Este
artículo propone sondear las teorías de autores como Nozick,
Oszlak, Rawls y Sen, entre otros, a fin de deducir las posturas
de los gobernantes a la hora de posicionarse frente a las acciones
que han de tomarse en relación a las urbanizaciones precarias.
La dicotomía existente entre la erradicación, y/o la consecuente regularización/urbanización de las villas
y asentamientos informales es un debate que a lo largo de la
historia ha tenido diversas acepciones, sesgadas por ideologías
políticas, económicas, sociales y en especial institucionales.
También podría contemplarse una tercera opción al considerar
un rol ausente del Estado.
A
modo de introducción, interesa dejar sentados algunos rasgos
característicos que permiten diferenciar a las villas de los asentamientos informales como modos de urbanización informal (Cravino,
2008). Estos, si bien
han sido producidos por los mismos sectores populares que luego
hubieron de habitarlos, tuvieron orígenes diferentes que
merecen una breve explicación.
Al
respecto, puede decirse que el surgimiento de las villas está
asociado a las sucesivas oleadas de migraciones internas producto
de la época sustitutiva de importaciones de los años ’30 y ‘40.
El resultado de esta ocupación provisoria, en búsqueda de mayores
oportunidades y oferta laboral, es una
apropiación discontinua del territorio, leída a partir de trazados
irregulares y difusos, en constante transformación, como
consecuencia de la agregación individual de parcelas y hogares,
y la escasez de definiciones comunitarias que provean entre
otras cosas de espacios comunes. En cambio, los asentamientos
informales tienen una historia más reciente, asociada a la toma
organizada de tierras a partir del régimen militar de 1976-1983.
En ese sentido la resultante del territorio es un
trazado más homogéneo correspondiente a un parcelamiento y amanzanamiento
regular, similar al del barrio en el que se inserta. Pueden
sumarse: conventillos, pensiones y hoteles, en gran parte localizados
en la Ciudad Autónoma
de Buenos Aires, que también fueron ocupados por sectores populares imposibilitados de acceder a la vivienda de mercado.
Sin
embargo, existen analogías entre estas formas de urbanización
informal y en los rasgos que caracterizan a la población afectada,
básicamente asociadas a la autogestión
de la urbanización, a la auto-producción
del hábitat, a la tenencia
precaria de la titularidad del bien (prácticamente inexistente)
por tratarse de terrenos fiscales (ex trazados de vialidades,
terrenos afectados a trazas ferroviarias, etc.) o predios privados
con vacancia de ocupación, también denominados “stock de suelo
ocioso”. En otro orden de cosas, los cambios en los modelos
productivos, las nuevas economías de mercado excluyente que
traen aparejados el subempleo ó desempleo estructural y, por
ende, la imposibilidad de acceder a créditos hipotecarios,
se presentan como restricciones para acceder a las redes
de servicios públicos, y a un hábitat saludable.
Si
bien es una problemática de alcance nacional, a los efectos
de este análisis se hará un recorte de la problemática a la Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA). A partir
del estudio denominado Lineamientos
Estratégicos para la
RMBA, llevado a cabo por la
Subsecretaría de Urbanismo y Vivienda (SSUyV)
de la Provincia de Buenos Aires,
la delimitación de la
Región incluye el área enmarcada por el trazado
de la Ruta Provincial
N° 6, incluyendo a la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires y a los municipios
de: Almirante Brown, Avellaneda, Berazategui, Berisso, Brandsen,
Campana, Cañuelas, Ensenada, Escobar, Esteban Echeverría, Exaltación
de la Cruz, Ezeiza, Florencio Varela,
General Las Heras, General Rodríguez, General San Martín, Hurlingham,
Ituzaingó, José C. Paz, La
Matanza, La
Plata, Lanas, Lomas de Zamora, Luján,
Malvinas Argentinas, Marcos Paz, Merlo, Moreno, Morón, Pilar,
Presidente Perón, Quilmes, San Fernando, San Isidro, San Miguel,
San Vicente, Tigre, San Fernando, San Isidro, Vicente López
y Zárate.
