiento de las playas sicilianas, permite la construcción de nuevas aglomeraciones turísticas en la franja de 30 metros de la costa, y la incorporación legal de construcciones abusivas. En febrero de 2002, Massimiliano Fuksas protestaba en las páginas de l'Espresso por el artículo 71 de la ley financiera, que permite reclamar la compra de una porción de tierra pública sobre las costas a quien haya construido, incluso abusivamente, un camino o parque para acceder desde la propiedad privada a la playa.

Recientemente el Parlamento Italiano rechazó la pretensión del gobierno de Silvio Berlusconi de una condonación edilicia con fines recaudatorios (ver café de las ciudades numero3), ante la presión de grupos ambientalistas y la oposición de los partidos de izquierda. La condonación completaba una moratoria fiscal recientemente realizada, y representaba el tercer caso en pocos años.
El arquitecto y urbanista Pier Luigi Cervellati ha criticado recientemente la propuesta "creativa" de Berlusconi para la despenalización de los abusos edilicios, a cambio de donar un jardín o un lugar para juegos a la comunidad. "Estas palabras - sostiene Cervellati - son como una invitación a construir en forma clandestina, a levantar un piso más que lo permitido si a cambio se ponen unos maceteros con geranios en las ventanas". Vittorio Sgarbi se refiere a la proliferación de edificios clandestinos en el Valle de los templos, en Agrigento, ironizando sobre la vegetación que los cubre para disimularlos, y sobre la invasión más evidente, un bloque de cuatro pisos perteneciente, ¡nada menos!, que a la Superintendencia de Bienes Culturales.
La administración Berlusconi ha manifestado en varias ocasiones su voluntad de despenalizar la construcción clandestina y especialmente frenar las demoliciones, lo cual ha hecho retrotraer los avances que se habían registrado en los años anteriores (un 15% menos de abusos entre 1998 y 2001, según Legambiente). Además de las demoliciones, otra estrategia utilizada es la de la transferencia de los edificios clandestinos al patrimonio inmobiliario de las comunas, como se ha hecho en el caso de los parques nacionales.

La espera por la moratoria que pondrá en igualdad de condiciones a estas obras con las realizadas de manera legal, termina siendo un premio a los infractores. En algunos casos, incluso estos tienen más facilidades para realizar sus trámites que quienes actúan correctamente: en Buenos Aires, hay municipios que dan facilidades para el pago de derechos de construcción de obras no declaradas, mientras que imponen formas de pago muy estrictas a los constructores legales.

Barrios privatizados a la fuerza en Buenos Aires

Otro fenómeno de ocupación, muy curioso, se registra en la periferia metropolitana de Buenos Aires, donde ciertas urbanizaciones comunes, abiertas y tradicionales, nuevas o existentes, son cerradas en los hechos por los propietarios. Estos alambran o cercan los límites, y ponen barreras en las entradas, de manera de privatizar un sector de ciudad. Las excusas, en la mayoría de los casos, se vinculan a la seguridad. Algunos municipios toleran estas situaciones, mientras otros la enfrentan e incluso llegan a peleas políticas y judiciales.

La gran diferencia con las ocupaciones de las que hablamos, es que estos vecinos no producen ciudad sino que la cierran, la apartan del orden de lo público. Ni siquiera se trata de la expansión metropolitana mediante la urbanización privada, sino de una privatización clandestina de la ciudad existente.

