
(viene de la presentación
de este número)
En
su libro, Raúl Fernández Wagner plantea tres dimensiones de análisis para su objeto
de estudio: las características del proceso de urbanización popular, las políticas públicas desarrolladas en las
ciudades argentinas (y por supuesto, las no desarrolladas…)
y los aspectos sociales y económicos vinculados al rol de las
ciudades, la economía doméstica y el mercado
del suelo. Estas dimensiones de análisis se utilizan a su
vez para tres períodos diferenciados claramente en el cuarto
de siglo trascurrido desde 1983: la transición democrática del
gobierno de Raúl Alfonsín, el experimento
neoliberal del menemismo en “los noventa”
y la crisis y post-crisis del 2001/02 a las presidencias de
Néstor y Cristina Kirchner.
Pero
para encuadrar su análisis, Fernández Wagner debe paradójicamente “salirse del cuadro”. Comienza
así su análisis con la descripción de las políticas urbanas
y territoriales de la dictadura ’76-’83 y las transformaciones
que éstas implicaron sobre la Argentina, tal como ésta
había evolucionado a lo largo del siglo XX. Era esta una sociedad tempranamente urbanizada (Fernández Wagner lo atribuye a la organización territorial del modelo
agroexportador y a la también temprana
tecnificación rural asociada al mismo) y que “paradójicamente
se alimentaba de prácticas autoritarias y antidemocráticas pero
al mismo tiempo sostenía un Estado más creíble y con autoridad
para definir las políticas territoriales”.
La
dictadura que comenzó en 1976 instauró restricciones que aun persisten sobre el derecho
de uso y apropiación de la ciudad. En la matriz ideológica de sus políticas territoriales
confluyen, según el autor, la teoría desarrollista de los polos
de crecimiento, de Perroux y Boudeville,
y la concepción autoritaria y tecnocrática,
fuera funcionalista u organicista, de la planificación urbana,
por entonces ya desechada en los países europeos en los que
se había llevado a la práctica especialmente en la reconstrucción
de post-guerra (quizás deberían mencionarse también las consecuencias
territoriales de las hipótesis de conflicto con los países vecinos).
Algunas de las principales acciones de esta dictadura tienen
su origen en proyectos anteriores a la misma, como el de la
nueva ciudad de Federación para realojar a los habitantes
de la antigua ciudad tras la construcción de la represa de Salto
Grande, o la sanción del Código de Planeamiento Urbano de Buenos
Aires y la construcción de autopistas siguiendo los esquemas
del Plan Regulador de 1962. Otros proyectos son más específicos
del período, como el malogrado Ensanche del Area
Central de Buenos Aires (hoy, Reserva Ecológica) o el plan de
rellenos sanitarios del Cinturón Ecológico (con la creación
del CEAMSE).
Y
habrá también un conjunto de políticas y acciones estructurales, específicamente
“el modo en que el Estado
operará sobre las relaciones de apropiación y uso del suelo
urbano, sobre la relación entre población, parque habitacional
construido y terrenos posibles de ser habitados”. Por ejemplo,
la política de alquileres urbanos y la ola de desalojos que esta indujo, la expulsión
de los pobres llevada a cabo por la política de erradicación de villas, el Decreto Ley 8912 en la Provincia de Buenos Aires
y, en especial, la política económica y financiera del ministro
Martínez de Hoz, con la liberación de la tasa de interés y la
virtual desaparición del crédito para la vivienda
de los sectores medios. En esta misma etapa comienzan a producirse
los asentamientos populares en terrenos ocupados de la periferia
metropolitana de Buenos Aires (producto de las nuevas condiciones
normativas, económicas y sociales) y se modifica la ley del
Fondo Nacional de la Vivienda, FONAVI, un mecanismo centralizado y muy amigable
a los lobbies corporativos, con
el cual se construyeron grandes conjuntos de vivienda pabellonaria
en todo el país.