Localización
de villas y asentamientos en la RMBA, 2007. Fuente: Dirección
Provincial de Ordenamiento Urbano y Territorial,
Pese
a las dificultades que se presentan para contar con un dato
certero y fidedigno sobre la dimensión que supone el proceso
de urbanizaciones informales (por la inconsistencia de la información, la diversidad de fuentes gubernamentales,
ONGs, instituciones académicas, y la imposibilidad de censar
a la totalidad de las poblaciones afectadas), habremos de remitirnos
al dato construido por la
SSUyV a partir de las cifras proporcionadas
por el Censo Nacional de Población (2001), la
Dirección Provincial de Estadística, la convalidación
del Ministerio de Seguridad de la
Provincia de Buenos Aires y el relevamiento
de los grandes macizos indivisos de estructuración irregular
que pudieron observarse a partir del Google Earth.
Actualmente,
en la Ciudad Autónoma
de Buenos Aires (C.A.B.A) se concentran alrededor de 17 urbanizaciones
informales, en su gran mayoría “villas” que abarcan 16.019 hogares
con 64.241 pobladores. A diferencia de la
C.A.B.A, en los partidos del Gran Buenos Aires,
predominan los llamados “asentamientos”, con un total de 875
urbanizaciones que comprenden 170.560 hogares y un estimado
de 705.594 habitantes. Esto significa aproximadamente que 769.835
habitantes viven en condiciones de marginalidad extrema, vale
decir un equivalente aproximado al 6 % de la población total
residente en la RMBA (según el Censo Nacional
de Población y Vivienda 2001, la misma se acerca a 13.717.875
habitantes).
Población
y hogares en villas y asentamientos por distrito.
Fuente: Lineamientos Estratégicos para la Región Metropolitana
de Buenos Aires, 2008.
Dado
que existen variadas fuentes que estiman datos diversos en relación
al censo y sus correlaciones al día de hoy (debe aclararse que
es un dato en constante construcción y revisión), cabe precisar
que si bien el dato cuantitativo es importante a la hora de
definir la magnitud de la problemática para poder actuar en
consecuencia, a los efectos del análisis interesará estudiar
en profundidad la variable cualitativa sobre la que esta
problemática es subyacente a la hora de conformar o no la agenda
pública.
Como
se mencionara anteriormente, la explosión demográfica del último
decenio (8,5%, si se considera la variación intercensal 1991-2001)
y las migraciones internas del campo a la ciudad durante los
procesos de industrialización cambiaron el escenario urbano
y territorial de la
RMBA. Las causas de esos movimientos se debieron
a la búsqueda de mejores y mayores oportunidades laborales en
la prominente escena productiva regional (la RMBA contribuye con el 50% al
PBI nacional). La tendencia
a localizarse en próximidad a los puestos de trabajo (de
manera de reducir los costos de transporte) es ascendente y
se estima que en los próximos 20 años, la población crecerá
alrededor de 2.500.000 de habitantes (20% adicional para crecimiento
vegetativo y migratorio). Estos parámetros son alarmantes en
tanto y en cuanto no se estimen las pautas bajo las cuales se
dará ese crecimiento, vale decir que nadie
asegura que el mismo se dé bajo las condiciones de urbanidad
y formalidad deseadas.
Hoy
por hoy, la ciudad no está preparada en términos generales (suelo
urbanizado, infraestructura vial, stock construido, servicios
públicos, control de residuos, transporte, etc.) para albergar
ese crecimiento, incitando la focalización de mayores urbanizaciones
en áreas críticas, (entendidas éstas como la propagación
de urbanizaciones informales en áreas de alta vulnerabilidad
ambiental) en los márgenes de los cursos hídricos, especialmente
donde el valor del suelo urbano es despreciable como consecuencia
de externalidades negativas: por ser tierras poco asequibles
e impenetrables (tierras bajas y anegadizas, ex tosqueras, proximidad
a los basurales, y en especial terrenos contaminados, etc.,
a excepción de la valiosa localización de la Villa 31 en la C.A.B.A).
