“...Terquedades será una tribuna de doctrina”
(C. Ricot)

El
horrendo episodio de los seis hermanos muertos en el incendio
de una casa ocupada en la Boca rodeó de dramatismo al veto parcial del Poder Ejecutivo
porteño a la Ley 2973, aprobada
en diciembre del año pasado por los bloques opositores de la Legislatura.
Dicha Ley modifica la Ley
1408, de Emergencia Habitacional, estableciendo parámetros
y criterios que constituyen en la práctica la virtual reglamentación
de la misma.
Así, se identifica en su primer artículo el universo
de sujetos y grupos familiares afectados por la emergencia habitacional,
y se establece en su artículo 7 que el Ejecutivo presentará, dentro
de un plazo de noventa días, un Plan Progresivo de Solución de
la
Emergencia Habitacional (en el texto se precisan
los destinatarios del Plan, las acciones a desarrollar, los organismos
a cargo, los plazos y los mecanismos de control).
La
aparente imposibilidad de la ciudad y distrito más rico del país
en resolver su déficit de vivienda no debe atribuirse solamente
a la ineficiencia de los sucesivos gobiernos locales (aunque esta
es por supuesto evidente). La propia riqueza de la Ciudad la hace atractora de residentes en procura de oportunidades de empleo
y servicios, que en el caso de las capas más pobres de la población
argentina y de la región no está acompañada de la posibilidad
de acceder a una vivienda digna en el mercado formal.
El
déficit tiende entonces a autoreproducirse, de modo que resultaría falaz la idea de
resolverlo en un contexto en que no se encare a su vez el déficit
en otros distritos y especialmente en los municipios del Area
Metropolitana de Buenos Aires. Una profundización de las asimetrías
entre la Ciudad y el resto del país
podría hacer insoportable las tensiones ocasionadas por la excesiva
demanda de localización residencial en el distrito. Esto involucra
al Gobierno Nacional e incluso al Gobierno de la
Provincia de Buenos Aires, sin liberar por ello
de responsabilidades al Gobierno de la
Ciudad.

De
acuerdo a la fuente que se considere, la población que vive en
condiciones de precariedad habitacional en la Ciudad de Buenos Aires oscila
entre las 300.000 y las 500.000 personas. Pero la situación de
emergencia, lejos de despertar la solidaridad de los ciudadanos
porteños (salvo, como veremos, en la humana expresión de horror
por la muerte de los hermanitos, o en general por las situaciones
más evidentes de abandono y miseria), genera en cambio prevenciones
y rechazos contra todo intento de relocalización que involucre la cercanía residencial de colectivos
villeros. Esto es en la práctica un fuerte argumento a favor de
la radicación: el traslado masivo y compulsivo de la población
villera (en general, a barrios sin capacidad
de presión política ni mediática) solo genera más conflictos y
fragmentaciones de la sociedad.
Algo
que puede parecer una anécdota (o una “buchoneada”
de nuestra parte) es, sin embargo, ilustrativo respecto a las
ambigüedades ideológicas de algunos gobernantes porteños y ayuda
a comprender el fracaso de 12 años de administraciones autonomicas
en la resolución del problema de la vivienda. Aníbal Ibarra,
que como Jefe de Gobierno vetó
en el año 2004 dos artículos de la
Ley 1408, fue uno de los diputados
que votó la Ley 2973, que reintroducía los
mismos artículos…
Sin
embargo, las contradicciones de la centro-“izquierda” (o el “progresismo
berreta”, en la feliz definición de
Mauricio Macri) no alcanzan para disimular
las incongruencias del pensamiento conservador argentino (¿podríamos
llamarlo “conservadorismo berreta”?).
Tres notas de un mismo número de La
Nación, el pasado 15 de enero, abordan
de distintas maneras la cuestión de la Emergencia Habitacional
y ejemplifican los sinuosos meandros de la ideología de “centro”-derecha
argentina.