Desde hace varios años, la municipalidad de Malvinas Argentinas tiene un conflicto con los vecinos del tradicional barrio CUBA (Club Universitario de Buenos Aires). Norberto Iglesias, Director de Planeamiento de dicho municipio, presenta el caso como el intento de apropiación de una red de calles públicas nacidas en la década del ´50, como parte de una subdivisión de suelo con fines residenciales de un sector de 40 hectáreas alrededor de un campo deportivo. "Estas calles - sostiene Iglesias - siempre fueron utilizadas como públicas y atravesadas por los vecinos de los barrios circundantes, por lo que nunca lograron obtener el permiso de uso exclusivo de las mismas a sus residentes. Permiso que sí obtuvieron otros casos similares como el Olivos Golf Club y el San Carlos Country (ambos en Malvinas Argentinas) en la década del ´80, de parte de las autoridades municipales de facto. Solo una ordenanza extemporánea, ilegal y teñida de corruptela, concedió el cierre de este sector urbano con muros y el derecho de admisión en favor de una asociación civil. Esta ordenanza fue denunciada y luego anulada por el nuevo gobierno de Malvinas Argentinas, el que después de las debidas actuaciones administrativas derriba los muros y libera al uso público irrestricto las calles".
Para Iglesias, el caso CUBA devino paradigmático por diversos motivos: entre ellos, que el sector comprometido se inserta en un espacio urbano consolidado, y que fue el primer (y casi único) caso en que el Municipio se opuso de manera contundente a la privatización de las calles. Según el funcionario, el conflicto estuvo impulsado por un grupo fuertemente vinculado al poder económico y mediático de la Argentina, y en el se dirimen expresamente cuestiones como el significado y dominio del espacio público, y las competencias del Estado respecto de la gobernabilidad del territorio. En la actualidad, el conflicto está en trámite en la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires, aunque recientemente se ha firmado un acuerdo entre las partes a fin de poner fin al litigio. La base del acuerdo es el reconocimiento por el municipio de alguna diferenciación urbanística de este sector, que justificaría ciertas restricciones a la atravesabilidad, y la aceptación por los vecinos de la propiedad pública de las calles y de las potestades del gobierno local, y la renuncia a ejercer el derecho de admisión.
Iglesias considera que los municipios del Gran Buenos Aires no deberían estimular la localización de urbanizaciones cerradas en sus territorios: "no solo por razones legales, sino por la futura sustentabilidad social: la fragmentación y la exclusión solo agravan el problema de la inseguridad". Para el funcionario, la sociedad argentina carece de un verdadero pensamiento crítico sobre el tema. "La seguridad parece justificar todo: son puntuales los casos en que los vecinos de afuera se ven agraviados por los cierres. Muchas veces, si son de clase media, sienten resentimiento porque se quedan afuera. Si son pobres, lo toman como una dificultad adicional. Por eso lo dirigentes no se ven impelidos a defender lo público". Iglesias tiene en general una visión muy crítica sobre las urbanizaciones cerradas, a las que considera "el símbolo de la claudicación de toda una clase dirigente: una vez que este establishment (económico, social y político) tenga su ciudad segura, bella y armoniosa, ¿qué motivo tendrá para ocuparse de la otra ciudad, las de los excluidos? La solución debe buscarse por otro lado: producir más y mejor espacio público, y ofrecer modelos alternativos de urbanizaciones seguras que no hipotequen el futuro".

En el texto ya mencionado ("Mercantilización de los servicios habitacionales ...) Fernández Wagner y Varela consideran que "el poder simbólico de este nuevo estilo de las elites ejerce un "efecto arrastre" en muchos barrios de clase media de la región, los cuales comienzan a gestionar autorizaciones para "cerrarse"". Citan el ejemplo del Barrio CUBA, pero consideran aun más significativa una tendencia que comprende barrios recientemente urbanizados, por lo general con conformaciones sociales más heterogéneas. Ese es el caso de Yei Porá, un barrio abierto del norte del municipio de José C. Paz, cuya Sociedad de Fomento ha presentado hace un año ante las autoridades el proyecto de cerrar el barrio de 240 manzanas con dos entradas. Los principales argumentos para esta medida son que "hoy el 70% de los que circulan por nuestras calles no viven en nuestro barrio, pero con el cerramiento los arreglos que hagamos no serán para terceros, ni para camiones (…) mejoraremos sustancialmente la seguridad, pero lo más importante es que vamos a generar fuentes de trabajo...".
Algunos vecinos han expresado dudas acerca de la situación de quienes tienen casas con tenencia precaria, o sobre cómo harán para acceder a las rutas y avenidas principales los vecinos del contiguo Barrio Parque Alvear. También dicen que el 85% de los vecinos firmó el proyecto, "pero ¿qué sucede con el derecho a una vida comunitaria del 15% restante?".
Fernández Wagner y Varela sostienen que cuestiones como el derecho a la libre circulación, la vida comunitaria y la accesibilidad, son componentes esenciales del derecho a la ciudad, que en Buenos Aires nunca estuvo en cuestión, dado el carácter abierto del sistema circulatorio y el confinamiento de la propiedad privada dentro de la manzana. "Lo nuevo - consideran -también lo constituye el sentido individualista que pasa a primar frente al sistema de aportes solidarios del sistema abierto. En ello sin duda es donde opera con mayor fuerza el carácter simbólico de este tipo de situaciones socio-espaciales. Con estos hechos se refuerza el proceso de segregación residencial, que contribuye, con sus barreras espaciales y con el estigma a "los otros", a la penuria de los más pobres".
Sostienen que los municipios siempre tuvieron problemas en el manejo de estos procesos de urbanización. Con la aparición y auge de los "desarrolladores" que operan con altas inversiones de capital, el peso político y económico alteró el ciclo lógico que debía seguirse respecto a las nuevas expansiones residenciales en el suelo urbano. En estas, los tres pasos característicos de desarrollo son la zonificación, la dotación de servicios, y la integración del suelo, tras lo cual se habilita el desarrollo de la parcela. Cuando los propietarios del suelo y los desarrolladores influyen políticamente sobre la planificación (o se "anticipan" a ella), el orden se altera, apareciendo primero la integración del suelo, luego la dotación de servicios, y por último la zonificación. Los autores consideran que en el Municipio de Pilar, "según se desprende de nuestras entrevistas, el Código de Planeamiento Urbano esta siendo permanentemente ajustado conforme el desarrollo de nuevas urbanizaciones".