En
ese sentido, a lo largo de la historia se ensayaron varias respuestas políticas para
remediar un mismo conflicto. Todas ellas incompletas. La
problemática debe atenderse desde una lógica integral que garantice
un espectro de soluciones posibles, en tono con la multidimensionalidad
de facetas que atañen a la realidad descripta. En este caso,
se desarrollarán dos políticas antagónicas que difieren entre
sí básicamente por el posicionamiento del Estado y su consecuente
manera de actuar: por un lado, la erradicación de villas durante
la dictadura militar ‘76-‘83, o la falta de toma de posición
por parte del Estado en los ‘90 y, por otro lado, la regularización
de las mismas en la gestión iniciada a partir del 2003.

Erradicación vs. regularización de
villas y asentamientos: diferentes posturas ideológicas
Durante
1977, el gobierno procedía a iniciar el desalojo
y expulsión de los habitantes de las villas existentes dentro
del perímetro de la Ciudad de Buenos Aires, encarando
de inmediato en los terrenos desalojados obras viales, parquizaciones
y construcciones variadas (Oszlak, 1991). La mayoría de los
pobladores desalojados regresaron a sus provincias y países
de origen (norte argentino, Bolivia y Paraguay), mientras que
el resto fue destituido hacia la 3ª y 4ª corona de la
RMBA (municipios más alejados de la
Centralidad, entre 45 y 60 km de la C.A.B.A), llevando consigo su desdicha y desazón.
Las
erradicaciones se produjeron de la manera más irracional: construcción
de tapias para ocultarlas, incendios intencionales de los predios
y expulsiones violentas, descontextualizando a los habitantes
de sus espacios comunes, de sus culturas propias, de sus hábitos
de subsistencia, dejándolos a la deriva en su recomenzar, a
la vera de lugares distantes, territorios abandonados en las
proximidades rurales, sin huellas ni destinos.
Las
causas varían ampliamente sea cual fuere quien lo enuncie. Mientras
que el gobierno de facto mencionó que cada persona movilizada
había sido beneficiaria de una vivienda provista por la Comisión Municipal
de la Vivienda,
las raíces de tales decisiones distan de esa verdad. Oszlak
(1991), hace alusión a los planteos que el gobierno tenía, manifestando
en sus postulados a las villas como objetos de aberración
urbanística, convirtiéndose en una amenaza para el progreso
de la ciudad: “el problema de las villas no se reducía a una
cuestión habitacional, sino que involucraba además aspectos
estéticos (ornato de la ciudad) y morales (necesidades espirituales
de la vida humana) que trascendía los intereses y carencias
de los sectores directamente implicados, y afectaban al conjunto
de la vida urbana”. Continúa su relato haciendo referencia
a las publicidades que por aquellos años cubrían el espacio
público, donde se aludía
a esa población como una clase especial no merecedora de la
asistencia o tolerancia de la sociedad y el Estado. Al efecto,
resaltaba que: “obtienen beneficios y privilegios de los que no gozan otros habitantes
de la ciudad: no pagan impuestos ni servicios, explotan comercios
clandestinos o forman parte de mafias organizadas”.
El
período comprendido entre 1976-1983 fue víctima del abandono
de la versión local del Estado de Bienestar y, en especial de
la democracia, fuente fundamental de respaldo a los derechos
humanos. Esto implicó la vuelta al Estado con un nuevo rol protagónico,
caracterizado por un aparato gubernamental más acotado y más
“eficiente” en términos de sus protagonistas. Un Estado que
hizo a un lado los gastos sociales, rechazando la participación y la organización
popular.
Este
tipo de acciones se apoyan en la teoría de Nozick (1981), que
fundamenta las acciones retributivas, privilegiando lo correcto
por sobre lo bueno, basándose a su vez en la violación de los
principios básicos de su teoría sobre la justicia en la adquisición
y conformidad en la pertenencia, desde una justicia en la transferencia. Nozick
vería estos modos de erradicación como una manera de rectificar las injusticias en la pertenencia. La usurpación
de predios privados estaría incumpliendo con el derecho de propiedad
privada, fundamentando que no hay ninguna transacción voluntaria
que garantice la toma de posesión, sino todo lo contrario (según
la teoría de Locke, “Alguien puede empeorar por la apropiación de
otro, de dos maneras: primera, perdiendo la oportunidad de mejorar
su situación con una apropiación particular o una apropiación
cualquiera; y segundo, por no ser ya capaz de usar libremente,
sin apropiación, lo que antes podía”). Por lo anteriormente
enunciado, ningún individuo puede organizar su plan de
vida sobre las bases de un terreno que no le pertenece.