Para
el retorno a la democracia en los ‘80, Fernández Wagner
presenta un panorama marcado por la agenda heredada de la dictadura,
tanto en la continuidad de las discusiones sobre arquitectura
de autor y la construcción de grandes conjuntos FONAVI (que
modificaron sensiblemente la estructura y el paisaje urbano
de las principales ciudades del interior) entre los actores
más influyentes de las disciplinas urbanísticas, como en la
presión originada por
las tomas de tierras en el Gran Buenos Aires y el deterioro
de las condiciones de acceso a la vivienda. Es en esta época en la que se desarrollan
las primeras políticas
de regularización de la tenencia de tierras para sectores
arrastrados a la informalidad urbana. Al mismo tiempo, se recuperaba
la autonomía universitaria, resurgieron los estudios e investigaciones
sobre cuestiones urbanas en los organismos académicos y científicos,
y se creaba la Comisión Nacional
del Area Metropolitana de Buenos Aires,
CONAMBA, como un espacio de convergencia de autoridades de distintos
niveles del Estado (luego reducida a una repartición exclusiva
del ejecutivo nacional).
El
proyecto de traslado de la Capital a Viedma y Patagones,
impulsado por Raúl Alfonsín, encuentra
según el autor sus antecedentes en las concepciones geopolíticas
de Juan Roccatagliata y Gulillermo Terrera,
que consideran concentrado y desequilibrado el sistema urbano
argentino. El proyecto se ve gravemente afectado por las crisis
económicas que ocasionaron el fracaso del Plan Austral y la
hiperinflación de 1989. Otro mecanismo de redistribución territorial
fue el implementado por los regímenes de promoción industrial en las
postergadas provincias andinas.
En
estos años ’80 se agota la vigencia del modelo de planificación
tradicional, tecnocrático-autoritario;
Fernandez Wagner identifica dos tendencias
que vinieron a disputarse el campo disciplinar: “la
que intentaba abordar la problemática urbana a partir de los
actores y la presencia del conflicto”, la
planificación participativa y la concertación de intereses,
y el postmodernismo centrado en el diseño urbano, “con
una estética neohistoricista, ecléctica
y muy efímera”.

Los
años de Menem, identificados en el
imaginario social y la fraseología política como “los noventa”,
trajeron “profundas transformaciones
para las ciudades y las condiciones de vida en la Argentina”, con “un Estado
que deja de liderar el desarrollo para pasar a ser facilitador
del mercado”. La convertibilidad, el dólar barato, la
privatización de los servicios públicos y la subvaluación
de los mercados del suelo por las crisis inflacionarias, generaron
grandes oportunidades de negocios que aprovecharon empresas
como IRSA, en un marco de desconfianza en la planificación y abordaje
fragmentario de los problemas territoriales, por “piezas”.
Si en Puerto Madero, a pesar de generar “rentas
extraordinarias a los privados, la calidad del espacio público
y el diseño urbano contribuyeron a cumplir el objetivo de reforzar
la centralidad, cuando algunos desarrollos privados hacían temer
un debilitamiento del centro histórico de Buenos Aires y una
tendencia al desplazamiento de funciones hacia el norte”,
en general las políticas urbanas del período “tuvieron un sesgo de boom
de negocios asociados a las oportunidades de transferencia de
rentas urbanas”.
Shoppings y countries sobre una renovada red de autopistas
son las referencias urbanas del menemismo;
estas transformaciones están marcadas por el paso de los patrones urbanos europeos a los de la sub-urbanización
estadounidense, y por procesos de fragmentación urbana y
segregación social y espacial. En ese contexto, la nueva identidad
de los sectores populares ya no está definida por la adscripción
sindical (los trabajadores ahora están desocupados o precarizados)
sino por su representación
territorial en el barrio. Es este el origen de organizaciones
como la
Federación de Tierra y Vivienda, la Corriente Clasista
Combativa o Barrios de Pie, y es también el
de políticas de regularización como el Programa Arraigo o la Ley 24.146 (“ley Pierri”).