La
nota editorial La tragedia de La
Boca
sostiene que “la
muerte de seis niños en un incendio da cuenta de la crítica situación
de un barrio en el que abundan las casas tomadas”. En una
sustanciosa frase, el Director de La
Nación sostiene que la tragedia “fue el desenlace inexorable que, más tarde o más temprano,
iba a ocurrir” (nótese
el fuerte sentido determinista del discurso) “si
llegaban a entrecruzarse, como esta vez, factores adversos cuya
existencia desde mucho tiempo antes viene generando solidarias
voces de alerta” (veremos más adelante lo que sostienen estas
voces “solidarias”). La tesis editorial puede resumirse en estas
claves:
-
Tras la debacle del Riachuelo como puerto y sede de la industria
náutica, el barrio fue progresivamente ocupado por intrusiones
“alentadas por solapados "punterismos"
políticos” o “espontáneas” (forma de designar a las intrusiones
no alentadas por punteros) en edificios, casas, fábricas y locales
abandonados, e incluso por villas de emergencia. No se menciona
en la nota a los conventillos ni a los “hoteles”, quizás porque
el hecho de que estos sean usufructuados por un propietario que
cobra alquileres a sus inquilinos o huéspedes establece una diferencia,
que La
Nación considera esencial, con respecto a las
otras formas en que se manifiesta la precariedad habitacional:
el cuasi-sacro estatuto de la Propiedad. Soy
socialdemócrata, no cuestiono el derecho a la propiedad, pero
no creo que tenga preeminencia sobre otros derechos como el de
la vivienda, la dignidad y mucho menos la vida; por otro lado,
la indignación mediática, social y política por las “usurpaciones”
que cometen los villeros no se replica en el caso de las concesiones
“truchas” de inmuebles de propiedad del Estado local, como demuestra
un reciente
informe del semanario Noticias Urbanas.
-
“El orgullo movilizado por
las realidades del novísimo edificio de la Fundación Proa, del Museo de Arte Construido y del
Museo de La Boca
entra en colisión con la mezcla de auténticos necesitados y de
marginales encubiertos que convive a duras penas dentro de los
inmuebles ocupados”. Aquí, el Director abarca en una misma
frase las cuestiones del orgullo barrial, la estética urbana (positiva
en el caso de los centros culturales, negativa en la impresión
que producen necesitados y marginales) y la ética que distingue
a los pobres auténticos de los que encubren su marginalidad, palabra
que suponemos alude a los márgenes de la
Ley, o sea a los delincuentes. Cabe aclarar que
cuando La Nación informa sobre
otras realidades urbanas (por caso, el Barrio Parque o los countries
sobre los que publica un suplemento especial los días sábados)
no se siente obligado a distinguir entre “auténticos” empresarios,
profesionales y personalidades del arte, el deporte y la cultura
que han tenido éxito y disfrutan de un buen nivel de vida, respecto
a “encubiertos” evasores de impuestos, narcos,
representantes de fútbolistas y traficantes de personas y de armas que conviven
en la tercera corona metropolitana de Buenos Aires.
-
“Nadie puede alegar desconocimiento
de esa degradación urbana”, y mucho menos, según el Director,
los sucesivos Jefes de Gobierno porteños, incluyendo al actual,
“quien hasta hace poco más de un año tuvo a pocas cuadras de ese lugar
su despacho de presidente del club Boca Juniors”.
Ahora bien, el Director señala como una muestra de ese conocimiento
de Macri sobre la situación habitacional en La Boca el hecho de que “acaba de vetar una norma que suspendía por
seis meses el desalojo de inmuebles ocupados pertenecientes a
la urbe autónoma”, es decir, la
Ley 2973. Para La Nación, según se desprende de esta línea de razonamiento,
los desalojos serían una parte fundamental de la estrategia para
resolver la situación habitacional en el barrio.