Bajo
estas consideraciones, si el Estado no actuase de conformidad
a los derechos constitucionales, sería el actor privado quien
contaría con la facultad de velar por sus derechos (por ser
titular del dominio de la tierra). Éste sería quien podría cuestionar
al Estado la forma bajo la cual intenta disuadir y modificar
su derecho de propiedad. Bajo esta premisa, el
Estado podría optar por regularizar un asentamiento, si y sólo
si, encuentra la forma jurídica para efectuar el traspaso de
la titularidad del bien. La manera podría ser a partir de
la compra, cesión o donación del predio por parte del privado.
De
tratarse de tierras fiscales, el Estado corre con una ventaja
superior, pues evade un alto costo en la transacción; tal es
el caso de bajo-autopistas, predios fiscales, playas de maniobras
ferroviarias, bordes de arroyos y ríos, etc. En este caso, la
regularización podría llevarse a cabo si en primer lugar se
ejecutaran una serie de informes de impacto ambiental para evaluar
las condiciones físico-técnicas de los terrenos circunscriptos
bajo condiciones de informalidad y por otro lado se efectúa
un censo de la población afectada de manera tal de relevar las
características y necesidades básicas por núcleo familiar u
hogares comprendidos. Los
parámetros por los cuales analizar las condiciones deficitarias
de dicha población serían, según UN – HABITAT(2003):
- Accesibilidad a las redes de
abastecimiento familiar de agua potable
- Accesibilidad a las redes de
servicio de descarga sanitario
- Condición de tenencia y posesión
de la tierra y vivienda en la que reside
- Durabilidad de la vivienda,
condiciones cualitativas de la construcción
- Condiciones de hacinamiento
por cuarto
- Condiciones de empleo del Jefe
de hogar
Algunos
de estos indicadores
conforman el índice de NBI (Necesidades Básicas Insatisfechas)
que, entre otros, contribuye a medir el grado de pobreza de
la población, por ser un índice complejo (aunque incompleto)
que abarca varias dimensiones de una misma realidad social (Según
la metodología utilizada en “La pobreza en la Argentina”, Serie Estudios
INDEC N° 1, Buenos Aires, 1984, los hogares con Necesidades
Básicas Insatisfechas –NBI- son los hogares que presentan al
menos uno de los siguientes indicadores de privación: Hacinamiento:
hogares que tuvieran más de tres personas por cuarto; Vivienda:
hogares en una vivienda de tipo inconveniente -pieza de inquilinato,
vivienda precaria u otro tipo, lo que excluye
casa, departamento y rancho-; Condiciones sanitarias:
hogares que no tuvieran ningún tipo de retrete). Como en
la mayoría de los casos estos indicadores son deficientes,
la gestión pública deberá contemplar además de la construcción
de viviendas, la dotación de infraestructuras sanitarias, y
demás requerimientos.
Paradójicamente
ante la “presencia” de un “Estado ausente”, en la década del
´90, o mejor dicho, en palabras de Nozick y Oszlak (2000), entre
otros autores, ante un Estado Mínimo bien caracterizado por
la falta de inversión en desarrollo social y una postura a favor
del mercado como proveedor de bienes y servicios, es menester
señalar que el Estado sólo invirtió en seguridad, y veló por
el cumplimiento de los contratos establecidos con las empresas
privadas, quienes tenían a su cargo la provisión de servicios.