Hay otros conflictos similares, incluso en otras ciudades de la Argentina. En Marcos Paz, el autodenominado "Club de Campo El Moro" mantiene un litigio en la justicia, promovido por uno de sus residentes; en Pilar hay conflictos con el cierre promovido por el Barrio Robles del Monarca, y hubo un intento resonante en Pinamar, en el año 2000, para cerrar una urbanización con un cerco olímpico de 21 kilómetros de extensión. En la periferia de Mendoza, una de las ciudades más ricas del pais, se han presentado también algunos episodios similares.
Página 12 del 4 de mayo refiere el caso del matrimonio Cingolani, quienes hace 5 años compraron un terreno en una urbanización abierta de Pilar, el municipio del noroeste de Buenos Aires que concentra la mayor cantidad de countries y barrios cerrados. Pero luego de edificar su casa y comenzar su residencia en el lugar, el lugar fue alambrado y se transformó en el barrio privado "Segundas Colinas", creado sobre terreno público usurpado. El terreno original era una finca rural hasta que su anterior propietario decidió lotearlo y ponerlo en venta. Y ahora el mismo propietario es el encargado de cobrar los gastos por expensas del supuesto barrio privado.
Según la nota, "en el barrio hay unos cien terrenos, de los cuales algo más de la mitad está vendido: el resto permanece en manos del dueño original, quien parece ser el principal beneficiado por el cierre ilegal del barrio, ya que la cotización de las tierras sube notablemente cuando se trata de una urbanización cerrada". La privatización del barrio fue decidida por los vecinos en una serie de reuniones a las que los Cingolani no asistieron (ellos nunca quisieron vivir en un barrio cerrado).
Como parte de esta privatización, se instaló una casilla de vigilancia que controla todas las entradas al barrio. El matrimonio " rebelde" sufre el acoso de los vigiladores, que exige a sus visitas toda clase de requisitos, y llegó a impedir la salida de un familiar porque no tenía un papel firmado por los dueños... Las normativas edilicias las fija una asociación conformada por los propietarios

Vicente Basile, director de Planeamiento de la Municipalidad de Pilar, informa en la misma nota que hay en ese municipio unas 50 urbanizaciones cerradas con irregularidades, sobre 148 en total. Según Basile, "un analfabeto pueda pecar de buena fe, pero es llamativo que una persona que invirtió 180 mil dólares en una casa se dé cuenta cinco años después de que los papeles no son legales. Lo que sucede es que compraron cuando el mercado estaba en alza y encontrar un buen terreno en Pilar era muy difícil, se compraba casi por teléfono". Según la nota, en esa época de rápida valorización inmobiliaria no era un buen negocio detener un proyecto de urbanización hasta contar con todos los permisos, y por eso se hicieron comunes las gestiones irregulares, o las privatizaciones de hecho como la de "Segundas Colinas".
La socióloga Cecilia Arizaga, autora de un estudio sobre la vida en las urbanizaciones privadas de Buenos Aires en los años '90, menciona en la misma nota la existencia de mercados clandestinos, donde se venden vestimentas y calzados piratas. Son los llamados "bolishoppings", por estar a cargo de migrantes bolivianos. "Antes los usaban sectores populares de la zona - sostiene Arizaga -, pero después de la crisis de diciembre de 2001 esto se populariza y legitima en los sectores medios". Según Arizaga, "hay una idea constante de transgredir lo público, pero esto debe leerse como algo que está dentro de la conciencia. ¿Por qué tengo que pagar alumbrado, barrido y limpieza cuando en realidad lo estamos pagando internamente, por qué pagar impuestos por seguridad si la pagamos internamente?".

El fenómeno de clandestinidad es frecuente en estos barrios y country clubs. Al respecto es sintomática la elevada cantidad de construcciones no declaradas en country clubs y barrios cerrados. Los problemas y vacíos legales aparecen incluso en barrios con tramites realizados y aprobados por el Municipio y la Provincia. Marcelo Robutti, arquitecto y urbanista, ha estudiado la compleja situación legal de los "barrios cerrados" de la periferia de Buenos Aires, que por estar en zonas urbanizables no pueden definirse como "clubes de campo", y que en muchos casos no pueden cumplir con las condiciones mínimas de subdivisión (superficies, frentes, etc.) que establece la Ley de Uso del Suelo de la Provincia de Buenos Aires. Frente a esta carencia se han ensayado distintas soluciones, siendo la más habitual la inscripción de estos barrios dentro del régimen de Propiedad Horizontal, lo que establece el contrasentido de catalogar a las calles y plazas de esas urbanizaciones como si fueran pasillos, circulaciones y patios de un edificio de departamentos.
Ante esta ambigüedad normativa, Robutti sostiene que "en las "urbanizaciones cerradas" no estamos frente al caso de una ciudad clandestina, en el sentido de que no cumpla con la ley, sino frente a un caso en el que no hay ley para cumplir. La legislación en materia urbana en el Area Metropolitana de Buenos Aires, la que deviene del Código Civil, la Ley de Propiedad Horizontal, la Ley de Uso del Suelo, los Códigos de planeamiento y ordenamiento urbano, etc., es bastante sólida cuando se trata de la "ciudad tradicional", aún las áreas periurbanas. En el caso de las urbanizaciones cerradas nos encontramos con un objeto urbano que no encaja bien en ninguna de las normativas vigentes, tanto en el derecho privado (situaciones de dominio) como en el público (normativa urbanística)".
En los barrios cerrados y clubes de campo no está definido quién es el garante del orden público y el bien común en los nuevos espacios, "semiprivados - semipúblicos". Según Robutti, de momento es un acuerdo de voluntades entre los habitantes de la urbanización el que cubre los vacíos legales y deficiencias de la ley. Sobre los reglamentos escritos se monta un pacto de convivencia no escrito aceptado por todos para evitar el fracaso de la nueva unidad urbana y social. Pero en el momento en que haya que remitirse a la letra de la ley, es probable que se pongan en evidencia las falencias del sistema, y que los administradores de justicia queden en situaciones comprometidas o poco claras. Señala como ejemplo los casos de vandalismo adolescente que están apareciendo en algunas urbanizaciones.