Otras
políticas urbanas o de consecuencias territoriales que se desplegaron
en el período fueron tan diversas y con relaciones tan complejas
con el modelo político neoconservador como el auge de la planificación estratégica,
con pico en los planes de Córdoba y Rosario (fuertemente orientados
a la descentralización y a la redefinición del rol económico
de las ciudades), la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires, el
Fondo del Conurbano Bonaerense y la privatización del Banco
Hipotecario Nacional. La herencia del período se expresa en
el deterioro del parque habitacional de la clase media empobrecida y
los grandes conjuntos de vivienda estatal, el recrudecimiento
de las inequidades y dificultades en el acceso al suelo y la
consiguiente aparición de nuevas
modalidades de informalidad urbana, como los loteos piratas,
las microvillas y las ocupaciones
de lotes individuales.

La
salida de la crisis de 2001-2002 tiene según Fernández Wagner
“elementos muy positivos pero también conlleva algunas características
políticas y sociales muy complejas. Por una parte, la pobreza
no se reduce; por otra, la calidad de las instituciones del
Estado y el funcionamiento de los partidos políticos es aún
precario”. Los distintos auges que explican la reactivación
económica (el boom de la soja, el turismo internacional, la recomposición
de las condiciones para la producción) motivan
también que se disparen los mercados inmobiliarios en todas
las ciudades “revalorizando el suelo urbano y también el
rural en forma espectacular”.
La
gran deuda de “los años K” (y del cuarto de siglo trascurrido
en democracia) es sin duda la nula producción de suelo urbano y ciudad para los sectores medios y medios
bajos, que el autor contrapone a la urbanización realizada
entre 1950 y 1980. La lucha territorial de los excluidos tiene
manifestaciones mucho más radicales y los
pobres urbanos sufren una constante estigmatización originada
ya sea por motivos políticos (“son
los piqueteros”) como por la criminalización originada en la “inseguridad”: ahora son también
los “pobres peligrosos”.
Al mismo tiempo, se incrementan los conflictos por el acceso
al suelo urbano, y como contrapartida, la judicialización
de estas reivindicaciones.
La
política de construcción masiva de viviendas sociales es un
paliativo pero no un remedio a esta situación: para el autor,
“sin un marco de política
urbana y de suelos, la construcción de viviendas no solo no
resolverá el problema de fondo sino que lo agravará”. “La
gestión Kirchner”,
continúa, “profundiza hasta el extremo dichos abordajes
sectoriales sin otras disposiciones de políticas más estructurales
sobre las formas de propiedad, sus derechos y obligaciones y
sobre el desempeño de los mercados”.
El
análisis del período finaliza con la mención a actuales experiencias
de planificación, como el Plan Estratégico Territorial, los
Lineamientos Estratégicos para la Región Metropolitana
de Buenos Aires y el Plan Urbano Ambiental de la Ciudad de Buenos Aires (aprobado
poco después de terminada la redacción del libro, al igual que
la reciente Ley
de Ordenamiento Territorial y Uso del Suelo de la provincia
de Mendoza). Fernández Wagner
tiene una visión prudente y moderada respecto a estas instancias
de planificación, y les demanda “comprensión de los procesos sociales en el territorio, la generación
de instrumentos jurídicos para asegurar los derechos sociales
sobre el espacio y dotar de herramientas de ostión a los distintos
niveles del Estado, especialmente a los gobiernos locales para
una decidida intervención pública en el
mercado del suelo”. Reconoce en tanto que
“la planificación urbana
como disciplina está experimentando una lenta transformación,
dado que incorpora la necesidad de la participación como respuesta
a la formulación de planes tecnocráticos
y autoritarios, y avanza en incluir la relación entre planeamiento
y gestión como respuesta a la existencia de planes no ejecutados”.

La
ciudad, a lo largo del libro, es presentada como el “escenario
donde transcurren los procesos considerados relevantes”
más que el resultado de una construcción social del territorio:
así es como la entienden, o malentienden, los distintos discursos
políticos a lo largo de estos años de democracia. Basta sino
con comprobar la inexistencia
misma del problema urbano en las campañas electorales de
los distintos candidatos y candidatas para las próximas elecciones
(sobre este tema, ver la reciente nota
de Fabio Quetglas en Clarín). O la escasa comprensión de
los mecanismos de formación del precio de la vivienda que demuestran
algunas políticas oficiales, como el frustado
proyecto de transformar a los inquilinos en propietarios o el
lanzamiento de un plan de créditos hipotecarios realizado al
entrar esta nota en edición.