Esta visión neoliberal acrecentó
aun más los índices de pobreza, al excluir a todos aquellos
que no alcanzaban a pagar las tarifas y se quedaban sin
acceder a ese beneficio, que en la mayoría de los casos se trataba
de un bien público (Bonchek, 2005) como el agua potable. Esta
situación colapsó en el 2001, manifestándose una de las crisis
más profundas de los últimos tiempos a nivel socio-económico
e institucional, desplegando más
violencia en el espacio público, que como espacio característico
de la democracia ha pasado a convertirse en foco de protesta
y reclamo por los derechos sociales.
Para
contrarrestar con la injusticia social, y siguiendo los principios
de Rawls (1971), que considera a los individuos como seres libres,
iguales, racionales (seres capaces de perseguir sus propios
intereses) y razonables (seres capaces de perseguir aquellos
fines morales que dan lugar a la cooperación social), como constituyentes
de la estructura básica de la sociedad a la
que él hace referencia en términos de derechos y deberes, así
como también la distribución de ventajas económicas y sociales;
es dable reconocer en primer lugar que toda persona tiene derecho
al sistema de libertades y en segundo lugar que debe garantizársele
el acceso a una equitativa igualdad de oportunidades, como resultado
del principio de la diferencia, (mediante el cual tratarían
de equipararse las diferencias de los más desventajados). Estos
fundamentos están circunscriptos a la teoría deontológica del
derecho que él promulga. Así, asumiendo que todos nacemos bajo
el velo de la ignorancia, propio de la posición original, por
ser seres ignorantes de nuestro posicionamiento en la sociedad,
nos deberíamos manifestar en la lógica de esta teoría como maximizadores
de las expectativas de los más postergados. Desconociendo cual
podría ser nuestro posicionamiento a futuro, deberíamos contribuir a mejorar la situación
de todos por igual.

Programa
de urbanización en San Isidro
Es
en el marco de estos supuestos que la implementación de programas
como ARRAIGO, FONAVI, y PROMEBA fueron atendiendo las diversas
complejidades y urgencias de contados casos de urbanizaciones
informales. A partir del 2003, el Estado Nacional ha promovido
una serie de políticas públicas de escala masiva que benefician
a un número considerable de ciudadanos. Con la puesta en
marcha del Sub-programa
Federal de Villas que consiste en la reestructuración urbana
y la construcción de viviendas sobre la base de módulos básicos
(núcleo húmedo: baño y cocina, estar-comedor) y cantidad de
m2 variables de acuerdo a la estructura social de cada uno de
los hogares preexistentes (cantidad de dormitorios) se intenta
dar solución habitacional a los municipios de la primera corona,
es decir del cordón más próximo a la
C.A.B.A. La operatoria alcanza la construcción
de aproximadamente 8200 viviendas, que benefician a unos 40.000
habitantes.
El
rédito político de una gestión de gobierno no debería ser medido
en términos de maximización de utilidades (vale decir de cantidad
de viviendas construidas) sino en la posibilidad de ampliar
los programas a fin de alcanzar políticas integrales, que vinculen
a un espectro más amplio de funcionarios de diversos sectores
institucionales, en un proyecto común, con el objeto de atacar
las múltiples dimensiones del problema (salud, educación,
medio ambiente, etc.). Por otro lado, será importante garantizar
el recobro de las cuotas de los créditos asignados por cada
vivienda, dado que es la única manera de generar apropiación
por parte de los habitantes, permitiendo a su vez al Estado
volver a invertir en la regeneración del ciclo de la política
pública implementada, que se vislumbra promisoria e incremental.

Programa
de urbanización en Morón
“Debe llegar
la hora en que nos digan por qué ciertas violaciones de derechos
–típicamente, la violación de los derechos sociales y la
violación de derechos a través de las omisiones estatales-
no son vistas como constitucionalmente agraviantes, mientras
que otras violaciones -típicamente, y como citaba el juez, las
violaciones del derecho de propiedad- son consideradas escandalosas
e irritantes desde el punto de vista constitucional” (Svampa,
2004).