Otro problema, en este caso de responsabilidad profesional, aparece con la pretensión de algunas urbanizaciones de realizar todas las presentaciones municipales de proyectos con un único arquitecto, que no es el autor de las obras sino un gestor que salva la apariencia de "propiedad horizontal ". En este recurso se pierden la autoría y las responsabilidades profesionales de los verdaderos autores de los proyectos y obras.

Clandestinidad: distorsiones e inadecuación

Más allá de su común clandestinidad, son bien distintas las consecuencias de cada una de estas actitudes.

  • Las ocupaciones de terrenos producen y expanden (quizás dispersan) la ciudad.
  • Las ocupaciones de edificios alteran los mercados de vivienda y dilatan o postergan procesos de gentrificación urbana.
  • Las construcciones clandestinas distorsionan y alteran las normativas urbanas, la igualdad ante la ley y las contribuciones territoriales.
  • Y las privatizaciones forzadas niegan directamente la diversidad urbana y el espacio público.

En general, cuando las operaciones clandestinas adquieren entidad, por su diversidad o cantidad, están expresando algún tipo de inadecuación en la ciudad: de expectativas, de rentas, de normas. Alguna vez le escuche decir a un funcionario, y me pareció atinado, que si algunas construcciones no cumplen con una normativa, están mal las construcciones, pero si la mayoría de las construcciones no cumplen... debe estar mal la normativa.
Una sabia práctica en la gestión urbana será la de discernir, en cada caso, cual es la distorsión que la clandestinidad está revelando o encubriendo. Y especialmente, quienes son los beneficiarios y perjudicados por las situaciones clandestinas.
Discernir por ejemplo si las operaciones clandestinas generan rentas extraordinarias a los propietarios del suelo, o si constituyen una forma de resolver inequidades o carencias del mercado inmobiliario. Si constituyen una agresión al ambiente o si es posible mitigar o modificar su eventual impacto negativo. Si expresan necesidades reales de adecuación del territorio a la sociedad, o picardías individuales de mayor o menor gravedad ambiental.

En definitiva, la situación de clandestinidad no es solo un problema legal, sino que implica una concepción política y técnica sobre el espacio público, sobre el derecho a la ciudad, sobre los límites del derecho de propiedad, sobre la inclusión y la marginalidad en las ciudades.

MC

Una inquietante guía para okupas en Gran Bretaña, en la página del ASS (iniciales de Advisory Service for Squatters...).

Sobre las oKupaciones en Madrid y Barcelona, ver el número 5 de la revista Espai de llibertat, de la Fundació Francesc Ferrer i Guàrdia y el sitio del Consejo de la Juventud de Barcelona.

presentación comienzo de la nota

 

 

Tendencias
De la caída del muro al 11/S (I parte)
Marketing, competencia y sostenibilidad en el urbanismo reciente.

Por Sergio Cano

Sergio Cano es arquitecto y vive en Buenos Aires. Recientemente se retiró de su cátedra de Teoría de la Arquitectura en la FADU - UBA, donde transmitió a los alumnos su conocimiento y experiencia sobre las relaciones entre arquitectura y construcción de la ciudad. Transcribimos en café de las ciudades, en dos números sucesivos, su última clase teórica. En la clase anterior, Cano había adelantado la "insatisfacción existente con las realizaciones derivadas de las propuestas urbanísticas del Team X, y en general con lo producido en aquella etapa, que utilizaba la imaginería que esa época desarrolló y no sus contenidos".