-
“Es menester”, concluye
el Director, “hacer cuanto esté al alcance de todos nosotros
para evitar la reiteración de esta tragedia. Sin dejar de lado
otras obras menos imprescindibles, los niveles de gobierno nacional,
provinciales y municipales deberían ocuparse, con rango de política
de Estado, de asignar las partidas disponibles y llevar a cabo
las acciones que fuese menester para ponerle remedio a esta endémica
cuestión, que no puede quedar librada al albur de la valiosa solidaridad
privada”.
¿Cuáles
son las acciones que resultan “menester” para “ponerle remedio
a esta endémica cuestión” de la precariedad habitacional? Desde
mi punto de vista, no me caben dudas: estricta regulación del
mercado del suelo orientada a la inclusión habitacional, apoyo
del Estado en sus distintos niveles a las iniciativas de las familias
e individuos y de las organizaciones ciudadanas, empresas sociales
y otros colectivos urbanos en pro de la urbanización inclusiva,
construcción de viviendas para alquiler, venta o comodato por
parte del Estado, exigencia de construcción de viviendas sociales
para el otorgamiento de permisos a emprendimientos inmobiliarios
“premium”, consideración de la vivienda
y los servicios urbanos como parte del salario de los trabajadores,
extensión del concepto de vivienda social a la destinada a los
sectores medios sin capacidad de ahorro, los estudiantes, los
jubilados/as y otros colectivos apartados de las sucesivas “fiestas”
del privilegio en la Argentina, consideración
de la producción social de la vivienda y la ciudad como una actividad
económica generadora de empleo y ciudadanía que amerita en mayor
medida que los concesionarios de automóviles y las casas de electrodomésticos
los favores y subsidios del Estado ante las crisis económicas
y las recesiones. No se si esa es la idea que sostiene el Director
de La Nación acerca de las acciones que deben implementarse,
pero con seguridad no es la de los otros columnistas del más que
centenario matutino en su sabrosa edición del 15 de enero.
Javier
Navia, por ejemplo, imagina en las reacciones
posteriores al incendio del banco tomado “Un ataque “por derecha” que Macri
no esperaba”.
El columnista considera “de derecha” los cuestionamientos del
kirchnerismo porteño y de partidos de
izquierda al Jefe de Gobierno por no haber “intervenido anteriormente en ese lugar ocupado,
donde las condiciones de vida de sus moradores podían anticipar
lo que ocurrió. Olvidando incluso que la ley le impide al gobierno
intervenir en un edificio privado, parecían clamar por lo que
no se atrevían a pronunciar en voz alta: desalojos masivos. Lo
curioso es que esa crítica provenía de sectores que suelen considerar
propias de dictaduras las políticas que persiguen poner fin a
situaciones irregulares y de extrema peligrosidad, como las construcciones
que se levantan en la villa 31”. También para Navia la solución a la emergencia habitacional pasa por los
desalojos de quienes sufren la emergencia, sin precisar cual sería
el paso siguiente al desalojo. La línea conceptual es idéntica
a la del Director, aunque
expresada con menos elegancia y ambigüedad. El propio Macri
es criticado en la nota por adoptar supuestas “posturas ambiguas en temas en los que en otros tiempos -tiempos electorales-
no solía mostrar medias tintas. Por ejemplo, la necesidad de erradicar
las villas de emergencia de la ciudad. Una idea que el jefe de gobierno hoy ya
no expone, al menos en esos términos”.

Finalmente,
Hugo Gambini, aborda la cuestión del
“Urbanismo en la villa 31”. A tal efecto, aconseja “acudir a las instituciones, que para algo están”. La institución recomendada
por Gambini es la Academia Nacional
de Bellas Artes, que en 1994 sostuvo la necesidad de erradicar
la villa de Retiro. “Se
habló, claro, de reubicar a sus moradores en viviendas que se
construirían en terrenos fiscales”, aclara Gambini
sin precisar cuales serían esos terrenos fiscales; de esta manera,
el Estado utilizaría tierras en algún lugar del mundo a efectos
de evitar “que por razones
políticas se legitimara la usurpación de terrenos”. Este enroque recuerda la “curiosa variación de un filántropo”,
como definió Borges aquella propuesta de Fray
Bartolomé de Las Casas para importar negros esclavos y remplazar
a los indios en la extenuante tarea de extraer las riquezas de
las minas americanas al principio de la conquista española. La señora Nelly Perazzo, desde la prestigiosa Academia,
propuso como alternativa al barrio la realización de un parque.