Algunas consideraciones finales
Se
discute la fragmentación de las políticas públicas entendidas
en términos de las deficiencias que afectan a los pobladores,
a los cuales no sólo debe garantizársele la accesibilidad al
suelo urbano, con dominio y título de propiedad, una vivienda
digna, (entiéndase por tal calidad de materiales perdurables,
servicios básicos de infraestructura, cantidad de locales de
manera tal de evitar el hacinamiento, etc.), un barrio, sino también, el acceso a los servicios de salud, y educación,
al mercado laboral formal, todos componentes que contribuirían
a mejorar los parámetros de nutrición y salubridad en relación
y equidad con el resto de los ciudadanos. Es hora de hacer a
un lado la marginación no sólo impuesta por la sociedad sino
también profesada por ellos mismos.
En
ese sentido, Amartya Sen habla de capacidades básicas y no de
bienes, pues son éstas las que permiten alcanzar grados de libertad como medio para decidir
entre iguales en una situación presente pero sobre todo a futuro.
El bien es algo material, que además es finito, en cambio cuando
hablamos de capacidades damos lugar a ciertas habilidades
que permiten que el ser humano se inserte en un mundo de oportunidades.
Es desde este lugar que debe revertirse la sensación de vulnerabilidad
aquejada desde su ímpetu personal. Es éste el generador de desarrollo incremental que se presta a reducir
los obstáculos que se le presentan permanentemente y ponen en
tela de juicio las libertades individuales. Es por último, la
manera en que se deberá ajustarse la división social del trabajo,
donde cada una de las partes contribuya a una lógica productiva
comunitaria y de consumición equilibrada.
“El
desarrollo no consiste solamente en aumentar la oferta de bienes
y servicios, sino en acrecentar
las capacidades de las personas” (Bekerman). Bajo estas
condiciones, puede añadirse que prevalece la idea de que las
decisiones deban abordarse de manera participativa, con una
visión comunitaria y específica donde, como dice Walzer (1982),
la justicia es relativa, no sólo dependiendo del tipo de bien
que esté en juego sino de la cultura de la que se trate, al
referirse a bienes sociales (los bienes sociales tienen significados
sociales, y nosotros encontramos acceso a la justicia distributiva
a través de la interpretación de esos significados). Siguiendo
esta idea, resalta que a la hora de la asignación de bienes
debe prevalecer una mirada focalizada, en la que el contexto
local resalte por sobre las generalidades planteadas. Adicionalmente
puede decirse que las poblaciones afectadas son portadoras de
una historia común, una identidad colectiva, reglas de juego
particulares, una cultura propia, un modo de relacionarse y
un lenguaje específico que las asocia y dignifica en un entorno
más amplio, en comunidades donde no siempre prevalecen las lógica
de mercado sino las redes
internas, que dan lugar a mecanismos de intercambio y producción
dentro de las unidades domésticas, como el trueque (Coraggio,
1998) y el cooperativismo.
Estos
hombres y mujeres, diríamos, modelan su propio destino sean
cuales fueren las restricciones (Walzer, 1982).
Es
dable señalar que un sentido de pertenencia y cooperación facilitaría
la resolución de la problemática; por ejemplo: es preferible
que se piense en mecanismos de instrucción y generación de capacidades
al interior de los asentamientos, de manera tal de no entregar
viviendas llave en mano sino enseñar ciertas habilidades para
conformar cuadrillas de trabajo especializadas en los
diferentes rubros de la construcción (albañilería, electricidad,
plomería, etc.), con el propósito de que una vez finalizada
la edificación de las viviendas los nuevos trabajadores puedan
reinsertarse en algún ámbito laboral y que a su vez ésta interacción
genere lazos de unión entre vecinos.
Deberíamos
recuperar esa noción del Estado de Bienestar, que revelaba un
consenso sobre las garantías básicas, para que el ser humano
pueda predisponerse a una entrega más humanitaria y de ayuda
de los demás, con el fin último de desalentar las ideas clientelísticas a
las que estamos acostumbrados, donde es común movilizar a las
masas sobre los supuestos de promesas muchas veces incumplidas.