Las publicaciones más importantes de los años '60, como "La arquitectura de la ciudad", de Aldo Rossi, "Complejidad y contradicción en la Arquitectura", de Robert Venturi", o "Vida y muerte en las grandes ciudades americanas ", de Jane Jacobs, eran productos teóricos que hacían una crítica muy fuerte al urbanismo de los CIAM y a las alternativas propuestas por el Team X y otros grupos de la vanguardia. Esa crítica no venía solamente de los arquitectos y los intelectuales, sino de los propios usuarios, que no se sentían satisfechos.
Esto generó algunas reacciones a través de la práxis arquitectónica, y así se abrieron varios caminos, no todos buenos. Por ejemplo, el postmodernismo, apoyado en "Complejidad y contradicción...", que además se unía con un uso acrítico del lenguaje del pasado, como en el neobarroco de Ricardo Bofill o de Rob Krier. También Rossi y el grupo del neoracionalismo italiano investigaban la morfología de la ciudad histórica, reflotaban el concepto de tipo, y trataban de entender la memoria del lugar y así operar sobre ella. No veían la ciudad como una producción "ex novo" constante, sino como una historia que se va narrando, un devenir de la ciudad que el usuario va entendiendo a partir de los elementos que la propia ciudad cuenta: una narrativa de la historia de la ciudad. He leído algunos trabajos de ustedes, donde se menciona a "Las ciudades invisibles", el libro de Italo Calvino: también desde la literatura aparecen pensadores que tratan de interpretar esa historia de la ciudad.

 

Mientras esto se estaba gestando y aparecían algunas realizaciones, paralelamente la economía avanzaba en otro sentido. Se desarrolla entonces, y se va haciendo cada vez más hegemónico, el llamado pensamiento único. El mercado financiero empieza a tener una importancia muy grande y todo esto hace eclosión en el momento en que desaparece la Unión Soviética, que había sido en los hechos el Estado "equilibrante" durante toda la Guerra Fría. Este equilibrio había hecho que los otros Estados se preocuparan por tener instancias de Estado Benefactor. Eran redes de contención social que hacían que la gente pudiera mantener un buen nivel de vida, cumpliendo con los reclamos que algunas décadas antes habían sostenido anarquistas y socialistas.
Con la caída del Muro de Berlín se termina todo esto, y también la convicción en que la técnica, la robotización y la investigación científica, se iban a destinar a un mejoramiento del nivel de vida; que se iban a acortar los tiempos de trabajo y que el tiempo libre sería el logro del futuro. Todo esto cambió al desaparecer el "otro" Estado, que generaba temores, y que hacía que Occidente tratara de darle cierto bienestar a su gente, con servicios médicos, sociales, y distintas redes de contención. Así fuimos volviendo al punto donde habíamos empezado, casi a principios del siglo XX, donde aquellas luchas sociales procuraban conseguir poco a poco algunas mejoras. Ahora los mercados son los que manejan la situación, y la estabilidad y seguridad del trabajador casi no existe.

Y en este punto, el espacio público importa poco. El espacio público como representación o como atributo del Estado, no es un bien reconocible ni interesa demasiado. En este momento aparecen otras necesidades: en especial el tema del marketing, primero en su forma institucional y luego como marketing urbano.
Al marketing institucional, ya no le interesa la memoria de la ciudad, sino que le interesa dejar señales de su existencia. Cada marca, cada "logo", quiere marcar su presencia a través de la arquitectura. Se produce una captación de aquella arquitectura de autor reconocible, y que puede darle a la marca ese prestigio necesario.
Como vemos, la ciudad ha tenido un cambio fundamental. Antes lo que importaba era la iglesia, el ayuntamiento, la sede de gobierno. En el siglo XX esto se modifica: aparece la empresa capitalista, representada por la torre (aquel objeto arquitectónico inventado por la modernidad).

Cambia por ejemplo la planificación urbana. Habíamos visto aquella planificación que comienza con Patrick Geddes, con una investigación sobre el territorio y procurando un equilibrio regional. Pero ahora aparece otro factor contrapuesto al equilibrio, que es la competitividad entre ciudades. Es el momento del planeamiento estratégico, que toma los principios de la estrategia de guerra, militar, que primero pasa a las empresas, y de las empresas pasa al marketing urbano. Trata de tomar aquellos elementos que la ciudad tiene como positivos, como elementos potenciales, para hacerla aparecer con un perfil competitivo dentro del conjunto de ciudades.
Y también aparece, en parte por la influencia del neoracionalismo (y creo que había muchas razones para esto) la desconfianza en la planificación, y en especial en la planificación normativa. Se piensa que, finalmente, la forma urbana es un resultado casual. No se llegaba con una normativa a tener una forma urbana que pudiera prefigurarse, sino que esta era producto de la "casualidad" y de la potencialidades del mercado. Es así que aparece otra manera de hacer la ciudad, la ciudad por partes. Este sistema entra inmediatamente en choque con la planificación urbana tradicional o científica.
Esta construcción de la ciudad por partes es algo que en cierto sentido "ganan" los arquitectos, porque implica construir la ciudad como una serie de arquitecturas. Hay una gran diferencia con las ideas de Le Corbusier: ya no se trata de borrar todo y hacerlo de nuevo, sino de trabajar partes de la ciudad y que esas partes desarrollen sectores. La idea se relaciona muy bien con la planificación estratégica porque posibilita encontrar ciertos puntos importantes de desarrollo. Y por la sinergia que cada uno de estos puntos crea, permite potenciar un desarrollo más profundo. Esta es la consecuencia de ciudad entendida como arquitectura.