Además
de considerar a la
Academia de Bellas Artes como una institución
urbanística, Gambini comete otros dos
errores: sostiene que “salvo
quienes viven en la villa 31, nadie defiende el asentamiento en
esos terrenos, que no son de nadie, pero son de todos los habitantes
de Buenos Aires”. En realidad, hay mucha gente que defiende
el derecho de los habitantes de la 31 a vivir en Buenos Aires y
urbanizar su barrio; por otro lado, los terrenos no son ni de
nadie ni de los habitantes de Buenos Aires. Son del Estado Nacional,
que si estuviera interesado en la urbanización de la villa solo
tendría que ceder el predio a la Ciudad o a los villeros organizados
con cargo a la realización de dicha urbanización (de la misma
manera que a la
Ciudad le bastaría con establecer una normativa
urbanística adecuada para condicionar al Estado Nacional y frenar
cualquier afiebrada elucubración sobre emprendimientos inmobiliarios
de lujo y rascacielos a 6.000 dólares el metro cuadrado).

El
lugar común de estos razonamientos mediáticos es la idea de una
solidaridad del desalojo, algo parecido al “porque te quiero te
aporreo” de nuestras abuelas. La solución a la emergencia habitacional
de Buenos Aires consistiría en sacar a los villeros u ocupantes
por la razón o por la fuerza de sus precarios alojamientos, demoler
estos y parquizar el predio (para-que-no-digan-que-queremos-hacer-un-negocio-inmobiliario).
¿Qué pasa con los desalojados? Se los lleva a otros lugares. ¿Qué
lugares? Y… lejos, a cualquier lado, pero lejos. Lejos en la Ciudad, a Villa Lugano
o Villa Soldatti, y si en esos barrios
los vecinos no son solidarios
y no aceptan a los desalojados, al Conurbano, a Florencio Varela,
a José C. Paz, a Berazategui, y de continuar el problema o en caso de que los
desalojados no aprecien la solidaridad de la que fueran objeto,
a la Patagonia,
a sus “provincias de origen” (versión del siglo XX), a sus países
de origen (versión contemporánea), a la concha
de su hermana
o a donde sea. Pero lejos.
MLT
Atribuir a la derecha argentina la idea de enviar
villeros a la concha de su hermana no es un exabrupto de mi parte,
sino un corolario de la parábola
del hornero y de la almeja
que propone Carmelo Ricot en el número 6 de esta revista. (MLT)
Ver en el Boletín
Oficial de la Ciudad de Buenos Aires la Ley 2973, el Decreto
9/09, que la veta, la Ley 1408 y el Decreto 1611/04, que la veta.
Ver
las notas
La
tragedia de La Boca (editorial),
Un
ataque “por derecha” que Macri no esperaba,
de Javier Navia, y Urbanismo
en la villa 31, de Hugo Gambini, en La
Nación del pasado 15 de enero.
El informe
de Alejandra Vignollés en el semanario
Noticias Urbanas indica la existencia de 573 concesiones a particulares
de inmuebles de propiedad del Gobierno de la Ciudad, otorgados en distintas
administraciones, sobre los cuales 364 se encuentran en condiciones de ocupación
irregular y en 116 casos no se informa sobre la existencia de
ningún instrumento jurídico que haya otorgado la concesión en
algún momento. Ver también la
nota Buenos
Aires, la reina de las concesiones truchas, de
Claudio Mardones, en Crítica de la Argentina del 27 de enero.
Ver las notas La
favelización anunciada, de Jorge Lanata,
en el diario Crítica de la
Argentina del 25 de enero, y La
inexplicable pobreza porteña, de Javier Fernández Castro, en el Diario de
Arquitectura de Clarín del 27 de enero
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