Ha venido sucediendo que los diferentes gobiernos ven en los
pobladores de las villas y asentamientos potenciales votos y
apoyo político y así realizan sus apuestas como si se tratara
de sujetos inertes e insignificantes, cuando por detrás de esos
simples rostros hay complejas historias que sólo
piden igualdad de oportunidades, y reinserción social, para
dejar a un lado la marginalidad y la discriminación.
Por
último, las Instituciones deben acompañar los ajustes económicos
y sociales de raíz estructural con el objeto de implementar
políticas públicas sobre la base del desarrollo y el crecimiento,
y en especial sobre la plataforma de una distribución más equitativa
de los ingresos. Ésta se presenta como la vía más óptima para
concebir un Estado-Nación. No hablamos de escala mínima, si
no de mejor Estado. Un aparato gubernamental
que pueda formular políticas públicas integrales, políticas
de articulación sectorial, que desechen las políticas distorsivas
y restrictivas. Hablamos de políticas de Estado que trasciendan
los períodos gubernamentales y se repliquen a largo plazo, sobre
las correcciones que la misma política solicite según las demandas
de la propia implementación.
La
historia se repite una y otra vez, habremos de trabajar a favor
de políticas públicas más justas y equitativas en oportunidades,
para que las promesas no aparezcan opacadas tras las elecciones,
y que de una vez por todas se incrementen las posibilidades
y resurjan las propuestas de cambio para todos. Que las promesas
se traduzcan en planes concretos y programas específicos para
poblaciones y realidades contextualizadas. Que se renueven
las esperanzas.
MCL
La
autora es Arquitecta (FADU-UBA),
Docente Universitaria de Planificación Urbana en la Cátedra Arq.
Garay, Maestranda en Administración
y Políticas Públicas de la
Universidad de San Andrés. Cursó el Posgrado
“Land Management and Informal Settlement Regularisation” (Lincoln
Institute of Land Policy & Institute for Housing and Urban
Development Studies | Erasmus University Rotterdam - Holanda).
Trabaja desde el 2004 en la Subsecretaría de Urbanismo y Vivienda, Ministerio
de Infraestructura, GPBA.
Las
imágenes fueron proporcionadas por la Coordinadora del Programa de Villas y Asentamientos
del Instituto de la
Vivienda de la
Provincia de Buenos Aires, Lic. Clarisa Bettatis.
Sobre
políticas de vivienda en la
Argentina, ver también entre otras notas en
café
de las ciudades:
Número
76 I Terquedades I Una mirada arrabalera a Buenos Aires
Terquedad
de la Emergencia I Columna a cargo de Mario L. Tercco
Número
70 I Política de las ciudades (I)
La
urbanización del Barrio Carlos Mugica, de Retiro
I Un debate recurrente y la opinión de Jorge Jáuregui I Marcelo
Corti
Número
61 I Economía y Política de las ciudades
“Acordate
que la tierra no es de nosotros...” I
El mercado inmobiliario en las villas de Buenos Aires, según
María Cristina Cravino I Marcelo Corti
Número
56 I Tendencias (I)
Transformaciones
estructurales de las villas de emergencia I Despejando mitos sobre los asentamientos informales
de Buenos Aires. I María Cristina Cravino
Número
52 I Política de las ciudades (I)
Vivienda
social y suelo urbano en la Argentina de hoy
I Conflictos y posibilidades I José Luis
Basualdo
Número
49 I Política de las ciudades (II)
Teoría
y política sobre asentamientos informales I
Cuestionario a Raúl Fernández Wagner y María Cristina Cravino,
en vísperas del Seminario en la UNGS. I Raúl Fernández Wagner
y María Cristina Cravino
Número
22 I Economía
Peculiaridades
e interrogantes de la política económica, social y habitacional
en la Argentina I Un debate sobre la política
de vivienda de los años ´90. I Carlos Fidel
Y
sobre los Lineamientos estratégicos para la Región Metropolitana
de Buenos Aires:
Número
60 I Planes de las ciudades (II)
Lineamientos
Estratégicos para la Región Metropolitana de Buenos Aires
I Escenarios alternativos, políticas urbanas, instrumentos de
gestión I Entrevista a Alfredo Garay
Bibliografía
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