La caída del Muro de Berlín posibilita la puesta en funcionamiento de alguno de estos criterios. En una clase anterior habíamos visto, dentro del criterio de planificación por partes, la IBA Berlín. Fue una primera prueba de estas posibilidades. Vimos también Barcelona, que es un ejemplo típico de planeamiento estratégico, donde este se desarrolla con mucha energía y se crea toda una metodología de trabajo al respecto.

En el área que estaba afuera del muro del Berlín, donde está el meandro del rio Spree, se va a ubicar el nuevo gobierno de Alemania unificada. Allí se desarrolla el concurso para el nuevo centro de gobierno. El primer premio toma el criterio de unir Este con Oeste cruzando el río, como acto simbólico, y reconstruir el Reichstag. Hay un museo y una gran plaza cívica, toda una serie de edificios, apoyos del gobierno, y otra plaza más pequeña para los ministerios. Las variantes del concurso son numerosas, pero en general se trata de no crear situaciones con edificios sueltos en el paisaje, sino edificios de perímetro cerrado, que van creando calles y plazas, con los criterios del neorracionalismo y su experimentación sobre la continuidad de la ciudad nueva con la vieja.
Como ven, aquí ha cambiado completamente el criterio de la ciudad capital que caracterizaba al Mall de Washington, a Canberra, a Nueva Delhi. Todas estas proponían un sistema de city beautiful, idea que acá ha cambiado. Hay una manera distinta de expresar una cierta monumentalidad, menos sobreactuada que las otras, pero con carácter de autoridad, con un manejo muy especial de las escalas y los espacios cívicos.

Postdamer Platz es otra zona que se va a desarrollar. En su entorno están la Filarmónica y la Biblioteca de Scharoun, el museo de Mies, y no muy lejos un edificio proyectado por James Stirling, y en otro borde la puerta de Brandenburgo.
Hay una circunstancia legal que permitió hacer todo esto. En el caso de la IBA Berlín, la tierra era propiedad privada y hubo que trabajar dentro de la subdvisión que existía, y además con financiamiento del Estado. Cuando se unifica Alemania, Alemania del Oeste se hace cargo de Alemania del Este, que era un Estado quebrado. Pero ese Estado quebrado tenía como capital la propiedad de toda la tierra, que entonces es su aporte a la operación. Así se hace posible construir todo el área de Postdamer Platz, mediante una venta de tierra a grandes empresas multinacionales (Sony, Mercedez Benz, etc.) y a operadores inmobiliarios que pueden hacer el desarrollo urbano.

El parámetro de este desarrollo era la reconstrucción crítica, que supone el mantenimiento de todo el tejido urbano, pero con tipologías modernas. La normativa pedía reconstruir con esos criterios y fijaba ciertos parámetros de alturas fijas de fachada. Se llama entonces a concurso general para el área. En principio, uno de los problemas más difíciles de resolver es la relación con la biblioteca. Se propone una pieza urbana que sirve como remate de la calle principal, y luego cada "manzana" contiene unidades de proyectos a ser desarrolladas por distintos arquitectos. Los costos de esta venta de tierras y la necesidad de buscar la rentabilidad económica, llevan a los promotores a un uso del suelo muy intenso, lo que trae algunos problemas.
El uso público de las calles entre edificios ha sido muy cuestionado. Lo público en realidad no es tan público: es la unión de todos estos edificios que han creado un paseo cubierto, que se cierra en determinada hora, y que es casi como cualquiera de los shoppings malls que nosotros conocemos. La idea del espacio público esta distorsionada en un espacio privatizado. La imagen de los edificios de la Friedrichstrasse tiene una solución muy pobre, que fue muy criticada. Había una imposición de los promotores para llegar al máximo edificable permitido y esto le dio muy poco margen a los arquitectos para poder trabajar. Y esto originó una polémica que llegó a los diarios. Por un lado estaba Lampugnani que pedía que los arquitectos fueran acotados, que no hicieran "cosas locas". Y por otro lado estaba Libeskind, que protestaba por las pocas posibilidades que le habían dado, y sobre todo… porque había perdido el primer premio del concurso de la Alexanderplatz.


Cuando veo estas imágenes yo me acuerdo de la avenida Diagonal Norte en Buenos Aires que también tuvo una normativa muy cerrada, y que a nosotros nos permitió entrar en una cierta modernidad en los años 30, con gran calidad. En cambio, en el Berlín de los '90, pareciera una propuesta anacrónica. También a propuesta ganadora toma la Alexander Platz como remate de la avenida Karl Marx, que se había hecho en Berlín Oriental: utiliza criterios de la arquitectura moderna, pero con una escala que no ofrece posibilidades de vida al espacio público, por sus tamaños desmesurados.
El proyecto de Libeskind apuesta a una estructuración más caótica, con torres que van creando espacios complejos, que no están lo suficientemente definidos como para poder decir que resultado podrían haber tenido. Hay unas rayas, no se sabe muy bien que son, quizás son esos recursos del deconstructivismo… que en el plano quedan muy bien.