Queda
entonces la cuestión pendiente de “profundizar, con las herramientas de la democracia,
la capacidad de comandar los procesos territoriales, tornándolos
más justos e inclusivos y contribuyendo
a una distribución más justa de la riqueza que la propia urbanización
genera”.
El
libro de Fernández Wagner constituye,
en esta clave, un texto de enorme utilidad para el estudio del
período, para la identificación de esas contradicciones y deudas
que mencionamos al principio, y para la comprensión de su origen.
La brevedad y claridad didáctica de la obra ayudan a su fácil
lectura y a la eficacia de su objetivo de divulgación.
MC
Democracia
y ciudad - Procesos y políticas urbanas en las ciudades argentinas
(1983-2008), Raúl Fernández Wagner,
Biblioteca Nacional y Universidad Nacional de General Sarmiento,
Colección 25 años, 25
libros (N. 15); Los Polvorines, Buenos Aires, 2008;
112 páginas de 20 x 14
cm. ISBN 978-987-630-040-7
De
Raúl Fernández Wagner, ver también
en café
de las ciudades:
Número
49 I Política de las ciudades (II)
Teoría
y política sobre asentamientos informales I Cuestionario
a Raúl Fernández Wagner y María Cristina
Cravino, en vísperas del Seminario
en la UNGS. I Raúl Fernández Wagner y María Cristina Cravino
“Los problemas urbanos no son parte del debate
electoral, como si transporte, basura o distribución de la inversión
fueran temas menores” sostiene Fabio Quetglas
en la nota La
ciudad, ausente de la agenda de los candidatos, en Clarín
del pasado 27 de mayo.
Sobre
democracia y ciudad, ver también en café
de las ciudades:
Número
79 I Política de las ciudades (I)
El
Muro de La Horqueta I Inseguridad urbana y políticas socio-territoriales
en la Argentina I Por
Carmelo Ricot y Lucila
Martínez A.
Número
74 I Política de las ciudades
Mi
vida en democracia I “Y si algún despistado
a la orilla del camino nos pregunta por qué luchamos…” I Por
Marcelo Corti
Número
74 I Terquedades
Una mirada arrabalera
a Buenos Aires I Terquedad
del Plan Urbano Ambiental I Mario L. Tercco
Número
73 I Planes y Normativa de las ciudades
Planificación
y crecimiento urbano en la ciudad de Córdoba
I Acuerdos, disonancias y contradicciones I Celina Caporossi
Número
72 I Planes de las ciudades (I)
Planeamiento
urbano de ciudades intermedias en la Argentina
I Apuntes del encuentro en Goya, Corrientes I Marcelo Corti
Número
68 I Política de las ciudades
Mi
vida en dictadura I De la Libertadora al Proceso I Marcelo Corti
Número
66 I Planes y Política de las Ciudades (II)
El
Plan Estratégico Territorial y la construcción de la Argentina
deseada I La búsqueda de consensos para
el despliegue territorial de la inversión pública I Marcelo
Corti
Número
62 I Planes y Política de las ciudades
Normativa
urbanística: la articulación entre planeamiento, participación
y gestión I Sobre los conflictos alrededor
del Código de Planeamiento Urbano de Buenos Aires I Marcelo
Corti
Número
60 I Planes de las ciudades (II)
Lineamientos
Estratégicos para la Región Metropolitana de Buenos Aires
I Escenarios alternativos, políticas urbanas, instrumentos de
gestión I entrevista a Alfredo Garay
Número
6 I Tendencias
Muchos
problemas, pero... ¿cual es el problema? I Buenos
Aires, sus conflictos urbanos, y una necesaria definición política
I Marcelo Corti