Y dentro de este mismo criterio del planeamiento estratégico, muchas ciudades trataron de posicionarse en Europa, como por ejemplo Bilbao. Es un caso que ustedes conocen muy bien por ese objeto arquitectónico, el museo Guggenheim, que cumplió con lo previsto en la propuesta: modificar el perfil económico de la ciudad, anteriormente dominado por la industria naviera (que justamente ocupaba esa zona hasta algunos años antes). Según algunos, fue el Mercado Común Europeo el que decidió que no era el punto apto para desarrollar esa industria, que debía estar en Alemania. Pero le dio a la ciudad una compensación importante para poder realizar un nuevo proyecto: un centro de negocios, cuyo concurso ganó Cesar Pelli, más el Guggenheim, más el puente de Calatrava, que le dan prestigio a la ciudad a través del diseño, y generan una marca de Bilbao que ha funcionado, por lo menos hasta ahora.

Acá lo que interesa es el plan estratégico, lo que desde el punto de vista comercial pueda darnos. Hasta ahora no hemos hablado de vivienda, no hemos hablado de mejorar la calidad de vida salvo en aquellos espacios públicos que tienen que ver con la centralidad de la ciudad. Esto solamente pasó en Barcelona, donde la ciudad fue pensada integralmente, y mejorada en su conjunto: el nivel de vida y el espacio público en su totalidad.
En el caso de Lille, en Francia, el TGV, que es el tren que une París con Londres, había generado un cruce de rutas entre Londres, París y Bruselas. Esta ciudad se propone captar esta potencialidad que le había brindado la nueva estructura europea. Y para eso decide hacer un emprendimiento al que llama Euralille.
En el tejido urbano original de Lille, muy abigarrado, hay construcciones del medioevo, y una zona muy conflictiva donde confluyen el ferrocarril, unas autopistas, algunas infraestructuras bastante diabólicas, y la posibilidad de desarrollar en este lugar un centro de convenciones y negocios a escala europea. Y el proyecto se lo encargan a Rem Koolhas. La propuesta incluye el centro de convenciones y exposiciones, un centro hotelero, unas torres de oficinas: es un lugar especialmente complejo

Acá tendríamos que detenernos un poco y pensar en algunas cosas que los antropólogos han encontrado en esta manera de construir la ciudad. Una de estas ideas es la de los "no lugares" como producto de la sobremodernidad, una teoría del antropólogo francés Marc Augé. Que habla de cómo se producen los espacios que no tienen las características de lugares, que no contienen algunas de las necesidades de los hombres, sobre todo de comunicación en los espacios: son los shoppings, los aeropuertos, todo ese tipo de construcción que no contiene y que no fija al individuo, y que por lo tanto le impiden identificarse con los lugares.
Euralille es una gran construcción que tiene todas las características de la suma de los no lugares. No existen las sendas que nos llevan a él. Y ni siquiera tiene espacios de contención. Hasta la forma misma del centro de convenciones, un óvalo, no intenta contener un lugar, sino todo lo contrario. Es un objeto con una serie de remanentes alrededor, pero que en ningún momento constituye un lugar. Incluso desde el punto de vista compositivo, más que una composición es una adición de partes: A más B más C.
Las torres que están por encima de la estación, fueron construidas por Portzamparc, por Nouvel, y varias firmas francesas. En realidad llama la atención como Rem Kolhaas es el que introduce el tema del espacio basura, como espacio producido por la sobremodernidad. Es muy común en él, criticar pero además aceptar estas condiciones del marketing y la cultura comercial. No discute nada y por ahí hace alguna ironía para entendidos, como diciendo "yo lo hago, pero me río de esto". Estoy un poco duro con él pero se lo merece, porque en realidad solo se habla bien de él y no creo que siempre lo merezca.
Los edificios están también construidos en forma casi escenográfica, porque los materiales que utiliza y la forma en que lo hace, los hace parecer una construcción provisoria, construida como una exposición. Eso no quiere decir que no tenga un manejo formal interesante, pero la construcción es muy banal.

La arquitectura moderna es reconocida en general en su forma de edificio marca, para mostrar un edificio emblemático, donde los arquitectos cada vez tienen que hacer un mayor esfuerzo para diferenciarse del vecino. El primero fue el "Chippendale" de Philip Johnson, para el edificio de la ATT que se transformó en el ejemplo clásico del posmodernismo. Se proponen algunos espacios públicos, como algunas plazoletas en Nueva York, con algunas esculturas modernas, que vienen a paliar la inexistencia de espacios públicos. Pero en ciudades sin un tejido tan fuerte como el neoyorquino, la construcción de estos edificios corporativos y la necesidad de espacios para el automóvil, van creando esos espacios basura que se ven por ejemplo en las ciudades del medio oeste norteamericano. No son solo "no lugares", sino más allá de eso, son espacios basura. El tejido de la ciudad se transforma bruscamente en esos puntos en sectores sin estructura.


Algo que suele acompañar esa transformación de los centros de las grandes ciudades en ciudades de negocios, es que la gente se va de la ciudad. Van a vivir a lugares que heredan las ideas de la ciudad jardín, de los green belts, sub-urbanizaciones construidas para la gente que volvía de la Segunda Guerra Mundial (y además para poder vender más automóviles y construir autopistas). En la imagen satelital nocturna de Estados Unidos, se ve que todo el territorio, excepto los desiertos de Arizona y las Montañas Rocosas, está iluminado. Es decir, esta urbanizado. La zona este está prácticamente cubierta y ya casi no hay diferencias entre ciudad y campo.
Llegamos a una situación de escape hacia el lugar idílico en el campo, donde todo el mundo "puede tener contacto con su vecino", pero donde todos aquellos elementos que hacen a la ciudad, como la identidad, la legibilidad, la imaginabilidad, han muerto. Esto es un continuum que empezó con las Levittowns, conjuntos de viviendas que hacía en Estados Unidos un señor Levitt, a precios bastante bajos y a pagar en 30 años.

Todos estos lugares necesitan incorporar en algún momento un centro, porque este no existe en el origen de la urbanización. Entonces se inventa un centro, que es el shopping mall. Es una estructura heredada del viejo mall de la ciudad americana, que iba de la Estación ferroviaria al Ayuntamiento, y que recompone en forma nostálgica Disney en la calle mayor de Disneylandia. Se trata de reconstruir aquella ciudad, pero en lugar de incorporar elementos institucionales, se pone una tienda "ancla" en una punta del shopping, un patio de comidas en la otra punta, y entre ellos discurre todos este espacio que trata de ser un paliativo de la falta de espacio público. Y por supuesto, el famoso e imprescindible lugar de estacionamiento.

En otras ciudades, como en París, se trata de trabajar con otros criterios. Allí hay una institución que trabaja sobre el planeamiento de la ciudad, el APUR. Es una institución que depende del Estado, pero que no cambia con las renovaciones políticas del Estado. Por eso ha tenido una gran continuidad de acción y es la que legisla y monitorea permanentemente el plan urbano de la ciudad, y no solo eso, sino que va tomando decisiones sobre la construcción de las partes de la ciudad. Esta es su tarea más interesante, y para ella ha desarrollado una metodología. Ellos lo llaman el ZAC, Zonas de Anemagement Concerté. Son zonas de desarrollo concertado con una forma de actuar muy interesante.
En el área a desarrollar, el APUR nombra una comisión que elabora un programa de necesidades para esta área, y luego se llama a concurso o se invita a un estudio para hacer los proyectos. Estos se ponen a consideración de la gente, se sacan conclusiones de los debates, y se ajusta y desarrolla ese proyecto. Luego hay un arquitecto que controla que el proyecto siga adelante con las condiciones pactadas, y se llama a concurso para cada una de las piezas.

Un ejemplo es el área de la nueva Biblioteca Nacional de París, y los sectores que se encuentran a su alrededor. Había que lograr una estructura morfológica adecuada de estos sectores, para que no compitieran con la biblioteca. Por eso se proponen ciertas rasantes unificadas, y una volumetría más o menos prefigurada. Luego esa volumetría tenía que ser desarrollada por los distintos arquitectos, algunos conocidos como Portzamparc, o Henry Ciriani, que trabajaron tratando de conciliar sus visiones con la visión general del conjunto.


También se enlazan las distintas áreas, y visiones hacia el interior y desde el interior hacia el parque a través de aperturas de la masa edilicia en distintos lugares. Hay todo un procedimiento que puede parecer algo limitativo para los profesionales, pero que exige un trabajo de ida y vuelta que ha dado buenos resultados. Y esto también pasa en otros lugares, como frente al Parque de Bercy.
El área incluye un sector de parrilla ferroviaria detrás de la Biblioteca, que se cubre con algunos edificios y parques con espacio público, todo sobre una gran losa. La empresa que administra el ferrocarril, dueña de la tierra, no va a cobrar hasta que estas construcciones se hagan. Hay un procedimiento financiero interesante, ya que no hay una carga financiera inicial alta para poder liberar el suelo al uso urbanizado, sino que el dueño del suelo acompaña las ganancias a medida que aparecen, y la carga financiera se distribuye a lo largo del tiempo de amortización. Como el programa final está indeterminado, la losa tiene que tener un sistema constructivo que pueda aceptar indistintamente la construcción en distintos puntos.

Otro tema importante en la agenda actual de las ciudades tiene que ver con la forma en que tratamos al planeta. Se trata de la subsistencia como planeta, y de como las construcciones que hacemos pueden estar afectando el futuro de la humanidad. En ese sentido, realmente hemos hecho poco. Hay algunos arquitectos que se están planteando estos problemas, aunque yo lo tomo con "comillas": es el caso de Richard Rogers, que en su carrera anterior no había tenido un pensamiento demasiado ambienta